Ferrari, pasión justicialista. La locura “fierrera” que une a Juan Domingo Perón y Carlos Saúl Menem
Zulemita Menem está buscando la Baby Testarrosa que manejó su padre. “Mi hijo mayor, Luca, quiere sacarse una foto y dar una vuelta en la Ferrari de su abuelo”, asegura.
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La primera colaboración de diseño de Pininfarina con el mismísimo Enzo Ferrari es el modelo 212, una coupé de avanzada en los años 50. El último diseño de Ferrari con Pininfarina supervisado por don Enzo es el modelo 348 en los 90. En el inicio y final de este arco narrativo de 40 años, donde la casa de Maranello produjo esculturas sobre ruedas, hay dos presidentes argentinos peronistas: Juan Domingo Perón y Carlos Saúl Menem. Perón con la 212, Menem con la 348.

tTodos conocemos la Ferrari de Menem, aunque no hayamos visto su rojo pantone 485 ni hayamos oído el rugido de su motor V8 de casi 300 caballos de fuerza. La 348, última Ferrari concebida bajo la mirada de don Enzo Ferrari es, de alguna manera, una canción cover de uno de los grandes éxitos de la escudería norditaliana: la Testarossa.
La coupé que alguna vez viajó a Pinamar desde la residencia presidencial de Olivos a 200 km/h es conocida en el mundo del sportsmen como la Baby Testarossa. ¿Por qué Carlos Saúl la llevó volando a la costa en las peligrosísimas rutas argentinas? Por que el auto te pide. La 348 que usó Menem se denomina TB, por Transversale Berlinetta. Berlinetta por que es una berlina de 2 asientos y Transversale porque tiene montada la caja de cambios y la transmisión en forma transversal al chasis, una idea traída a los autos de calle directamente de las pistas de la Fórmula 1. De esa manera, Ferrari logró bajar 5 centímetros más el auto y pegarlo aún más al piso. Esa es la razón que llevó a Menem a buscar las rutas y no los pozos de la zona norte del conurbano.
Además, la baby Testarossa carece de dirección hidráulica. Tiene 1500 kilos que hay que mover a pulso para doblar, para maniobrar, para estacionar. Y, encima, con un volante relativamente chico. Por estas dos razones, el único lugar donde la Ferrari de Menem podía desplegar su espíritu era on the open roads. Y hacia allí fue Carlos, por la ruta 2, la 11 y la 56, gambeteando la muerte ante cada cartel de “Calzada irregular”.

La 348 TB modelo 1990 fue un presente del empresario italiano Massimo Dal Lago, que buscaba el “ok” del más alto nivel para quedarse con la construcción de una autopista en el conurbano oeste y del puente Buenos Aires-Colonia. Pero, ¿fue un regalo al presidente de la nación argentina o a la presidencia argentina? Menem respondió en su momento: “La Ferrari es mía, ¿por qué la voy a vender?. Es mía, ¡mía!”.
-Entonces, Zulemita, ¿la Ferrari hoy es tuya?
-¡Que va a ser mía!. No di ni una vuelta en la Ferrari de papá.
-¿Te hubiera gustado?
-Más que eso. Me hubiera encantado. De hecho estoy buscando la Ferrari de papá para saber dónde está.
Zulema María Eva Menem tenía 21 gloriosos años recién cumplidos cuando su padre surfeó las cintas de asfalto y alquitrán rumbo a Pinamar, en 1991. Ella nunca pudo disfrutar de la Ferrari porque fue tal el escándalo que se armó después de ese viaje que el presidente no tuvo otra opción que darle la baby Testarossa al Estado argentino.
-¿Para qué estás buscando la Ferrari? ¿La querés comprar?
-Nah, que voy a comprar si eso sale una millonada. La verdad es que la está buscando mi hijo Luca, el mayor. Quiere sacarse una foto, no sé, dar una vuelta en la Ferrari de su abuelo. Qué se yo, algo. ¿Vos no sabés donde está?
-Sí.
La Ferrari 348 TB está hoy a nombre de la empresa El Legado, una sociedad registrada a nombre de la familia Rocchini.
Antes, la coupé pasó por un remate donde Jacobo Winograd se quedó corto en la oferta; cayó en manos de un ex DT de fútbol de Chivilcoy; recaló en una bodega de San Rafael, Mendoza; fue el premio mayor que recibió un afortunado jugador de una rifa en un monoblock de Ciudad Evita; se convirtió en propiedad de un italiano metalúrgico de Ramos Mejía, la tuvo el #1 de la Bolsa argentina y después el presidente de la UIA... hasta llegar a sus dueños actuales, que distribuyen garrafas de gas.

Si Zulemita estima cara la baby Testarossa que usó Carlos Saúl, mejor que no se entere de los valores de standard de otra bella macchina: la Ferrari de Perón.
Mi general, ¿cuánto vale, eh?

La clásicamente hermosa Ferrari 212, también llamada Inter Coupé, que manejó Juan Domingo Perón en los años de movilidad social ascendente en la Argentina se remató tres veces en los últimos 12 meses, siempre orillando el millón de dólares en cada una de las compulsas. Un millón de dólares por un auto que tiene 70 años de peronismo...
En los años de la reconstrucción italiana de posguerra, Enzo Ferrari, otrora piloto deportivo, empezó a fabricar autos de carreras. La gente se enloqueció. Se juntaban multitudes a ver, primero, picadas y, luego, carreras en todos los pueblos de Italia. Don Enzo no estaba convencido de fabricar coches de calle hasta que se dio cuenta de que la gente no solo se los pedía sino que los compraba. Y que con la venta pedestre financiaba sus bólidos de competición. Todos contentos.

Entrando a la década de los 50, Ferrari se percató de que debía reemplazar al notable modelo 166, y así fue que en el Salón del Automóvil de Bruselas de 1951 presentó la Ferrari 212 Inter Coupé. Al año siguiente, la 212 fue la estrella del Salón de París y allí fue donde el General se enamoró a primera vista. Perón, que presidía una Argentina próspera, era considerado uno de los líderes mundiales, y por esa razón tuvo trato especial por parte de la escudería de Maranello.
Uno de los primeros dignatarios internacionales en recibir la Ferrari 212 fue el Príncipe Bernardo de Holanda, casado con la reina Juliana de Holanda. Bernardo se unió como piloto a la Royal Air Force británica durante la Segunda Guerra Mundial y era considerado un héroe de guerra en la Europa libre. Perón pertenecía al círculo áulico de grandes personalidades y, como tal, recibió en 1953, en el puerto de Buenos Aires, una de las escasísimas 82 unidades que se produjeron de la Inter Coupé.
En ese momento, Ferrari le vendía a su clientela de elite solamente el chasis, el motor y el emblema con el cavallino rampante. La carrocería del auto era encomendada a terceros, que bien podían ser carroceros artesanales o estudios de diseño. Los artistas que le dieron cuerpo a la 212 terminaron siendo un dream team del diseño de automóviles: Ghia, Vignale, Touring y Pininfarina. Las 14 Inter Coupé que diseñó Batista Farina, apodado Pinin, dejaron tan conforme al Commendatore que siguieron trabajando juntos como constructor y carrocero hasta la baby Testarossa que usó Carlos Menem en los 90.

A diferencia de la Ferrari de Menem, quien diseñó la 212 de Perón fue Giacinto Ghia. Esta firma, junto a la de Vignale, era la más elegida por los compradores de aquella época, habida cuenta de los logros de Ferrari en las carreras de ruta. Precisamente la Ferrari 212 Vignale se convirtió en un objeto de admiración por su performance en la Carrera Panamericana de 1951, una competencia brutal de 9 días que atravesó México desde la selva de Chiapas hasta la frontera con El Paso en Estados Unidos. Los yankees, con sus escuderías Chrysler, Mercury, Cadillac, Lincoln, Oldsmobile y Studebaker, jamás pensaron que serían batidos en las rutas abiertas por una coupé que no llegaba a erogar 200 caballos de fuerza, contra los 325 caballos que relinchaban bajo el capot del Cadillac 62.
Lo cierto es que con su motor V12 de apenas 2 litros y medio de cilindrada, la Ferrari de Perón podía ganarle a los heavy metal norteamericanos debido a su chasis tubular y a su bajo peso: apenas 850 kilos, un detalle que le hizo clic a Juan Domingo a la hora de pensar en un auto justicialista para la Argentina.
La Inter Coupé estuvo en poder de Juan Domingo Perón hasta 1973, cuando fue adquirida por el coleccionista local Conrado Tennino, que la tuvo hasta 1987, cuando comenzó a cambiar de manos con frecuencia, entre compradores de Estados Unidos, Suiza y Alemania, dado su valor mecánico, histórico, estético y artístico. Como dirían los iluminados de la revista Martín Fierro, donde se apretujaban a puras ideas Jorge Luis Borges, Emilio Pettoruti, Xul Solar, Pablo Curatela Manes y Héctor Basaldúa; Max Ernst, Maurice de Vlaminck, Marc Chagall, Salvador Dalí, Le Corbusier, el movimiento de la Bauhaus, Georges Braque y Henri Matisse: “un buen Hispano Suiza [por la automotriz de lujo española] es una obra de arte muchísimo más perfecta que una silla de manos de la época de Luis XV”. Lo mismo corre para Ferrari.

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