
Fondo blanco: una graciosa introducción a la cultura bávara al ritmo de litros y litros de cerveza

Si lo vamos a hacer, hagámoslo bien… Así fue cómo termine vestido con los famosos Lederhosen, los famosos pantalones de cuero que forman parte del traje típico de Baviera, Tracht, en su versión Kurze, o sea, pantalón corto por encima de las rodillas. Camisa, medias y zapatos completaban mi look (el sombrero tirolés ya me parecía demasiado). El propósito de vestirme de esta manera era simple y claro: en Baviera haz como los bávaros.
Ellos aman profundamente sus costumbres y alegremente las comparten con sus propios conciudadanos y visitantes por igual. De esta manera y vestido en forma tan peculiar caminaba por las calles del centro histórico de Munich en una maravillosa tarde de primavera. El clima acompañaba, con cielo azul y una pequeña brisa incluida, mientras atravesaba la ciudad. Mi destino no se encontraba lejos y apurando el paso hice mi ingreso a Hofbrauhaus, una de las cervecerías mas importantes de la ciudad. Creada en el año 1589 era la proveedora de la cerveza de la familia real, los Wittelsbach, y produce sus cerveza utilizando las más antiguas recetas.
Con sus altos techos cubiertos por frescos, sus largas y atestadas mesas comunitarias, sus enormes lámparas que penden distribuidas estratégicamente para dar una calidad luz, el lugar parece salido de una época lejana. Allí adentro ya no me sentía tan extraño vistiendo los pantalones cortos de cuero.
Fui recibido por una portentosa rubia, que con una enorme sonrisa y portando el famoso Dirndl, vestido tradicional, me llevó hasta mi mesa donde se encontraban sentados mis anfitriones. Era un grupo de cuatro amigos que durante las últimas cuatro décadas se han sentado en la misma mesa, todos los días, para disfrutar de algo sagrado para ellos: una buena Bier (cerveza) y una buena charla.
Soy un hombre muy medido para ciertas cosas y el alcohol es una de ellas. Pero ni bien me senté y hechas las presentaciones de rigor, pusieron enfrente mío el famoso Ma? (mass), una tremenda jarra de un litro de cerveza. Ya me imaginaba cómo iba a terminar eso… O al menos creía saberlo.
Mis "compadres" iban por la tercera o cuarta jarra y estaban como si nada. Yo veía la inmensa jarra, mi primera, y buscaba la forma de encararla. Como en casa me enseñaron, cuando uno está en casa ajena, a ser cortés, respetuoso y educado, en pocas palabras, a no despreciar nunca lo que te ofrecen, hundí prácticamente mi cara en la cerveza y tomé un buen trago el cual fue recibido por un fuerte aplauso y palmadas en mi espalda. Pero ni bien tomé este primer trago nuevamente apareció mi rubia amiga con cinco nuevas jarras de cerveza en las manos. Esto era prácticamente una invitación, o una orden, para apurar mi paso y ponerme a término con mis compañeros que ya empinaban otro litro.
Puedo asegurar que después de haber terminado mi segundo Ma?, con el tercero "mirándome" desde la mesa, ya era uno más del grupo. Hablábamos y nos reíamos casi a gritos en una mezcla perfecta de inglés y alemán, idioma que sólo domino en sus estamentos mas básicos y rudimentarios, causando una seria de frases de los mas desopilantes que eran devueltas por más risas y palmadas en la espalda. No solo de cerveza vivía esta ya cofradía de cinco personas. A la par de la bebida llegaban salchichas, pretzels y algunos otros productos típicos. Llevábamos ya un par de horas sentados allí y faltaba otra pequeña muestra de la cultura bávara.
No sé cómo, algo comprensible después de cuatro inmensas jarras, terminé tratando de participar del famoso baile de la región. Lógicamente, impúdicamente y casi obligado al son de la música y los gritos de mis amigos finalicé la noche al mejor estilo Chevy Chase en la célebre película de las vacaciones europeas .







