
GRACIELA ALFANO SOCIEDAD ANONIMA
No está haciendo nada en estos momentos, pero eso no la preocupa. Sabe que mantiene una imagen muy alta, y se ha acostumbrado a tratar a ese personaje sexy que ha compuesto como una empresa todavía lista para rendir muchos frutos
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No hay encuesta sobre los símbolos sexuales y ratones de los argentinos en la que no figure. A los 42 años, Graciela Alfano no está haciendo nada en su especialidad (no filma, no encabeza temporada teatral, no aparece en televisión desde que fue enviada de América 2 al Mundial de Francia, no hace publicidad), pero sigue ocupando uno de los grandes lugares de la marquesina nacional.
Todavía hoy, luego de más de 25 años de estar en el show business, sigue dirimiendo una pelea fundamental entre la persona que es Graciela Alfano y el personaje de Graciela Alfano que supo componer.
-¿Se elegiría a sí misma como símbolo sexual?
-Sin ninguna duda. Este es el cuerpo que tengo para ejercer lo que soy y el que me ha dado más satisfacciones. Todos deberíamos elegirnos a nosotros mismos: es lo menos que podríamos hacer.
-¿Cómo se concilia la imagen de estrella rubia con la de la chica que estudió ingeniería y con la mujer que lee a Camus, que escucha a Mozart y se interesa en la metafísica y en la filosofía?
-Ufff... ser rubia y dorada es toda una cosa...
-¿Es rubia natural?
-A esta altura, no. Quiero aclarar que estudié ingeniería y soy ingeniera civil hidráulica recibida, con especialización en diques. Sí, soy ingeniera y soy tantas cosas más. Pero en cuanto a cómo se concilia le digo lo mismo que pensé cuando en una nota conocí a Cris Miró: le dieron el cuerpo equivocado. A mí alguien decidió ponerme esta cabeza en este cuerpo, pero el gran castigo para el que pensó que yo iba a pasarla mal es decirle que estar adentro mío es maravilloso. Igual, debo admitir que no es fácil conocer las obligaciones del personaje, cumplir todas las reglas que sean necesarias y después volver a ser yo misma. Para aumentar la confusión, Graciela Alfano es mi nombre real. Lástima que, de entrada, no me lo cambié. Qué sé yo, debería haberme puesto un solo nombre, sin apellido, tipo la Mistinguett... (N del R: famosa vedette francesa).
-¿Cuáles son las obligaciones más imbancables del personaje y las que cumple con mayor alegría?
-Disfruto mucho el contacto con la gente, esa que no te ve desde la cabeza, sino desde el corazón. Hay una señora que se llama Eva que armó un impresionante álbum con mi trayectoria. A veces le digo a mi mamá: "Ella es una madre, tiene más fotos mías que vos". También me encanta ganar plata, porque me gusta gastarla en cosas que cuestan mucho. Lo que más aborrezco es que en los medios terminen haciendo conmigo cosas que yo no quiero, sólo porque eso va a vender, y presentarme en piloto automático, sin riesgos, sin ideas. Confieso que no hace demasiado tiempo aprendí a convertirme en empresa dentro de ese enorme negocio que es la televisión. Pero primero tuve que entenderlo como lo que es: un negocio. Es que, aunque no quiera, uno va creciendo, digamos, como un producto masivo. Qué sé yo, me deben haber hecho más de dos mil notas. Si a eso se le suma lo que estuve en el aire, con programa propio, como invitada, ¿cuánto sumaría si fuera la campaña publicitaria de una gaseosa? Millones de dólares.
-Esto que se dice tanto últimamente, que los que no están en televisión no existen, ¿es cierto? Ahora que no está, ¿lo siente así?
-Lo mío es raro. No estoy en la tele hace un año y es como si estuviera, porque ya a esta altura soy un producto de varias generaciones. Ya no me peleo más conmigo como imagen de venta. Ahora digo: bueno, Gracielita, podés vender, sabés hacerlo, hacelo.
-¿Acostumbra a hablarse a sí misma, como en una época le hablaba a las tostadas?
-Sí. A veces me digo Gracielita, a veces Grace, a veces, Muñeca, estuviste buenísima. Y en ocasiones me trato con rigor, me digo: Che bruja, bajá a la tierra.
-Para no dejar pasar demasiado la pregunta. ¿Qué le dijo su madre cuando la puso a competir con la admiradora?
-A mi mamá la adoro. Pero ya tuve mis peleas fuertes con ella. Un día le expliqué que si me había podido separar de dos maridos, también me podía separar de ella. ¿Por qué no podés ser mi ex madre? Al principio, como soy única hija, todo mal, pero lo entendió y hoy puedo decir que tengo tres hijos varones y una hija, que es mi mamá. Pero por suerte está, para que podamos tener y sentir todas estas diferencias. Tuve con ella el tiempo que no tuve con mi padre, que se murió cuando yo tenía 8 años.
-¿Y con quién puede ser como es?
-Con mis hijos, por supuesto. Con Quique Capozzolo, con quien, aunque separados, tenemos una familia, algo tan fuerte que no se puede romper. Con mi mamá. Y con cinco amigas del secundario con las que nos seguimos encontrando, genias totales en lo suyo, celebridades en otras cosas, seres muy especiales. Por ejemplo, Verónica Jacobsen, que estudió letras y vive en Londres y ganó un premio por su tesis que hizo sobre la influencia de Schopenhauer en la vida literaria de Ernesto Sabato.
-Y entonces, ¿quién es?
-Soy muchas cosas. Soy la madre de tres hijos y también el símbolo sexual que muchos dicen que soy. Pero fundamentalmente soy la mujer que ha pasado la cuarta base y a veces pienso que es increíble que siga así, como estoy. No está mal tener 30, 40 o 50. Pero ser treintañera y cuarentona ya es para matarte, cincuentona ni te cuento y ¡sexagenaria...! Dios mío, les pido por favor a los periodistas que inventen otra palabra para cuando yo llegue a los 60, porque hay sexagenarias divinas. Para responder a la pregunta, recuerdo lo que un señor me dijo hace poco: "Hay algo fatal en vos. Tenés una cosa muy aniñada y al mismo tiempo das la imagen de una persona muy experta".
Ahora que su hijo mayor, Nicolás, de 23 años, se recibió de ingeniero (el padre de Graciela era ingeniero civil y el padre de su hijo mayor también es ingeniero), ella revivió su época de estudiante, en la que se destacó por su facilidad con las matemáticas y al ver jurar a Nicolás reprodujo en su cabeza la ceremonia de su propia jura, con honores, en 1987.
En la Facultad de la avenida Paseo Colón Graciela Alfano, ya con el título de Miss Siete Días a cuestas, fue ayudante en la cátedra de Mecánica, tarea que detestaba.
"Era la rubia de la Facultad, pero nunca serví para señorita maestra. Cuando me topaba con un alumno que no entendía o que tenía dificultades, prefería terminar haciéndole yo el ejercicio que explicarle. No, definitivamente, no sirvo para eso."
-Dicen los datos de archivo que para poder presentarse al concurso de Siete Días en 1971 usted mintió: dijo que tenía 18 cuando en realidad tenía 15. ¿No será éste un espectacular ardid para quitarse tres años?
-Ni me saco ni me pongo. Con respecto a la edad, digo que tengo todas las edades, las que quiero y las que necesito, ahora para hablar y jugar con Gonzalo, mi hijo de diez años o para hablar con el mayor. Digo que tengo 25, que es la edad que tengo... (Se ríe.) No te dan las cuentas, ¿verdad? Y a veces tengo 80: voz de 80 y que nadie me discuta nada. Realmente no creo en lo de las edades, porque mi maestra de vida es Indra Devi, que tiene casi 100. ¿Que tiene que ver? En mi caso tengo una actitud de 25 porque todavía mantengo zonas muy inocentes mías a pesar de todo lo que viví.
-¿Cómo es lo de la inocencia?
-Que sigo creyendo demasiado. Vine con tal cantidad de inocencia a esta vida que voy a ser viejita, viejita, y todavía me van a poder engañar fácilmente.
-¿Sentía que en televisión tenía y ejercitaba una determinada forma de poder?
-Algo que siempre me impresionó era cómo podía llegar la palabra del famoso a la gente. Un día salía del canal y junto conmigo salía un señor que acababa de contar en un programa cómo le pegaba a su esposa. Y no importaba quién fuera, le pedían autógrafos.
-Si hoy tuviera una posibilidad de elección absoluta, ¿qué elegiría hacer?
-Lo que estoy haciendo. Soy una persona muy realista pese a que estoy instalada en un mundo de fantasía. Pero en este mundo el único error que no hay que cometer es creer que la foto es uno. La foto, la imagen, es ese instante capturado y uno es realmente mucho más que eso. Lo que me interesa es haber experimentado todo y lamento haber tenido más no que sí. Si pudiera me encantaría hacer cine. No sé si sabe que en 1983 produje una película.
-No, no lo sabía. ¿Qué hizo?
-La invitación, sobre un cuento de Beatriz Guido y dirigida por Manuel Antín. Allí actuamos Bebán y yo. Aquella experiencia tuvo para mí una recompensa notable, que fue conocer a ese ser excepcional que fue Beatriz Guido, a quien todavía hoy siento como mi ángel. A ella le pregunto cosas y me escucha, me responde. Beatriz me enseñó su forma de ser. Era una persona muy profunda y culta, pero a la vez coqueta, leve y exagerada. Muchos decían que era mentirosa. Yo aprendí lo que ella siempre decía: "No tengas miedo de maquillar la vida. Eso no es mentir". El día que la conocí fuimos juntas a pedir un crédito a un banco. Los convenció a todos, nos concedieron el crédito. Y era tan distraída que cuando se iba, en lugar de salir por la puerta se confundió y se metió en un placard. Después, la película, que Antín dirigió muy bien, recuperó el dinero invertido y ganó un poco de plata. Beatriz Guido me nutrió mucho. Como yo ahora, ella también tenía 25 años en su corazón.
El otro lado
La Revista dialogó con Graciela Alfano en el departamento del autor de la nota, porque desde hace dos meses, siguiendo un impulso que le nació en París en julio de 1997, Graciela tiene su departamento patas para arriba, invadido por albañiles, plomeros, carpinteros y pintores. Arribó a la cita con un aceptable atraso. Vestía una minifalda inquietante, que realzaba su metro setenta de estatura ("Sin tacos") y sus piernas y estaba perfectamente maquillada y peinada, como dice ella, "producidita".
Se prestó con gran disposición e interés a la charla, en cuyo transcurso aceptó el convite de un par de cafés y unos alfajorcillos de maizena rellenos de dulce de leche. Sorpresivamente, esta mujer que se divorció dos veces recordó a Ricardo, su primer novio cuando ambos eran compañeros en un jardín de infantes. Fue tan fuerte su desdicha en aquellos momentos al ver que Ricardo dedicaba sus mejores sonrisas a Violeta (la de pelo corto) y no a ella, que sin vacilar adjudicó a sus trencitas la causa de la desaparición del amor y por eso, decidida, en el baño del jardín, se las cortó (o algo parecido) con una tijera de plástico.
"Aquella fue mi primera decepción amorosa. Me gusta contarlo, a ver si un día Ricardito aparece", explicó.
Antes de terminar el encuentro, Alfano y el fotógrafo Fantoni acordaron continuar la sesión fotográfica en exteriores en días sucesivos.
Los numeritos de Graciela
9,75: el promedio con que Graciela Alfano se recibió en el Saint Catherine School.
4: los años que tenía Graciela cuando se enamoró por primera vez.
23, 15 y 10: las edades actuales de Nicolás Ruzkowski y de Francisco y Gonzalo Capozzolo, los tres hijos de la actriz.
28: las películas que filmó entre 1977 y 1985.
2000: la cantidad de notas que Graciela contabilizó en los medios gráficos.
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