
La preparación de un plano en planta es un ejercicio de objetividad que te va a permitir ver la casa con distancia y, si todavía es posible, con mayor claridad. También pueden ser útil a hora de dar las instrucciones pertinentes a quienes trabajarán en la obra
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Empezá con un boceto a mano alzada que dé cuenta de medidas y ubicaciones aproximadas. Agregá ahí la disposición de las puertas y las ventanas, así como también de chimeneas, placares, escaleras y otros elementos inamovibles. Luego tomá las medidas de tu casa con una cinta métrica. No midas "a ojo" ni con pasos, ya que la idea, justamente, es conseguir la máxima precisión posible. ¡Medí todo!: la longitud y el ancho de las habitaciones, el tamaño de las ventanas, el ancho de las puertas, las dimensiones de los artefactos del baño y la cocina. Luego realizá la correspondiente proporción y trasladá los datos a un nuevo plano a escala. Si trabajás de forma metódica, este paso resultará mucho más fácil. Los elementos necesarios son pocos y simples: un lápiz bien afilado, una buena regla, una calculadora y, en lo posible, papel milimetrado. Antes de hacer el plano deberás establecer el esquema de conversión de medidas, por ejemplo: 4 cm para cada metro.
Luego, convertila en la proporción que vayas a utilizar en todo el dibujo. Cuidado: jamás combines dos escalas diferentes. Ubicá todos los elementos en su posición correcta. Claro que hay símbolos convencionales para destacar detalles como la dirección de apertura de las puertas y la ubicación de las ventanas, pero en todo caso podrás usar los que más ilustrativos te resulten. Incluí en tu plano todos los datos que consideres relevantes.
Cuando el plano esté finalizado, hacé varias copias y comenzá a plasmar ahí mismo tus ideas con diferentes colores. Recordá respetar lo más posible la escala. Otra alternativa es recortar piezas para los distintos elementos y luego "jugar" con ellas para ver cómo calzan en los diferentes espacios.






