
Hacer es sentirse poderosa
Comenzó a crecer en el off Corrientes y allí estrenó sus primeras obras como dramaturga. Ahora actúa en el San Martín y salta a la pantalla chica con Tiempo final
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"Cuando descubrís que podés hacer lo que querés te sentís muy poderosa." Mariana Anghileri habla con una seguridad y una contundencia que abruman. Habla de la misma manera con la que se maneja frente a la cámara del fotógrafo. No pide un minuto para arreglarse, no sonríe nerviosa, simplemente mira. Entonces suena natural escucharla decir que la obra que está escribiendo "está buenísima", o que no tiene problemas en rechazar proyectos que no le interesan, o que transformarse en la Adela de La Casa de Bernarda Alba , en el Teatro San Martín, la hace sentir, cada noche, como "Charly García en el Luna Park". Sin una pizca de soberbia. Sencillamente, no le caben falsos pudores.
Desde un cuerpo pequeño, ágil, movedizo, curioso, Mariana explota. Y lo hace de varias maneras: escribe, dirige, actúa, monta espectáculos, elucubra otros. Con una importante y muy bien tratada carrera en el off porteño, esta joven actriz, dramaturga y directora viene abriendo nuevas puertas. Así, de ser una chica Muscari en Pornografía emocional y Mujeres de carne podrida pasó a contar sus propias historias en 3 ex , Puentes e Hija, y a meterse en el San Martín, primero con El señor Bergman y Dios , de Marcelo Bertuccio, y ahora con García Lorca. Este año, además, el cine la tuvo en cuatro proyectos: Sábado , de Juan Villegas (hasta el momento la única estrenada); Delivery , de Leo Di Cesare; Vida en Marte , de Néstor Frenkel, y Nadar solo , de Ezequiel Acuña. Y el próximo lunes, a las 23, compartirá pantalla (chica) con Pablo Echarri en el último capítulo de Tiempo final : El vampiro .
"Obvio que estoy llena de prejuicios, y que hay un montón de cosas que no haría ni loca y alguna gente con la que definitivamente no trabajaría, pero no hablo de formatos, sino de proyectos. Y en el caso del capítulo de Tiempo final , todo cerró: la gente, el libro, la productora, el tiempo."
Elegir también es, para Mariana, una cuestión de austeridad y elegancia: "No tengo vicios caros y no estoy desesperada por el billete". Por eso se puede dar el lujo de tomarse el tiempo que quiera y necesite para saber qué desea decir cada vez, y hacerlo bien. De hecho, por estos días está terminando de escribir (junto con Mariana Chaud, que también fue su coequiper en Puentes ) Alicia murió de un susto , un espectáculo en el que mezcla el género del culebrón y, del terror, y que la llevará a España en diciembre para luego regresarla con el claro objetivo de hacer un montaje local.
"El director del Teatro Cuarta Pared, de Madrid, vio 3 ex en el Festival Internacional de Teatro del año pasado y me quería llevar a toda costa a hacer algo allá. Pero recién ahora siento que tengo algo nuevo para contar. Entonces, así como en 3 ex habló del "espantoso momento de cerrar los ojos y darte cuenta de que ya no amás a la persona que tenés al lado", en Puentes mostró "un policial con mucho dato nacional y popular de la década del 50" y en Hija se metió con su propia identidad a través de "planos detalles de la vida de una chica: yo" (el papá de Mariana es uno de los desaparecidos que dejó la última dictadura militar); esta vez quiere hablar de "los últimos minutos de la vida de los personajes que pertenecen a una especie humana que se devora a sí misma en busca de un poder del que ya no queda nada: los nuevos ricos".
Es de esta obra que Mariana dice "está buenísima" y, teniendo en cuenta la "inesperada e increíble recepción" -según sus propias palabras, y datos de la realidad- que tuvieron sus trabajos por parte del público y de la crítica, no hay por qué no creerle. "Todo empezó con 3 ex . Fue una locura porque las condiciones no estaban dadas para que nos fuera como nos fue. Pensé que iba a estar un mes en cartel y llegamos al festival internacional."
Después de un momento de alta verborragia narrativa de su propia historia laboral, Mariana respira hondo y toma de una tasa de té que a esa altura debe de haber estado fría. No se inmuta. Todo parece ser tan natural en ella que se diría fácil. Pero la seguridad que la mantiene erguida no habla de facilidad o simpleza. Por el contrario, "fácil no me resulta nada, en ningún sentido y es porque no lo es o porque me gusta sufrir". No suena a sufrimiento en el sentido estricto, sino intensidad en el sentir y en el hacer.
Mariana tiene facha de chica urbana y lo es en más de un sentido: su contundencia y seguridad hablan de abrirse paso a fuerza de talento. Nada de lo que le está pasando podía imaginar ni atreverse a desear una niña que durante trece años vivió con sus abuelos en Luján, "una pequeña burbuja con mucha vida de campo, huevos, gallinas, conejos, mi abuela haciendo todo casero, mi abuelo, un odontólogo que cobraba con cajones de naranja. Cuando me reuní a vivir con mi mamá en un departamento de Palermo y entré al Avellaneda, se me partió la cabeza". En realidad, ahí empezó todo.
Mariana Anghileri
- Casi sin formación formal -"salvo un taller de clown con Raquel Sokolowicks, que fue revelador"-, Mariana se empeñó en trabajar y en aprender lo que necesitaba para actuar, escribir y dirigir.
- Sus estudios de cine le permitieron construir una mirada repleta de imágenes, que plasmó en sus trabajos escénicos como actriz y directora de 3 ex , Puentes e Hija.
- Ahora salta por primerca vez a la pantalla chica, y la convocaron desde España para realizar allí un nuevo proyecto, pero asegura que ya tiene su ticket de regreso.
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