
Happy hour: de la oficina al bar
Después de las 19, en el Bajo porteño se enciende un circuito de bares con poca luz y mucha música, donde se puede hacer una escala antes de volver a casa. Una cronista y un fotógrafo de la Revista recorrieron la zona durante una semana y trazaron el mapa de un fenómeno que promete crecer: la movida after office
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A contramano de las salidas que arrancan a la madrugada, hay un circuito tempranero, de lunes a jueves, en el que el promedio de edad da más de 30 y donde nadie se asusta si suena un celular Más cerca de la merienda que de la cena, cuando las luces de las oficinas se empiezan a apagar, se encienden los reflejos discretos de bares camuflados entre edificios grises. El microcentro, famoso en una época por sus burdeles y bares sórdidos, se convierte en una fiesta y para asistir no es necesario pasar por casa a dejar la agenda.
La costumbre de ir a tomar algo después de trabajar al principio se llamó happy hour y se calcó de lo que ocurre una noche cualquiera en Londres o Dublín: bares con barras oscuras repletas de posavasos de cervezas importadas y ofertas de dos bebidas por el precio de una.
Después, el happy hour se empezó a llamar también after office, after work o easy hour, y de a poco se contagió los tics porteños: fútbol por pantalla gigante, algo para picar, DJ para ponerle ritmo o un partidito de pool para desafiar al jefe.
El after office tiene un ¤ mapa que se amplía sigilosamente, pero guarda sus rincones preferidos. The Kilkenny, por ejemplo, en la esquina de Marcelo T. de Alvear y Reconquista, fue uno de los pioneros y sigue siendo el más popular los jueves a la tarde.
Concebido como una fiel reproducción del que funcionó en Irlanda a principios de siglo, su barra circular aglutina a trabajadores de distintas especialidades y buscadores de oportunidades que consumen alguna de sus 19 variedades de cerveza.
-Yo vengo para conseguir contactos a nivel laboral -dice María José después de apretar con los labios el pico de una Warsteiner-. Muchos contactos que conocí acá me sirvieron para mandar currículum, porque viene gente que trabaja en buenas empresas.
El happy hour tiene sus bebidas preferidas: la cerveza está en primer lugar y después vienen la caipirinha, el mojito y el daikiri para las chicas.
Hay una hora, cuando los compañeros de trabajo y los amigos ya se actualizaron, bebieron juntos y se cansaron de verse las caras, en la que se empieza a deambular.
Es cuando termina la oferta de dos bebidas por el precio de una y las conversaciones comienzan con un: Che, ¿te invito un trago?
El happy hour, además de una salida con compañeros de trabajo, puede ser un lugar de encuentro de solteros que ya no están para la discoteca, separados aburridos o los que dijeron que iban a jugar al fútbol...
-Levante hay, pero viene más por el lado de lo laboral -cuenta Fernanda, en Kilkenny-. Es un levante más real, empezás a hablar de laburo y te podés enganchar o no. No es como cuando vas a bailar que nadie le da bola a nadie.
Los hermanos Nicolás y Emiliano, director de orquesta uno y futuro abogado el otro, prefieren la barra porque pueden hablar con Leo, el barman uruguayo de La Cigale. "El mejor psicoanalista es el barman y el negro es un lujo", dicen.
Para Gustavo Subiza, uno de los dueños del bar de 25 de Mayo y Viamonte, el after office tiene una lógica económica: "Salís de laburar, vas a tomar algo y ahorrás plata. Gastás menos que si salís de noche".
No todo es nuevo en Retiro. Algunos bares tradicionales, como Barbaro, que lleva tres décadas en la zona, colgaron la pizarra que promociona los dos tragos al precio de uno.
Para saber más
www.mapasdebuenosaires.com
www.buenosaires.gov.ar
El circuito
En el primer piso de Reconquista 974 está Club Buenos Aires: poca luz, sillones oscuros y un deck con cañas de bambú.
Al 920, Deep Blue tiene mesas con espejos retrovisores para espiarse, choperas individuales, mesas de pool y un sótano blanco.
Sobre Reconquista también están El Verde, Druid Inn, Puerto Pirata, John John, Morizono, Downtown Matías, The White Rose y Sostiene Pereira, además de algunos locales de vidrios espejados y luces rojas.
Entre el 600 y el 700 de la calle San Martín hay un circuito que intregran Seis 50, Sir Will, Filo, Dada y otro Downtown Matías.
En 25 de Mayo 722 está La Cigale y, sobre Tres Sargentos, el clásico Barbaro y el tailandés Empire.



