
Hay un prócer en mi familia
Seis descendientes de algunas de las figuras que allá por el siglo XIX fueron activas protagonistas de la formación de nuestro país cuentan sus recuerdos, emociones y vivencias
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Manuel Belgrano (21)
Con la historia a cuestas
Se anunció como se anuncia todo el mundo en la recepción de una empresa: diciendo su nombre y apellido.
–Manuel Belgrano.
–Ah, sí. ¡No me digas, che! ¿Sabés que acaba de subir José de San Martín?
Acostumbrado a este tipo de reacciones, Manuel –Manolo o Manu para los seres queridos– optó por reírse. Siguió riéndose cuando descubrió que, efectivamente, había un José de San Martín, que bajó a saludarlo y a asegurarle que nada tenía que ver con el Libertador. Pero ése no es el caso de Manuel, que es un auténtico descendiente del creador de la Bandera. "A veces invierto el orden y me presento como Belgrano, Manuel –confiesa–. Para suavizar un poco el efecto."
No hay manera de saber si su destacado ancestro era jocoso o no. De lo que no cabe duda es de que este joven descendiente posee un magnífico sentido del humor.
"Hace rato que tengo incorporado todo esto –cuenta–. Pero de chico era diferente. En la escuela, cada vez que se acercaba el Día de la Bandera, me empezaba a sentir mal. ¿Te imaginás la situación? En cuanto alguien mencionaba a Belgrano, medio salón de actos se daba vuelta para mirarme."
Su nombre completo es Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Como para que no queden dudas. A lo largo de las generaciones, cada pareja de su familia llamó Manuel al primer hijo varón. Así se llamaba su abuelo y así se llama su padre. "Fue idea de mi papá ponerme el nombre completo del personaje histórico." Manuel Belgrano padre pertenece al Instituto Nacional Belgraniano y es un erudito en la materia. Un camino que el hijo prefirió no seguir. Aunque tampoco optó por la indiferencia. "Me choca que se sepa tan poco sobre Belgrano. Me acuerdo de las clases de historia. Lo único que aparecía era la creación de la Bandera. Yo tenía un montón de datos gracias a mi viejo. Pero la mayoría de mis compañeros no se enteraba de que Belgrano había hecho muchas cosas, que había sido alguien muy inteligente", se indigna, aludiendo a la enorme riqueza intelectual de su antepasado, que supo desempeñarse como abogado, militar, periodista y funcionario. Belgrano nunca se casó, por lo que suele suponerse que no tuvo descendencia. Sin embargo, fue padre de dos niños: Manuela Mónica y Pedro Pablo. "Nosotros descendemos de Manuela", informa el Manuel actual, al que muchos le dicen que, después de todo, se parece bastante al prócer. "Será por la nariz", se ríe, mientras asegura que no, que de ningún modo esas patillas largas que porta tienen algo que ver con su distinguido ancestro.
Juan Manuel Medrano Balcarce (29)
La llama del pasado
Su propia historia familiar da cuenta de cómo la violencia política formó parte de la génesis de este país. "Uno de mis parientes mató a otro de ellos", comenta. Efectivamente, las numerosas bifurcaciones del árbol genealógico de los Medrano Balcarce posibilitaron que lo que parece una paradoja no fuera tal. Una de sus ramas llega hasta Santiago de Liniers, que fue virrey del Río de la Plata en 1809, tras destacarse en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas. Otra se remonta hasta el comandante Juan Ramón Balcarce, quien participó, junto con Juan José Castelli y Domingo French, en el fusilamiento de Liniers, ordenado por la Primera Junta.
Abogado de profesión y genealogista por afición, Juan Manuel comenzó a interesarse muy tempranamente por el universo de los linajes familiares. "De chico era muy lector –rememora–. Me apasionaba la mitología griega y la romana. Esas fueron mis primeras genealogías. Después comencé a interesarme por los reyes medievales y a confeccionar árboles con esas dinastías. Hasta que, a los 16 años, dejé de lado a los reyes europeos y me concentré en la Argentina. Fue cuando verifiqué que mis raíces se remontaban a la época de la Colonia."
Entre sus antepasados se encuentra también Manuel Medrano, escritor, colaborador del Telégrafo Mercantil y hermano de Pedro, el abogado que presidió la apertura del Congreso de Tucumán. Pero la llama épica pareciera pertenecer a los Balcarce. "Eran nueve hermanos. Los seis varones fueron todos militares –comenta Juan Manuel–. Tres llegaron a ser generales. El resto murió en las batallas por la Independencia, sin pasar de los 20 o los 21 años." Entre sus historias favoritas se cuenta la de Marcos Balcarce, que fue tomado prisionero por los ingleses durante la toma de Montevideo, en 1806. Lo llevaron preso a Inglaterra. Allá lo liberaron. Pasó a España y se alistó para combatir contra Napoleón. Luego regresó a Buenos Aires para participar en las jornadas de Mayo y en todo lo que vendría después.
Juan Manuel defiende el valor de estas historias tanto como el ejercicio de cierta humildad. "Hay demasiado esnobismo y vanidad ligados con la cuestión de los apellidos –afirma–. Creo que hay que hacerse merecedor de esta herencia, pero sin creérsela. Existen numerosas familias que, pese a haber participado en la construcción del país, quedaron totalmente olvidadas. Tanto como los descendientes de nativos que dieron su vida en aquellos tiempos."
Inés Riobo de Labaké (32)
Como Sarmiento, con la pluma y la palabra
En alguna de sus ramas, el árbol genealógico de los Riobó se entronca con el de los Sarmiento. De ese cruce darían buena fe cierta calva y algún gesto adusto pertenecientes al padre de Inés. "Cuando mi papá gruñe, es igual a Sarmiento –comenta, divertida–. Es impresionante." Hasta asegura que, cuando estaba en edad escolar, cada vez que veía el clásico retrato de Sarmiento se le aparecía el entrecejo fruncido de su progenitor. Entonces, traza la ruta que habrían seguido los genes hasta dar con semejante parecido. "La abuela de mi padre era nieta del prócer, por el lado de Faustina Sarmiento." Esta última fue la hija que tuvo el Maestro de América en 1832, durante su primer exilio en Chile. Cuando se mira al espejo, no descubre rastros de parecido físico con su antepasado. Reconoce que no leyó ninguno de los libros escritos por él ni investigó con demasiada atención su vida. Tampoco visitó San Juan. "Pero sé que Sarmiento era un inconformista, un revolucionario del pensamiento –afirma–. Yo me identifico con su carácter fuerte. Además, mi marido tiene familia en San Juan y en Chile. Son dos viajes que tengo pendientes." A Inés le consta lo que la expresión pasiones políticas significa para este país. "Junto con Rosas, Sarmiento debe de ser una de las figuras que más controversias genera –reflexiona–. Muchas veces me pasó estar con gente que, de repente, empieza a criticarlo con ferocidad. Enseguida aviso que soy descendiente. Por una cuestión de lealtad."
Abogada al fin, defiende con decisión la libertad de expresión. Una postura que la coloca en las antípodas de aquel personaje que le tocó interpretar a los 10 años, durante un acto escolar. "De seguro no debe ser nada bueno lo que lee este muchacho", decía ella, ataviada con su vestido de dama antigua y mirando de costado al muchacho llamado Domingo Faustino Sarmiento. Hoy, unos cuantos años después de aquel festejo por el Día del Maestro, respeta, aunque no comparte, las críticas más duras a su antepasado. "Es fácil cuestionar desde el presente, pero difícil ponerse en el lugar de la gente en ese momento. Habría que mirarlos de un modo menos despiadado." Y sonríe al recordar algo que leyó recientemente. "Una carta de lectores mencionaba la posibilidad de continuar la avenida Sarmiento con otra llamada Rosas. Para aludir a la reconciliación, al fin de las controversias. Pero si Sarmiento viviese se enfurecería ante una propuesta así. O pensaría: ¿Qué necesidad de perder el tiempo en una calle?"
Carlos Legorburu Quiroga (14)
Entre caudillos y leyes
Es realmente tímido. Pero eso no le impide mostrar algunas de las cosas que escribe. Un breve y poético relato fantástico. Una concisa descripción del caos desatado por un incendio. Entonces uno lo mira y sabe que hay un enorme mundo interior detrás de esa actitud cauta, cortésmente distante. Algo parecido a lo que pasa con su apellido materno. "Nadie lo asocia con el personaje histórico –comenta–. Mi abuelo me contó que descendemos de Rodrigo de Quiroga, el Mozo, que murió luchando contra los araucanos. De allí vienen todos los Quiroga: nosotros, los Quiroga Sarmiento, Facundo y Horacio Quiroga."
Pero lo cierto es que, en este momento de la vida, Carlos se inclina más por el vértigo de las novelas de aventuras que por los rigores de la historia. Buen lector de Jack London y Julio Verne, comenta, como al pasar: "A veces piensan que los chicos que leen son nerds".
–¿Te gustaría dedicarte a la escritura?
–No sería mala idea.
–¿Y la investigación histórica?
–Me parece un poco aburrida. Pero si mi abuelo me pidiese que lo ayudara, lo haría.
Ese abuelo, el doctor Ernesto Quiroga Micheo, es médico hematólogo e historiador. "En casa de mi abuelo hay un retrato grande de José Camilo Crotto, un gobernador radical que también es mi pariente, por el lado de mamá –comenta–. Salvo a mi abuelo, nunca escuché a nadie hablar de Crotto." Entonces sí, se entusiasma y cuenta rápidamente la historia de ese antepasado. Que es el relato tanto de una medida política como del origen de una palabra. "Ese gobernador hizo una ley que favorecía a los trabajadores rurales. Podían viajar en los trenes sin pagar. Entonces la gente decía: Ese pasa por Crotto. De ahí viene la palabra croto, como se usa ahora."
Ana Aramendi Jurado (27)
Heredera de la pasión austral de Vernet
A la tía Aramendi, los escudos, apellidos ilustres y linajes siempre la tuvieron sin cuidado. "Anda con el apellido al mercado y fíjate si te dan un pollo", sigue diciendo al día de hoy, rebosante de pragmatismo vasco. Pero con la abuela la cosa era distinta. "Tuve un vínculo muy especial con mi abuela materna, Inés Cilley Hernández –explica Ana–. Ella era nieta de Rafael Hernández, a quien le decíamos Papío. Y, por línea paterna, nieta de Malvina Vernet. Por eso, sus temas predilectos eran la obra de Hernández y la historia de Malvina. Si no fuese por ella, no sé si me hubiese gustado tanto la investigación histórica."
Desde hace un año y medio Ana está trabajando en un libro sobre Luis Vernet, gobernador de las islas Malvinas en 1829. Lo hace junto con su marido, Enrique Piñeyro, genealogista e historiador. "Me encantaría viajar a Malvinas alguna vez –afirma–. La historia de los Vernet es apasionante. El era un comerciante llegado de Alemania que se embarcó con su familia rumbo al Sur, donde se dedicó a investigar emprendimientos económicos. Hay registros de viajantes ingleses que comentaban, impresionados, el modo en que los Vernet habían trasladado la cultura occidental a ese lugar tan lejano."
A continuación, enuncia el dato que más la enorgullece: "La hija de Luis, Malvina Vernet, fue la primera argentina nacida en las islas". La otra gran pasión de Ana es el político, escritor y urbanista Rafael Hernández, hermano del autor del Martín Fierro. A través de los relatos de su abuela, ingresó en el mundo menos conocido de los Hernández. "José le pasaba siempre sus textos a Rafael para que los corrigiera –cuenta–. Así ocurrió con un verso del Martín Fierro que originalmente decía: En el mayor infortunio pon tu confianza en Dios; en los hombres, en ninguno. Al leerlo, Rafael se ofendió. Entonces, José modificó el verso, que quedó como puede leerse hoy: En el mayor infortunio pon tu confianza en Dios; en los hombres, sólo en uno; con gran precaución, en dos. Ana proyecta reeditar su obra literaria.
Entretanto, enumera lo que considera sus mejores herencias: "Poseo los ojos de los Jurado. Busqué desarrollar la fortaleza espiritual de los Hernández. Y si alguna vez tengo una hija, me gustaría llamarla Malvina".
Encarnación Ezcurra (38)
Contra la intolerancia
Me amaban o me odiaban sólo por mi nombre", afirma. Su antepasado directo es José María, hermano de Encarnación Ezcurra, la mujer que, luego de casarse con Juan Manuel de Rosas, en 1813, se convertiría en su más fervorosa y activa colaboradora. Con el tiempo, la Encarnación actual se informó, leyó, tomó nota de aquellos tiempos turbulentos. Desarrolló un profundo rechazo a las actitudes intolerantes. "Siempre me pareció miope e irritante el fanatismo, el esquema dual entre los que están a favor y los anti, que tantas formas adoptó a lo largo de nuestra historia –explica–. Por suerte, a partir de 1983 el país cambió."
Recuerda que, originalmente, se iba a llamar Paula. Pero cuando nació su padre decidió llamarla Encarnación. Al día de hoy, no tiene muy en claro las razones de esa decisión. "Mi familia no era fanáticamente rosista. De hecho, mi bisabuela, Marta Real de Azúa, era pariente de Lavalle. Respecto de la Encarnación histórica, no puedo hablar ni a favor ni en contra de ella. Sé que debió de ser una persona tan compleja como cualquier otro ser humano."
Cuenta que, cumplidos los 18, fue a sacar el registro de conducir. Apenas mencionó su nombre y apellido, la hicieron pasar. Nada de hacer fila ni trámites engorrosos. El misterio se resolvió cuando se le acercó un desconocido, que resultó ser el responsable de esa dependencia. "Soy rosista", le dijo el hombre. Pero también le ocurrieron otro tipo de encuentros: familiares de personas asesinadas por la Mazorca, descendientes de enemigos políticos del Restaurador de las leyes. De todos modos, reconoce que, en el 90 por ciento de los casos, la gente no identifica esos ecos históricos. "A lo sumo, me asocian con una calle", se ríe. Recuerda que, cuando nacieron sus hijos, les dio los nombres más bellos, breves y simples que pudo encontrar. "Sacale nombre a tu hijo, no le des uno que le marque tanto los pasos", rememora que se decía a sí misma. Y a las otras madres también.
Producción: Baby Padilla
Para saber más
www.lanacion.com.ar
Agradecimiento: Géneros De Levie, Arenales 1359
Una colección imperdible, en LA NACION
El 1° de abril, La Nacion lanzará la colección Historia integral de la Argentina, una serie de fascículos coleccionables realizados por el historiador Félix Luna. Todos los jueves y sábados, el lector recibirá con el diario un material que consta de 104 entregas, que sumarán 1248 páginas a color, en papel ilustración brillante, de excelente calidad y agrupadas en dos tomos.
"Esta colección novedosa de fascículos recoge lo esencial de mi Historia integral de la Argentina –explica el prestigioso historiador–. El motivo de esta producción reside en la conveniencia de una publicación periódica. La aparición semanal de los fascículos permitirá al público mantener una interesante continuidad en su acercamiento a la historia."
El sábado 1° de abril, con la primera entrega, el lector recibirá de regalo la tapa del primer tomo, más dos fascículos y un desplegable histórico ilustrado. El jueves siguiente, La Nacion llegará con el tercer fascículo y, de regalo, el Acta de la Independencia.
La colección incluirá más de 2000 ilustraciones, grabados, fotografías a todo color y la más desarrollada iconografía de la historia argentina. Además: síntesis cronológica y sinopsis de los protagonistas, con las principales reseñas biográficas. Y más de 200 recuadros con documentos y referencias históricas y sociales.
Dice Félix Luna: "Esta es la suma de mi experiencia de historiador. Es el despliegue de los procesos formativos de nuestro país, y en su realización he contado con un equipo de investigadores y corredactores de primer nivel".






