
Pequeños rockstars: cómo ser estrella en pocas clases
Cada vez más chicos quieren ir a academias de rock que se centran en la técnica, el instrumento y... la mística
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Detrás de la batería que suena se asoma una pequeña cola de caballo atada con un moñito rosa. Ataviada con monitores azul eléctrico, Inés Durruty ensaya una y otra vez la base de un tema de Calamaro, su referente musical. Aunque tiene sólo 9 años y apenas está dando sus primeros pasos con el instrumento de percusión, ya puede imaginar cómo es ser una estrella de rock. El estudio donde golpea con determinación los platillos y el tambor no tiene nada que envidiarle al de cualquier músico profesional. De hecho, allí donde practica, ensayan bandas "de verdad".
Inés es alumna de The Rock Academy, una academia de rock en Núñez que se sumó a las tantas que han surgido en Buenos Aires y que renovaron la enseñanza musical. Del viejo conservatorio de música, con énfasis en la partitura y el solfeo, a las modernas academias de rock centradas en la técnica y el instrumento hay una diferencia abismal, casi insalvable. Pero esa diferencia es la que, precisamente, atrae a los más pequeños que piden tocar "como las estrellas de sus bandas favoritas".
Uno de los primeros en introducir este concepto de enseñanza menos formal fue el músico Diego Mizrahi, que hace diez años fundó una academia de rock inspirado en las que había visto en durante su estadía en Los Ángeles. La nueva sede, ubicada en pleno Palermo Hollywood, cuenta con varios estudios de grabación, salas de ensayo y hasta set de televisión. "Yo fui al conservatorio y me aguanté seis o siete años del solfeo sin tocar ni un tema de rock –recuerda–. Pero en Los Ángeles descubrí las academias que enseñaban como yo quería, es decir, yendo al grano. La verdad es que la mayoría quiere resultados inmediatos, no aprender solfeo".
Mizrahi asegura que en los últimos años, con la explosión de los tutoriales en YouTube, los chicos ya tienen una base y saben bien lo que quieren. "Antes rechazábamos a los que tenían 6 o 7 años porque venían más a explorar que a querer tocar –cuenta Mizrahi–. Hoy, en cambio, vienen y te dicen: ‘Quiero tocar como Las Pastillas del Abuelo’. Es por el background que traen de Internet. Yo estoy sorprendido de cómo bajó el promedio de edad".
Agustín y Josefina son mellizos. Con sólo cinco años, el varón se sienta detrás de la batería y ensaya sus primeros golpes en el redoblante mientras su hermana toca tres o cuatro acordes en el teclado. Su papá, Bruno Gorgone, sigue el ritmo con el pie y un indisimulable orgullo. "Con la mamá quisimos darles una enseñanza musical desde chuiquitos. Probamos con las escuelas más tradicionales para la edad, si se quiere con un perfil más hippie, pero nosotros queríamos algo más rockero. Buscamos que tengan contacto con instrumentos reales y no con la cajita china o el toc toc. Cuando te piden que les pongas en el auto o en casa la música que vos escuchás, te das cuenta de que no los podés mandar a que aprendan a cantar Manuelita", dice Bruno, feliz con haber encontrado un lugar como The Rock Academy.
Hacerlos sentir rockers desde que entran en la academia hasta que salen de ella es uno de los secretos del éxito de estas escuelas. Así lo asegura Armando Sentous, creador de The Rock Academy. "Creo que lo más importante y fundamental para que los chicos se enganchen con un instrumento es que se diviertan mientras aprenden. Es nuestro principal objetivo, y por eso tratamos de ‘ponerle rock’ a la academia, tanto en la arquitectura como en la filosofía. A los alumnos los llamamos rockers para hacerlos sentir que no están en una escuela más, sino en un lugar distinto en donde se aprende a rockear y se hacen amigos unidos por la música." Como parte de esa filosofía rockera cada nuevo alumno recibe su credencial de rocker con su nombre, un pin y un llavero. "Eso a los chicos les encanta, van al colegio con el pin puesto", dice Sentous, que es publicista y músico, líder de la banda de trash metal Manfisto.
Pero el entusiasmo de los chicos es algo que debe pasar el filtro paterno. Como el de Juan Manuel Durruty, papá de Inés, que después de la sorpresa que le causó que su hija quisiera aprender a tocar la batería "como un amiguito del cole" se dedicó a buscar el mejor lugar para que diera rienda suelta a su pasión rockera. "Cuando lo planteó, la sorpresa fue grande porque en casa la música es casi accesoria. Somos todos sordos, creo que tengo un solo CD y lo último que escuché es Porchetto", exagera Juan Manuel, feliz por tener a alguien dispuesto a romper con la atrofia musical familiar.
¿Cuánto pesa la etiqueta de cool que vienen asociadas con estas academias a la hora de elegirlas como lugares de aprendizaje musical? Probablemente, mucho. Está claro que no es lo mismo contar que el hijo va a una academia de rock a aprender canto, guitarra, bajo o batería que a una escuela más tradicional o en forma particular. "Al principio llevé a Inés con un profesor particular que le daba clase en un garaje –cuenta Juan Manuel–. Pero después descubrí este lugar y la verdad me rompió la cabeza la estética, el equipamiento. Es un lugar donde se respira rock".
En Caballito, BA Rock School es otra de las academias que pisa fuerte. Allí, en una casona de dos plantas totalmente reciclada, resaltan que la música es una forma de comunicación y un espacio donde los chicos y grandes encuentran libertad y una forma de expresarse. "Tenemos una metodología muy lúdica, muy diferente de la del conservatorio. Acá cada uno viene con sus gustos y sobre la base de eso trabajamos en clases individuales, dúos o en equipo de no más de seis personas –describe e Irina Nascimento, coordinadora general de BA Rock School–. El aprendizaje del instrumento viene acompañado de un trabajo corporal. La idea no sólo es tocar la música, sino también sentirla, que esa canción que les encanta la puedan cantar agachados o parados en una silla, frente al espejo, donde quieran".
De los 350 alumnos, que tiene la academia, el 60% cursa la escuela primaria. "Muchos vienen porque escuchan en su casa una canción y quieren tocarla. Y también aprenden a resolver cosas que les pasan. Por ejemplo, si les gusta una chica vienen, le hacen una canción y la graban", cuenta Irina. La gran novedad de los últimos tiempos es la clase en familia: "Ven a los chicos entusiasmados y se terminan enganchando los padres. Después arman el ensamble familiar", cuenta Mizrahi. Nascimento, por su parte, confirma la tendencia: "Vienen muchos padres con sus hijos. Algunos toman la modalidad dúo y otros en equipo, pero es un equipo ciento por ciento familiar."
Silvia Nicoletti y su hija Zoe coinciden en su gusto por el canto. Las dos toman clases en BA Rock. "Zoe empezó con piano y después se enganchó con el canto. Yo siempre canté, con mi marido teníamos una banda y al ver a Zoe me picó el bichito y ahora vamos a clase juntas. La idea es grabar algo", se entusiasma Silvia. ¿Por qué no ir a un maestro particular de canto? Silvia lo contesta: "La academia es un ámbito musical, se respira música. Cuando entrás, percibís y sentís una linda vibración. Ir a una maestra particular no es lo mismo, te falta el entorno, que es maravilloso".
Precisamente la necesidad de un entorno donde poder compartir su pasión con otros, hizo que Daniela Cariddi, de 13 años, le planteara a su mamá que quería un cambio. "Ella toca batería desde los 7, y guitarra y piano desde los 9. siempre en clase particular. Hasta que un día llegó del colegio con un folleto en la mano de The Rock Academy y me dijo: ‘Este es el lugar adónde quiero ir’. Cuando le pregunté por qué me contestó ‘porque arman bandas’. Ella necesita compartir su pasión con otros chicos de su edad, generar algo para un otro. Sentir esa complicidad de estar en la misma. Llega un momento en que se hace necesario este espacio", dice Fabiana Osso, mamá de Daniela.
Claro que formar una banda es el sueño no sólo de Daniela, sino de todo aquel que pisa una academia de rock . Algo que en una de estas escuelas parece un poco más cercano. "En pocos meses están tocando; cuando ya vemos que dominan el instrumento, los juntamos por niveles con otros chicos que tocan otros instrumentos, arman una banda y a fin de año están dando un recital en un teatro. Es el sueño del pibe convertido realidad", anuncia Mizrahi. Sucede que el gran incentivo, "la zanahoria" detrás de estas academias, es la presentación en un teatro que explota de familiares, amigos y conocidos.
Escenario abierto
Al sueño de tocar en vivo, se suma el de grabar un disco. Y a esos dos, el de tener una academia de rock, como Sentous. "Soy músico y compositor, estudié canto y guitarra y tengo mi banda, con la que hemos grabado un disco ciento por ciento independiente en el estudio de The Rock Academy. Y próximamente empezaremos a tocar en vivo", dice con un desbordante entusiasmo.
Es que para los que aman esta música, el rock es una filosofía de vida. "Buscamos que nuestros alumnos no sólo ‘rockeen’ en un escenario, sino también en todo lo que hagan y encaren a futuro. Y tocar en un escenario los termina de desinhibir de una forma tan natural que seguramente los ayude también a ‘rockear’ en sus vidas".
Los lugares para rockearla
The Rock Academy
De reciente apertura en el barrio de Núñez, está por inaugurar su segunda sede en Belgrano. Informes: Almirante Atilio Barilari 1483, 3221-1555, www.therock-academy.com
Escuela de Rock Diego Mizrahi
Es una de las pioneras en su tipo, con más de 10 años de existencia. En plena etapa de renovación acaba de mudarse a una nueva sede en Palermo, en Guatemala y Fitz Roy. Informes: 4773-5023
BA Rock School
Abrió sus puertas hace un año, es escisión de una escuela anterior. Tiene un estilo de enseñanza lúdico. Informes: Otamendi 149, 2062-5298, www.escuelamusicarock.com.ar






