
Iberá: paraíso de agua dulce
A inicios de los años 80, el excepcional patrimonio faunístico del Iberá estaba al borde del colapso. Hoy, tras veinte años de amparo, esta zona exhibe una recuperación asombrosa y es uno de los principales reservorios dulciacuícolas del mundo. Aquí, su presente y futuro
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IBERA, Corrientes.- Antes de adoptar su rumbo definitivo, ocho mil años atrás el río Paraná erró indeciso por el centro de la actual provincia de Corrientes hasta dibujar un vasto delta interior. Huella de aquellos cabildeos es el Iberá: una hoyada de escasa profundidad (2 metros, promedio) y 1,3 millones de hectáreas (65 veces la ciudad de Buenos Aires), donde lagunas, esteros y bañados entrelazan descaradamente sus aguas.
Se trata de uno de los mayores reservorios dulciacuícolas del planeta. Recibe entre 1200 y 1500 milímetros de lluvia por año. Evaporación mediante, una parte vuelve sin escalas al cielo. Otra fluye hacia el Paraná Medio a través del río Corrientes -solitario desagüe del sistema-, al impulso de un declive de diez centímetros por kilómetro. Y el resto, aliado a temperaturas de invernadero, propicia una flora exuberante, que urde murallas de junco, laberintos, praderas subacuáticas, enjambres de barroca carnosidad e islas flotantes (los famosos embalsados).
Este paisaje irreductible, en perpetua y desconcertante mudanza, puso dique a la curiosidad humana, hizo del Iberá un misterio que con el tiempo adquirió proporciones míticas. No extraña que aún haya quien crea habitado el impenetrable corazón del Iberá por una tribu de pigmeos. O se sigan tejiendo planes para rescatar del pantano el tesoro que los jesuitas habrían escondido al enterarse de su inminente expulsión.
Regreso con gloria
En los años 70, con el despertar ecologista, el verdadero tesoro del Iberá salió a la luz: un ecosistema de características únicas, casi intocado, que sustentaba 300 especies de aves (30,4% del total argentino), 44 de mamíferos (12,7%), 40 de reptiles (13,4%), 35 de anfibios (22,4%) y 80 de peces (19,5% de la ictiofauna de agua dulce). La lista, además, incluía animales en peligro (ciervo de los pantanos, aguará-guazú, etcétera) y de distribución restringida, como el yetapá de collar. Lo malo era que buena parte de ese excepcional patrimonio faunístico estaba en coma. Décadas de caza irrestricta habían diezmado las especies de valor comercial, proteico o deportivo, particularmente yacarés, carpinchos y lobitos de río. "Ya no quedaba bicho que cazar", recuerda un antiguo mariscador.
La taba se dio vuelta, en 1983, con la creación de la Reserva Provincial Iberá (1.300.000 ha, segunda del país en tamaño). Sus autoridades tuvieron la idea de convertir cazadores de subsistencia en guardaparques. Baquianos del oficio y el estero realizaron una tarea demoledora. "No se nos escapaba nadie... ¡Cómo van a engañar a un mariscador!", se envanece el guardaparque Lucas Ramón Piedrabuena.
Años después, el gobierno correntino declaró Monumento Natural a las especies en estado crítico, fijando abultadas multas para quien matara o molestara algún ejemplar. Y más acá, The Conservation Land Trust -la ONG ambientalista que preside el millonario norteamericano Douglas Tompkins- adquirió una lomada arenosa de más de 10.000 hectáreas en el centro de los esteros, evitando que cayera en manos de compañías forestales y un bosque de pinos devorara el hábitat de muchas criaturas ibereñas.
Hoy, libre de persecuciones, la fauna local se recuperó prodigiosamente. Y en algunas zonas perdió a tal punto el temor al hombre que consiente acercamientos casi íntimos. Esta conjunción atrajo viajeros de todo el mundo hacia Colonia Carlos Pellegrini y un par de estancias turísticas -puntos de partida de la aventura palustre-, incorporando los bríos del turismo a la fosilizada economía regional. Además, el Iberá se convirtió en niña mimada de la ayuda conservacionista y los estudios ecológicos; 24.550 de sus hectáreas fueron declaradas el año último Humedal de Importancia Internacional (Sitio Ramsar) y el sistema entero va camino de engrosar la Lista del Patrimonio Mundial.
Paradójicamente, toda esta bonanza podría terminar sepultada por las aguas. A principios de los años 90, una nueva amenaza se sumó al avance de forestaciones y arroceras, la contaminación por uso intensivo de pesticidas y el impacto de la actividad ganadera. El nivel de base del Iberá creció 80 centímetros y no ha mermado desde entonces, provocando -entre otros efectos- la pérdida de 50.000 cabezas de ganado, más de 100.000 hectáreas de tierras productivas y hábitats críticos para la fauna silvestre. Según algunos especialistas, sólo un ingreso descomunal de agua por vías subterráneas puede explicar el fenómeno.
El embalse de la represa argentino-paraguaya de Yacyretá está separado de los este- € ros por apenas unos centenares de metros. Pero en cuanto al transvase, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) lo ha negado oficialmente, calificándolo de "despreciable". Actualmente, se apresta a elevar la cota del embalse de 76 a 83 metros, buscando "optimizar la producción energética".
Por su parte, varias ONG ambientalistas, productores rurales, universidades y organismos provinciales se oponen a la medida.
"Exigimos un estudio independiente y confiable sobre el comportamiento actual y futuro del transvase de aguas desde el embalse hacia los esteros -plantea Marcelo Acerbi, director de Conservación y Desarrollo Sustentable de la Fundación Vida Silvestre Argentina-. Permitirá evaluar la verdadera magnitud del impacto actual de ese transvase y su futuro comportamiento con la eventual elevación de la cota. Con esta información en una mano y, en la otra, los beneficios económicos de una mejora en la producción energética se podría determinar cuál es la mejor decisión. Hasta tanto eso no ocurra, nos opondremos al aumento de la cota del embalse. La fauna pudo recuperarse de la caza desmedida porque el ecosistema estaba intacto. Pero si afectamos su funcionamiento, probablemente no haya retorno."
Para saber más
Para viajeros
- Avistamiento de fauna: tanto las posadas como el camping municipal ofrecen excursiones lacustres. Frente al Centro de Interpretación de la reserva, además, se puede recorrer un monte poblado de corzuelas y monos aulladores.
- No olvidar: una buena provisión de repelente, sobre todo en verano, y suficiente nafta (Pellegrini no cuenta con estaciones de servicio).
- Temporada propicia: todo el año.
- Alternativas: además de las propuestas tradicionales (ver datos útiles) puede vivirse el Iberá en las estancias turísticas San Juan Poriahú (Loreto) y San Lorenzo (Galarza).
Datos útiles
- Ubicación: Colonia Carlos Pellegrini, la Capital de los Esteros, se alza junto al paraíso faunístico de la laguna Iberá, al sudoeste del sistema ibereño.
- Cómo llegar: hay que trasladarse hasta Mercedes, Corrientes. Desde allí, por ruta provincial 40 (120 km de ripio); hay remises ($140) y un servicio diario de bus ($12). Desde Posadas, por las rutas nacional 12 y provinciales 41 y 40 (200 km, en su mayoría de tierra); abstenerse si llueve.
- Dónde alojarse y comer: el visitante cuenta con cuatro posadas ($ 85 a 180 por día y persona, con pensión completa y una actividad diaria), hospedajes familiares y un camping municipal.






