
Espacios que transmiten esa serenidad tan indispensable; lugares que, sutilmente, nos hacen bajar un cambio
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En primera vuelta, la calma puede dar la impresión de aburrimiento; más cerca de la tribuna, notamos que es la condición necesaria de un rugir de actividad. Porque las veces en que pedimos (generalmente con bastante énfasis) ese minuto de calma es para ordenarnos: queremos emprolijar nuestro placard, ver qué falta en el de los chicos, planear un encuentro muchas veces postergado, encarar una actividad creativa, revisar nuestro plan de carrera o nuestro CV. Y sí, claro, ¡también desacelerar nomás, sin tantas excusas! ¿Quién funciona bien sin ir a boxes cada tanto?
En esta sección, quisimos mostrarles espacios que transmiten esa serenidad tan indispensable, obviamente sin limitarnos al dormitorio. Lugares que, sutilmente –por su simetría, su equilibrio, su luz y sus texturas–, nos hacen bajar un cambio.
Vivir a mil o vivir a full. Esa es la cuestión.

Envolvente. Hubo un tiempo en que algunas casas tuvieron ese sanctasanctórum que era "la biblioteca". Hubo un tiempo. Los amantes de la lectura pueden recrear esa sensación de misterio, recogimiento y evasión con un sofá comodísimo y de textura seductora, como éste de diseño escandinavo, contra una pared igual de oscura que él, y con un solo haz de luz cálida dirigido a nuestras páginas.

Pocos pueden definir la palabra "zen", pero todos sabemos lo que nos quiere decir… Acá no hay caminos de arena, pero sí –y en poco espacio– un espejo de agua verde claro (porque el fondo de la pileta es blanco y no de un artificial celeste), luces que nos llaman a la orilla también de noche, árboles dejan escuchar el paso de la brisa, un deck con espacio para reclinarnos. Los cuatro elementos.

La luz es todo. General, de abajo, de pie, de efecto. De bajo consumo. Fría sólo para actividades que requieren cierta concentración. Meditemos el esquema de iluminación (con calma). Si es necesario, pidamos ayuda. No pretendamos llegar a nuestro nuevo departamento y vivir los próximos seis meses con la lámpara que traemos bajo el brazo: la experiencia cotidiana apenas baje el sol va a ser deprimente. En el mejor de los casos, incómoda.

Mis reglas. La dueña de este dos ambientes tomó el extremo del ventanal del living para hacer una pequeña estantería a medida donde ubicó su espacio de trabajo. Buena vista, orden y un lugar que inspira a la hora de producir.

Formas reiteradas con lógica; tratamiento igual pero vivaz para todas; colores que responden a la época de origen de la construcción, pero con la frescura de una mano de pintura impecable y reciente. No mucho más. En serio, por favor, no mucho más.

Mucho se insiste en la contaminación visual, pero pocos le prestan atención de tan acostumbrados que estamos. Probemos dejar vacío (no por desidia) un rincón de la casa sin temor a la frialdad. Los materiales de esta cocina integrada, por ejemplo, la anulan, y su diseño elimina confusión y embotamiento.

Pensar que este corredor de entrada tranquilamente podría haber quedado pelado. Con sólo unos ladrillos más para hacer un asiento, se convirtió en lugar de encuentro, retiro o contemplación.

Sin descanso, no hay fuerza ni lucidez. Esto no es una propaganda de colchones, pero ¿podemos revisar el tema? ¿O por lo menos el de las almohadas? Que el recordatorio no llegue por el dolor de cuello matinal. De los almohadones y el throw nos ocupamos después, bien fresquitos.






