
Jay Kay: un tipo normal
Con la reciente llegada a las bateas de "Dynamite", nuevo álbum de Jamiroquai en cuatro años, el cantante asegura estar lejos de las drogas y con ganas de subir a un escenario
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MADRID (El País).- Martes 14 de mayo de 2002. Jay Kay acude al estreno de "Episodio II: El ataque de los clones". A la salida de la céntrica sala londinense, decenas de fotógrafos de la prensa, cámaras de televisión y anónimos adictos a la fama, a cualquier fama, se agolpan en la acera para ver salir a toda esa gente que, aunque está "forrada", nunca paga por nada. Jay se dirige hacia su nuevo Bentley y maniobra, no de muy buenas maneras, para evitar a la muchedumbre. Escucha un golpe en su auto y retrocede. Baja del vehículo y se dirige hacia los fotógrafos. "¿Quién fue?" No hay respuesta, sólo flashes. Empieza a señalar. Una estrella del funk adicta a los sombreros y al moonwalking está rifando un puñetazo. Se decide por un fotógrafo. Le arranca la cámara y cuando va a golpearlo, el fotógrafo le pega un cabezazo a Jay y le rompe la nariz delante de una audiencia potencial de 60 millones de británicos. "Cuando voy al baño soy consciente de que mucha gente está cronometrando lo que tardo, para asegurarse de que sigo tomando drogas. Pues se equivocan. Estoy limpio y podría ser parte del equipo olímpico británico de meadas rápidas. Además, la línea de bajo de «Feeels Like It Should» (primer corte de su nuevo álbum) se me ocurrió orinando."
Jay, 35 años llevados al extremo, se sienta en una butaca del SoHo Hotel, una suerte de catarsis del diseño en pleno SoHo londinense. Con más de dos horas de retraso y realmente cansado después de un intensivo día de promoción, el líder de Jamiroquai, banda que es un tipo con un gorro ridículo y tres mercenarios, se dispone a afrontar con deportividad la última entrevista para presentar "Dynamite", su sexto álbum, el más completo y logrado de su, al menos musicalmente, monolítica carrera. Y hablando del disco, este año su voz también suena como Stevie Wonder.
En la cama se sientan tres tipos que, al principio, pensamos que son sus abogados, sus guardaespaldas o sus camellos (siempre hay algún mal pensado), pero resulta que son su banda, y que incluso se creen con derecho a responder algunas preguntas o criticar a los concursantes de la versión británica de "Operación Triunfo". Pero aquí el que manda es Jay. Por algo ha vendido más de 20 millones de discos. "Ha sido bastante complicado grabar el álbum. Nos ha costado mucho encontrar el sonido. Esta vez debía ser perfecto. Hemos estado grabando por todo el mundo, desde Costa Rica hasta España. Y al final tuvimos que construir un estudio en mi casa porque, mira, me encanta viajar, pero no hay nada como trabajar en casa."
Siempre ha sido un trabajo muy duro para Jay. Mujeres bellas, una mansión de más de 4 millones de dólares con piscina, más de 28 hectáreas de campo, circuito de karting y un costo anual de mantenimiento de 440.000 dólares. Hay que vender muchos discos para mantener esta suerte de Neverland en Buckinghamshire. ?Todos dicen que hay crisis, pero yo no veo que la cosa esté tan mal. Hace cuatro años que no edito nada, y estoy seguro de que la gente no se va a olvidar de mí. No puedo esperar a volver a los escenarios." Después de volver del baño, Jay afirma que es demasiado orgulloso como para arrepentirse de nada en público, y no puede negar que es adicto a la fama y a vivir al límite. "Siempre he sido el que se acercaba al borde de la montaña. El que iba un paso más allá. Si no te arriesgas, no triunfas." Durante el período de grabación en Costa Rica, y mientras el resto de la banda hacía turismo por la zona, Jay se quedaba encerrado en su habitación tomando cocaína y llegando a estar despierto tres días seguidos. "A veces pienso que es un milagro que este disco exista. Por eso es tan maravilloso, porque es un maravilloso milagro. La fama puede ser una porquería si no sabes qué hacer con ella. Y el dinero, lo mismo."
Pero él siempre ha sabido qué hacer con el dinero. Gastarlo podría ser uno de sus más grandes talentos, aunque él insiste en destacar otras facetas. "¿Qué es lo que hago mejor? Pues creo que entretener a la gente. Creo que eso lo hago bastante bien. Y ganándome minitas argentinas soy un crack. La chica que sale en el video es argentina, Dios, qué buena estaba." Parece que todavía sigue siendo genial ser Jay Kay. "Ser Jay Kay no está nada mal, para qué engañarnos."
Redentor disco funk
Pasaron cuatro años desde "A Funk Odyssey", el último trabajo de estudio de Jamiroquai o la banda británica que en la última década se propuso inmortalizar la música disco y funk, actualizándola a tiempos de electrónicas pistas de baile. Y en este punto de su línea de trayectoria llega su disco más redondo desde "Traveling Without Moving", el álbum de 1996 que puso a sonar en todo el mapa "Virtual Insanity". Groovero, explosivo como su nombre y, quizá por lo versátil, tan difícil de parir, "Dynamite" rompió el hielo en la Web: el moderno site de Jay Kay y compañía (jamiroquai.com) puso a disposición el corte "Fell Just Like It Should" antes de que las radios lo hicieran rotar a más no poder, reteniendo además a sus fieles internautas con un videogame, donde el que arroja la dinamita más cerca del villano, obviamente, gana. Pero además de pólvora, en "Dynamite" hay tracks con la firma inequívoca del gurú del funky electrónico, baladas de guitarras acústicas, aportes al cancionero pop y un guiño rocker hacia el final del CD, que tampoco excluye el dedo índice sobre la figura de Mr. George W. Bush ("¿Por qué este hombre desafía a la tormenta y nos incendia a todos?", se preguntan en "World That He Wants"). A él, explícitamente, no le agradecen el disco.
El loco mundo de JK
Chicas Entre sus más populares conquistas están Winona Ryder (bueno, esto tampoco es tan extraño) y Denise Van Outen, una presentadora y actriz muy popular en el Reino Unido, con una insana tendencia a narrar en directo su vida privada. "Es que a Denise le encantaban los tabloides." Se rumorea que Heidi Klun no sólo hizo el papel de su novia en el video de "Love Foolosophy" (rodado en Marbella) y, recientemente, Mel B, ex Spice Girls, fue motivo de mofa en toda la prensa británica por sus desesperados intentos por acostarse con nuestro héroe.
Su choza: Jay Kay posee una mansión en Buckinghamshire que es más propia de un millonario excéntrico y sesentón que de un cantante pop. La compró con sólo 28 años. "Mis amigos me decían que era una casa para un viejo, pero es lo que siempre he soñado." Tiene más posesiones por todo el mundo, una de ellas en Tailandia, país que adora.
El gorro SuperFly: es un icono. Al principio el público pensaba que estaba calvo, pero no. Jay, que comparte estilista con Kylie Minogue (aunque la diminuta australiana lo despidió recientemente), podría plantearse una exposición con sus enormes gorros siberian.
Bólidos: ama la velocidad y los coches caros. Posee 20 modelos, entre ellos un Bentley, tres Mercedes Benz, un Aston Martin DB5, un Lamborghini, un Rolls Royce y tres Ferrari, una de ellos valorado en 1,5 millones de euros. "Desde mi soltería puedo afirmar que prefiero un coche rápido a una tía. Puedes confiar en ellos, no discuten y no van de compras."
Adidas Gazelle: tal vez las zapatillas que iniciaron la moda por lo retro. Cuando la palabra vintage todavía no tenía nada que ver con la moda, Jay recuperó este modelo de la marca alemana que hizo furor en los años setenta y lo convirtió en el más grande icono indumentario de la primera generación indie. Para la experiencia completa, el modelo azul, claro.






