
Jorge Luz Humor del grande
Como balance, puede decir dos cosas: que trabajó mucho y que, en su vida, se dio todos los gustos que quiso darse. Hoy, aunque piensa que se manosea mucho a los artistas, está listo para seguir con su especialidad: hacer reír
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Vos sos de familia portuguesa.
-Sí, Da Luz. Oscar Jorge Da Luz Do Santos Borbón. Mi papá era portugués, de la isla Madeira.
-¿Y hablaba con acento portugués?
-Sí, pero nunca nos enseñó portugués porque es un idioma muy cerrado. No es como el brasileño, que es diáfano.
-¿Cuánto tiempo hacía que estaban en la Argentina cuando vos naciste?
-Primero nacieron mis hermanos. Mi papá vino a los 18 años a América y mi mamá vino a los 12, desde Asturias.
-Los Borbón. ¿Sos de familia aristocrática?
-Mirá, no sé si seré de familia aristocrática, porque mi mamá de aristocrática tuvo que lavar ropa para darnos de comer, pero yo me he dado cuenta por muchas cosas que mi mamá era una Borbón. Ella jamás te iba a ofender, tenía unas sutilezas, unas generosidades, unas cosas de persona fina. Era amante de la ópera...
-Y vos eras el menor de los cuatro.
-Sí. Primero venía Juan José, después Carlos Alberto, Aída y yo, Oscar Jorge.
-¿Vos fuiste un niño artista?
-En el colegio, lo que más me gustaba era pasar a leer al frente, me encantaba. Eso ya era una actuación.
-¿Eras un pibe diferente de otros?
-No, no. En mi pueblo iba a bañarme en las zanjas. La felicidad mía era ponerme en patas los días de lluvia con una bolsa doblada en la cabeza y caminar en patas por el barro, ir a robar frutas a las quintas, ir a hacer fogatas, todas esas cosas que hacen los chicos que no las pueden hacer acá. Cuando nos vinimos a Buenos Aires, los días de lluvia me iba a caminar por la calle Chiclana y yo creía que era Mar del Plata.
-¿A qué edad se vinieron?
-Yo, a los ocho años. Yo soy porteño.
-¿Y cuando empezaste a ganar plata seguiste viviendo con tus viejos?
-Sí, sí, siempre viví en mi casa.
-¿Hasta qué edad?
-Y, hasta ahora. Siempre viví en mi casa.
-Pero digo con tu familia.
-Siempre viví con mi familia. Con mi madre... Mi madre se murió, ahora estoy viviendo con mi cuñada porque se murieron mi mamá y mi hermano. A mí me gusta la familia. Yo no podría vivir solo.
-¿Cómo llegás al espectáculo? ¿Por Aída?
-Por Aída. Ella arrancó primero, como cancionista. Cantaba tangos, boleros, pasodoble. Un día ella empezaba un radioteatro y entonces me dijo: "Acompañame que vamos a grabar. Tengo que grabar unos avances". Se grababa en esos discos de pasta. Era por Plaza de Mayo, siempre me acuerdo. Pedro Tochi, que era el director, le dijo: "No, Aída, vamos a tener que venir otro día porque faltaron dos actores". Aída ya trabajaba mucho, como loca, entonces me dijo: "¿Vos no te animás a hacerlo?" Y me animé...
-¿Qué edad tenías?
-Tendría 16. Tenía que hacer de mazorquero. Tenía que decir (agrava la voz): "Viva la Santa Federación. Mueran los... Entregate Juan Cuello, somos de la partida". Me quedé, me contrató.
-¿Qué radio era?
-Radio Argentina, cuando quedaba en la calle Florida. Ahí trabajé con Evita.
-¿En serio?
-Yo estaba en el elenco estable y ella hacía una obra a las diez de la mañana que se llamaba Un trapito en la sombra. Lo que me acuerdo de ella es que era alta y con un cutis impresionante, como de porcelana. Te hablo de 1942.
-¿Cómo surgieron Los Cinco Grandes del Buen Humor?
-En un programa de Radio El Mundo, Mis alumnos queridos; yo hacía de nene, de grande y de viejo. Y Zelmar Gueñol, que trabajó ese día, me dijo: "Qué lindo ese chico que hace usted". De usted nos tratábamos. Me presentó a Tito Martínez del Box y entré en el grupo de ellos, La Cruzada del Buen Humor. De ahí vino la película Cuidado con las imitaciones, que fue un éxito increíble. Entonces formamos el conjunto Los Cinco Grandes del Buen Humor.
-Se abrieron de Tito.
-Nos abrimos de Tito. El era como el conductor, porque él no escribía los libretos, los escribía Máximo Aguirre. Ya los chicos estaban un poco saturados de él. Yo entré con buen sueldo. Y Tito Martínez del Box me llama y me dice: "Yo lo quiero exclusivo. Usted va a trabajar seis meses, pero los otros seis meses yo le pago. No quiero que usted haga ningún programa de radio". Entonces me ofreció una cifra grande.
-¿Te acordás cuál era la cifra?
-800 pesos, mucha plata. "Pero no le diga nada a nadie de los muchachos", me dice Tito. Entonces me llamaron ellos y me dijeron: "Vamos a formar nuestro propio grupo". Máximo Aguirre se vino con nosotros.
-Empezaron a ganar mucha más plata...
-Mucha más. Pero la pasamos bravo, porque cuando íbamos a debutar vino la orden de arriba de que no podíamos.
-¿Por qué?
-Porque había ido el señor Tito Martínez del Box a decir que nos había echado del elenco por comunistas. En aquel entonces decían que eras contra o zurdo y te echaban.
-Claro, era en medio de la guerra mundial.
-¡No, en la época de Perón!
-Una porquería Tito Martínez...
-Sí, cuando la gente es ruin...
-Si ustedes hubiesen estado en los Estados Unidos eran los Hermanos Marx.
-Sí, y si Niní Marshall hubiese estado en los Estados Unidos hubiera sido única en el mundo.
-Ustedes filmaban una película tras otra.
-Sí, sí, sí. Filmábamos como locos, una atrás de otra. Y películas bien hechas, ¿eh?, no rascadas.
-¿Y la relación entre ustedes cómo era, con Rafael Carret, Guillermo Rico, Zelmar Gueñol y Cambón?
-Eramos compañeros, pero con el tiempo nos hicimos amigos. Porque en todo elenco, como en toda familia, hay muertes, hay dolor, hay angustias, y todas esas cosas hermanan. Especialmente con Gueñol. Era exagerado de honradez.
-¿Lo único que hicieron en la televisión fue La hostería encantada?
-Trabajamos también con Jean Cartier, en La revista de los sábados. Era todo en vivo, en Canal 7.
-¿Y por qué se separaron?
-Primero murió Cambón y después lo contrataron a Guillermo Rico para cantar en Colombia. Quedábamos tres: el Pato, Zelmar y yo. Entonces deshicimos el conjunto y cada cual fue por su lado... El Pato se fue al Maipo o al Nacional, Zelmar a hacer teatro clásico y yo a Caminito, con Madanes, a hacer ocho temporadas.
-Y ahí ya era menos guita.
-Claro, era teatro clásico.
-Pero te gustaba.
-¡Sí! Era otra cosa. Madanes me ha hecho hacer de todo, zarzuela, comedia musical, clásicos, Molière, todo lo hice yo.
-¿La hostería encantada la hicieron cuando se inauguró Canal 9?
-Sí. Era muy buena. También la había escrito Aguirre, pero lo borraron todo. La traviatta, que era tan graciosa; las Obras maestras del terror, como las de Narciso; todas las parodias las hicimos.
-¿Y por qué la levantaron?
-Cuando vino Romay... A Romay no le gustaban las cosas cómicas. No sé si es porque no tenía humor o porque lo veía chabacano. Y levantó el programa.
-¿Qué hacías con la plata, Jorge, cuando ganabas mucho?
-Vivir.
-¿Invertías?
-No soy de hacer negocios. Vivo al día, no soy de juntar plata. Si puedo vivir, vivo. Si no vivo, Dios dirá.
-¿Después de Caminito qué siguió?
-Entré a la televisión con Operación Ja Ja. Ahí hice muchos personajes que pegaron.
-¿Te acordás de alguno?
-Sí, la vieja ésa, la Etelvina, viuda de Menéndez Caretti, la que le iba a pedir a los artistas que actuaran. Improvisaba todo. Iba a tu casa y decía (imita la voz del personaje): "Ya sé, usted es Pepe Iglesias". "No, no, yo soy Guinzburg." "!Ay!, Guinzburg, yo lo adoro, lo adoro. Mis sobrinas nietas tienen lleno de pósters el baño." Te venía a pedir que actuaras en un festival a beneficio del cotolengo de los chiquilines que andan peloteando por la calle. A Luppi el día que le dije (imita al personaje): "Mire, Luppi, yo sé que usted está muy atareado con eso de las novelas que hacen por televisión. Pero usted no va a tener que estudiar nada. A mí me dan el hall de Retiro, entonces lo vamos a colgar con una cadena con dos alitas, como una abeja, y va a hacer la vida de las abejas. Entonces usted no va a tener que estudiar letra. Hace bzzzzz......"
-Y después empezó lo de Porcel. La Tota y la Porota.
-Lo empezamos a hacer en Canal 11, en un programa que se llamaba Domingos de mi ciudad, o algo así.
-Que estaba también Marquitos Zucker.
-Sí. "¿Cómo les va, señoras?", nos decía Javier Portales. (Imita la voz de la Porota): "Vengo a ver a los artistas. Usted es Portales. Qué gordo que es usted. Sale más mejor en la televisión". Era así. Entonces la gorda decía: "Yo vengo a ver si me puedo levantar a alguien".
-¿Te llevabas bien con Porcel?
-Sí, pero es difícil, es difícil el Gordo... Yo siempre fui muy tranquilo, nunca me gustó discutir ni pelear. Cuando me tengo que ir me voy, digo chau y se terminó. No soy de pedir una línea más para mí. Pero él sí era así.
-¿Cómo fue que conociste a Niní?
-Me la presentó Aída. Hay una película que se llama Los celos de Cándida donde yo soy muy flaquito y voy siguiéndola a ella, que iba con un traje de bañista en Mar del Plata. Yo era un extra y para mí Niní era... Entonces un día vamos a una reunión y me la presentan y yo casi me hago pis. Nos hicimos muy amigos.
-Vos le causabas mucha gracia.
-Sí, sí, sí.
-¿Y te criticaba cosas?
-No, no me criticaba, tenía muy buena educación. Ella admiraba a la gente. Ella decía: "Yo no digo malas palabras, pero Pinti las sabe decir muy bien".
-¿Se respeta al artista hoy en la Argentina?
-Si es por el público sí, el público te respeta. Es uno de los públicos más respetuosos.
-¿Quiénes no te respetan?
-El que te llama para grabar pilotos y después no te llama para decirte si se vendió o no se vendió. O el que te llama para una obra, te manda el libro, lo leés todo y después te dice: "Mire, Luz, Guinzburg va a hacer el papel".
-Hay mucho manoseo.
-Hay mucho manoseo. Creo que antes había un poco más de respeto por la gente grande. A mí nunca se me ocurrió faltarle el respeto a una persona mayor que yo. Yo trabajaba en la radio con Muiño y con Arata y para mí eran intocables, para mí era mentira que estuviera trabajando con ellos.
-Y hoy con los chicos cuando trabajan con vos no se nota eso.
-No, no se nota. Y es lógico. Porque a un chico que le hacen hacer un casting y lo toman, porque el chico la pegó, a los dos días es protagonista.
-¿Tenés algún proyecto?
-Proyecto, proyecto, no. Yo no soy de decir: "Tengo ganas de hacer esto. ¿Vos me lo podés bancar?" Yo no soy así. Vos me tenés que decir: "¿Te gustaría hacer esto?"
-¿Hay algún premio que te falte?
-Tengo muchos. Gané el ACE y el ACE de Oro, que cuando lo gané casi me muero, porque era lo que menos me imaginaba. Los periodistas venían a preguntarme quién se sacaba el ACE de Oro, pero ellos sabían, y yo, inocente, decía: "Norma Aleandro, ¿quién se lo va a sacar?" Cuando dijeron Jorge Luz, casi me muero. Dije: "No voy a llorar, se lo dedico a un tío borracho ladrón que está en el cielo". (Pone voz de agradecimientos y dice): "Le dedico a mi madre, a mi padre, a un maestro de Villa Cañaza, al clítoris de mi maestra que me lo metía en la oreja".
-¿Tuviste un tío chorro?
-No, mentira.
-Yo recuerdo una imitación de Tita Merello que habías hecho. ¿Cómo vivían los otros actores tus imitaciones?
-Tita me lo dijo una noche. Yo hacía una imitación de Tita que tenía mucho éxito. Yo contaba toda la historia de Tita, todo con libreto mío. (Imita la voz de la Merello): "Cuando era una muchacha me hacían hacer de vieja, y ahora que soy una vieja me quieren hacer de muchacha. ¿Qué tienen en la cabeza?" Y entonces yo hacía la imitación de Tita y alguien me dijo un día que Tita estaba en la platea. Y yo, por las dudas, no cambié nada. Y de repente veo una cosa que sube por la platea y dice (otra vez pone voz de Tita): "Este muchacho grande, que gracias a ellos y no sé qué, no sé cuánto, qué lindo que sos. Vamos a cantar juntos: Vamos, subiendo la cuesta..." Fue una emoción muy grande.
-Hace muchos años habías hecho una parodia de El lago de los cisnes? Qué lindo que era.
-Sí, sí. Eso lo hacía en París, con música de Piazzolla. Salía con un lengue, un sombrero y un facón, insultaba a un farol, le clavaba el cuchillo y bailaba Lo que vendrá en puntas de pie. De esto hace cinco, seis años.
-¿En cine qué fue lo último que hiciste?
-El juguete rabioso, que todavía no se estrenó, de Javier Torre. Ahora estoy haciendo una que se llama Loco.
-¿Es buena?
-Sí, no sé, yo hice lo mío.
-¿Sentís que estás ocupando el lugar que tenés que ocupar en el espectáculo o que te tendrían que llamar mucho más?
-Como no soy ambicioso...
-Más allá de que no seas ambicioso.
-Si fuese otra persona, diría: "Yo quisiera protagonizar una comedia". No. No estoy cansado de trabajar, pero sí me tomo mi tiempo.
-No hemos hablado nada de sexo en todo el reportaje.
-¿Y para qué vamos a hablar de sexo?
-No vamos a hablar de sexo.
-A los 75 años hablar de sexo. ¡Dejate de embromar!
-Pero la hemos pasado bien...
-Sí, pero hay un olor a próstata que mata.






