
El flamante alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, representa un movimiento que se reproduce en varias ciudades importantes del mundo como Vancouver, Madrid o Taipéi. Nacen nuevos modelos de liderazgo alejados tanto de las elites tradicionales como de los clásicos partidos de izquierda.
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Por Gonzalo León
Valparaíso fue el principal puerto de Chile y, en una época, una ciudad aún más importante que la capital. Como puerta de entrada del comercio de ultramar, en ella se fundó el primer periódico, El Mercurio de Valparaíso, donde escribieron Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi. En esta ciudad y pese a que fue maltratado, el poeta nicaragüense Rubén Darío publicó Azul, el libro que cambió la poesía en castellano. Pero con los años y con la desidia y el abandono de sus gobernantes –alcaldes, diputados, presidentes– fue perdiendo esa relevancia política, cultural y de negocios. Hoy, ese Valparaíso es el mismo y a la vez otro. Aún se lo conoce como “el puerto” y a sus habitantes como “porteños”; sus cuarenta y tantos cerros son famosos no solo por la vista que tienen del océano Pacífico, sino también porque allí está la mayor parte de la zona residencial de la ciudad; los turistas aman recorrerlos, subir por sus ascensores y bajar por sus empinadas y largas escaleras; más abajo, en lo que se conoce como “el plan”, está la zona comercial, financiera, la Aduana y el Congreso Nacional, que fue llevado hasta ahí por Augusto Pinochet, quien también fue el encargado de clausurarlo un 11 de septiembre de 1973. Pese a que sigue siendo la segunda zona metropolitana más poblada del país trasandino y con una población universitaria importante, su relevancia es más bien simbólica.
Jorge Sharp, nacido en el extremo sur de la Patagonia chilena, es uno de los jóvenes que estudió en esta ciudad; recorrió los bares del Barrio Chino, subió esos cerros y conversó de política en algún campus de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Este joven de 31 años, que fue presidente de la Federación de Estudiantes de la PUCV, pertenece a la generación que se levantó contra los presidentes Michelle Bachelet en 2006 y Sebastián Piñera en 2011, movimiento del que salieron líderes como Camila Vallejo, Gabriel Boric o Giorgio Jackson, hoy diputados nacionales. De una manera similar a la de sus predecesores, Sharp construyó un liderazgo que se fue abriendo camino entre los bloques tradicionales, el progresismo de la Nueva Mayoría y la derecha de la Alianza. Su triunfo fue atribuido a diversos motivos: un cansancio de los votantes de los políticos tradicionales, el hartazgo de los casos de corrupción que han salpicado por igual a ambos bloques, pero también por una cuestión muy local, esto es, la unión de sindicatos, organizaciones sociales nucleadas en lo que se llamó Pacto La Matriz, en referencia a la mítica iglesia ubicada en pleno Barrio Puerto o Barrio Chino de esa ciudad, el barrio por excelencia de la prostitución, los marineros y la actividad portuaria. Sharp supo sumar y liderar algo que ni él imaginaba. A comienzos de diciembre asumió como alcalde, y este hecho tiene, como todo lo que ocurre en esta ciudad, otra importancia simbólica, porque es la primera vez que alguien de la generación de estudiantes ocupa este cargo y en una ciudad importante.
¿Pero qué está cambiando en el mundo? No es solo en Chile donde se dan estos nuevos liderazgos, especialmente urbanos. Gregor Robertson en Vancouver, Manuela Carmena en Madrid, Ko Wen-je en Taipéi, Kadir Topbas en Estambul (ver recuadro), de todos ellos el más joven es Sharp. Una nueva conducción transversal, democrática y alejada de las elites clásicas acerca y cautiva al electorado. En especial, renueva las esperanzas de los votantes tradicionales del progresismo.

El alcalde Jorge Sharp está sentado en una mesa de un café en el subterráneo, en pleno costado de la Plaza Victoria. Junto a él hay dos asesores, a los cuales les va preguntando asuntos de su agitada agenda mientras los meseros colombianos le sirven su pedido. Viste una camisa blanca y su pelo, limpio, algo fino, se le cae hacia un costado cuando pone énfasis en una respuesta. A diferencia de otro político tradicional, en su aspecto no hay nada ostentoso que lo caracterice; es más, si uno no supiera que es el nuevo alcalde de Valparaíso, perfectamente podría pasar como un chico que conversa con sus amigos, con una imagen también lejana a la de los tradicionales asesores: su encargado de prensa es aún más joven. Sharp se acaba de titular como Abogado, así que de no haber ganado la elección, lo más probable es que hubiera seguido trabajando en el estudio jurídico OLS de esa ciudad, especializado en organizaciones sindicales, parte de lo que más le gusta.
Luego de escuchar una pregunta con atención, el joven alcalde se lanza con una teoría de lo que está pasando en el mundo con estos nuevos liderazgos. De hecho, siente cierta identificación con el movimiento español Podemos. Para él, las manifestaciones estudiantiles, que en rigor se iniciaron en 2001, continuaron con mayor visibilidad en 2006 y aún más en 2011, cambiaron todo porque se cuestionó por primera vez el modelo económico neoliberal, con el eslogan “No al lucro”. “Ese cuestionamiento ha sido tomado por otras manifestaciones, como las de No + AFJP”. Esta generación cuestionó un modelo que parecía incuestionable y que las elites progresistas sacramentaron durante los gobiernos de la Concertación, hoy llamada Nueva Mayoría (NM). Quizá por eso Sharp se anima a decir que “somos parte de una generación sin miedo, que no vivió la tragedia de la dictadura ni el trauma de la transición” y por eso también fueron los estudiantes quienes se dieron cuenta de que la educación era “un bien de mercado y un motivo para el endeudamiento de sus familias”.
Además de ser parte del Movimiento Autonomista (MA) que lidera Gabriel Boric, cree que la construcción de su conducción es parte de una concepción de la política como hecho colectivo. “Acá no hay superhombres, sino liderazgos colectivos. Fui parte de procesos de movilización, eso está en mi historia. También hay algo que tiene que ver con el Movimiento Autonomista, que es lo que yo encarno”. Para Sharp, su espacio político se basa en establecer nuevas mayorías en búsqueda de una alternativa real con auténtica vocación democrática. Esta vocación se demostró cuando él se enfrentó en las primarias con un representante de organizaciones sociales del Pacto La Matriz, Daniel Morales, y ganó por un puñado de votos: los resultados dijeron que Sharp sería alcalde y Morales, concejal, es decir, dos miembros de esta nueva política entraban al concejo municipal.
En su programa se señala la necesidad de dejar atrás las prácticas de la vieja política. Sin embargo, hoy hay muchos movimientos y partidos que llaman a dejar atrás la vieja política, tal como hace el PRO, cuyos dirigentes recalcan que vienen por fuera de los partidos: del empresariado, de asociaciones sociales y deportivas como Boca Juniors, etcétera. “La renovación de la política”, afirma para diferenciarse de estos otros movimientos, “va unida a proyectos de país, y el duopolio formado por la Nueva Mayoría y la Alianza han administrado el país de manera similar, bajo un mismo modelo económico”. Como contrapartida, él está por cultivar relaciones con el resto de los países latinoamericanos y por cuidar los recursos estratégicos en contra de seguir privatizando los derechos sociales y de la Constitución de Augusto Pinochet. “Este duopolio –continúa– se ha repartido el país”. En cuanto a posibles comparaciones con Macri, es tajante: “Nosotros estamos muy alejados de lo que significa Macri por una cosa muy sencilla: nosotros somos lo opuesto”.
El triunfo en las elecciones de octubre lo explica primero por una muy buena campaña, pero más importante todavía por la crisis de representatividad del histórico duopolio “y lo que viene pasando con los escándalos de corrupción”. No hay que olvidar que el hijo de la presidenta Bachelet se vio involucrado en uno de estos casos y el ex presidente Piñera está siendo investigado por unas inversiones en Perú al mismo tiempo en que su gobierno negociaba un reclamo marítimo entablado por ese país. Para Sharp, la cosa es muy clara: “La vieja política y la clase empresarial son dos caras de la misma moneda, porque si no, no se entiende que los políticos estén gobernando para los empresarios”. Recuerda que un senador de derecha recibía millones de pesos a cambio de que la ley de pesca favoreciera a las cinco familias más poderosas.
Otro de los temas que le preocupan a este joven alcalde es el neoliberalismo. En su programa de gobierno, sin embargo, no menciona el capitalismo. Muchos han dicho que el gobierno de Cristina Fernández, así como otros gobiernos populistas latinoamericanos, han sido capitalistas, pero no neoliberales. Él, desde la mesa del café, observa que el ciclo de oro de los gobiernos populistas le llamó la atención, porque “en menos de 10 años lograron paliar el hambre y la desigualdad social. En Chile deberíamos revisar qué cosas se hicieron bien en esos países, qué cosas mal y qué podríamos aprender de esas experiencias”. Pero a la hora de definiciones más profundas, se distancia de estos gobiernos populistas porque cree que el capitalismo que esos gobiernos sostuvieron ha fracasado, al menos, en tres grandes tareas: vencer el hambre, proteger el medio ambiente y promover una verdadera democracia más allá de la concentración de capitales. En este sentido, “el desafío es cómo pensamos una sociedad posneoliberal”.
Durante su campaña recibió diferentes apoyos de miembros y dirigentes de la NM: se dice que otra de las razones de su triunfo fue el modo en que se generó la candidatura a alcalde de Valparaíso por ese bloque y que finalmente llevó a un cantante popular como candidato, cosa que desalentó a muchos y que hizo, por ejemplo, que una ex ministra de Bachelet lo apoyara decididamente. ¿Hasta dónde es capaz de aceptar apoyos de otros sectores sin que signifiquen una construcción real de otro espacio político? Aquí reitera que la tarea es construir un país distinto, “y a ese desafío están convocados todas y todos, pero con el objetivo claro de construir una alternativa de gobierno. Hay mucha gente que votó por nosotros y que busca esa alternativa. La política, al menos en Chile, se está moviendo hacia la izquierda”. ¿Tienen futuro políticos como Sharp en Chile y Latinoamérica?

Gabriel Boric dijo en una entrevista que con el triunfo de Sharp se terminó “la democracia «en la medida de lo posible»” y que se abría paso una veradadera posibilidad de transformar el país. La frase nada inocente hizo referencia a aquella otra frase del primer presidente de la posdictadura, Patricio Aylwin, cuando, luego de los resultados de la comisión que investigó los delitos de lesa humanidad durante la dictadura chilena, señaló que en su país iba a haber “justicia en la medida de lo posible”, término que identificó posteriormente ese período de la historia trasandina. Jorge Sharp no está muy de acuerdo con la frase de Boric porque “la transición terminó años antes que mi elección, con los movimientos sociales del 2006, ahí comienza otro período de nuestra historia más reciente”. No por eso desconoce la importancia de su triunfo ya que, “como he dicho, si ganamos, es porque algo cambió, al menos en Valparaíso. En lo nacional es otra cosa: puede significar un caudal de experiencia y conocimiento, pero no creo que esta nueva alternativa llegue de la noche a la mañana a ocupar un puesto de relevancia”.
Una de las virtudes que tienen todos estos jóvenes líderes de la política trasandina es precisamente su falta de experiencia en las grandes lides y en no haber estado expuestos a la corrupción. Se sabe que el desafío de conducir gobiernos locales y de detentar el poder incluye diferentes complejidades como armar equipos y demostrar a la comunidad que, a diferencia de los cargos de representación parlamentaria, se puede hacer lo que se prometió en campaña. Sharp tiene claro que lo más difícil radica en la transformación social. Que se trata de algo transgeneracional que no podrán solucionar solo los jóvenes: “Nuestro triunfo no es un éxito generacional, los profesionales, los sindicatos, muchas fuerzas sociales locales como el Pacto La Matriz y también nacionales como el Movimiento Autonomista fueron parte necesaria para llegar. Al cambio están convocados todos, independientemente de la edad que tengan”. El desafío inmediato es hacer convivir esas dos fuerzas: las locales y las nacionales, porque su figura, por haberles ganado a la derecha y al progresismo y también al concejal Daniel Morales, es la de un representante local puro. Hay que estar pendientes de cómo aglutinará y hará realidad esa vocación de sumar y no de restar, sin –claro está– desarmarse. Lo bueno es que no solo es un fenómeno aislado en el mundo, tiene experiencias que le servirán a modo de guía. B






