
Juana, por otros caminos
A pesar de que mucha gente todavía le pregunta cuándo volvera a la televisión, Juana Molina da vueltas por el mundo para actuar, aunque con sus canciones. Viene de ser telonera de David Byrne en los Estados Unidos y pronto partirá hacia Europa, con una extensa gira, pero antes se presentará el sábado, en el San Martín
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Sincerémonos. ¿Qué probabilidades hay de que edites un disco en Japón, lo escuche un turista inglés amigo del dueño de un sello británico y que, tiempo después, te encuentres de gira por Estados Unidos con David Byrne? Pocas para todos, excepto para Juana Molina.
En el año 2000 hablamos con ella de lo que había que hablar, de su disco "Segundo", de su alejamiento de la actuación y, principalmente, de la tele; en 2002, "Tres cosas" nos llevó de nuevo a conversar con la hija de Chunchuna Villafañe y Horacio Molina, y la particularidad era su inserción en el mercado japonés. Ahora teníamos otra excusa de peso para reencontrarnos con Juana: su experiencia abriendo la última gira de David Byrne por Estados Unidos y su próxima incursión europea. En realidad son eso, excusas, porque conversar con ella es una experiencia notable.
Pero vayamos directo al incidente Byrne para empezar a conocer a una cantautora (¿pop?, ¿electro pop?; abran juego, señores) que dejó de preocuparse por la pregunta del millón. "¿Vas a volver a la tele?", le siguen inquiriendo por ahí y ella ni mu. "Es un tema que ya no me preocupa más, no porque dejara de pasar, sino porque me despreocupé de lo que no puedo manejar." Afuera ya es de noche y en el micromundo de Juana todo está en calma. Un parque bien verde que desafía al invierno, una pileta que espera la llegada de su temporada y dos casas: por un lado el hogar de Juana, su hija Francisca y su marido, el artista plástico Federico Mayol; por el otro, el estudio de la cantante. Allí aguardan una computadora, un par de teclados y un rico café para acompañar la charla.
-¿Sabías que hay mucho material tuyo en los sitios de música europeos y norteamericanos?
-Nadie es profeta en su tierra. ¿No? Ellos me reciben sin prejuicios y sólo le prestan atención a lo musical. Nadie piensa cosas de mí, nadie sabe nada. Sin embargo, en las bios, siempre ponen ex comediante argentina...
Es cierto, eso es lo que dice la página oficial de Domino Records, el sello inglés que primero editó "Segundo" en Estados Unidos, después lo lanzó en Europa y en septiembre estará sacando en ambos mercados "Tres cosas". Un dato: Domino es el sello indie británico del momento. De ahí surgieron los Franz Ferdinand y en el último número de la prestigiosa revista New Musical Express aparece un disquito de regalo con temas de Elliot Smith, The Kills, Pavement, Sons & Daughters, Clinic y Stephen Malkmus & The Jicks, entre otros nenes.
"Todo vino por Japón, yo fui varias veces allá y era el único lugar donde estaban mis discos, además de la Argentina, claro. Un amigo del dueño de Domino se lo compró y le pasó algunos temas en MP3. Así de simple." Tan sencillo como que Juana arrancará en septiembre una gira europea sin precedentes para un músico desconocido en su tierra como tal.
Tenemos el asunto Byrne pendiente y vayamos a él. Juana sigue hablando, tira alguna que otra verdad, se contradice, lo reconoce y ni se inmuta cuando relata la historia que la unió al ex líder de Talkin´ Heads y fundador del sello Luaka Bop. "Yo estaba de gira y un día Federico me llama y me comenta que me había escrito David Byrne. Y yo me empiezo a reír y le digo: «Dale, no me jodas, quién escribió». Hasta que lo vi y era él nomás, comentándome que estaba preparando su gira por la Costa Este de Estados Unidos y ofreciéndome abrir sus shows. Yo no terminaba de caer, le contesté que sí, que me interesaba y le pregunté qué posibilidades había de que se concretara. «Te estoy esperando», me respondió y ahí entendí."
-Sorprende la invitación por el perfil de su sello, abocado a la world music. ¿Cómo llegó a tu música?
-Es cierto, sorprende, pero siempre hay una primera vez. En la gira, todas las noches Byrne salía a presentarme y ahí contaba cómo me había conocido. Era increíble porque toda la gente estaba esperándolo y el salía temprano, no a tocar sino a presentarme. Con mucho humor contaba que estaba buscando en Internet un disco de Sigur Rós y que apareció un pop-up (ventana) con la inscripción: "¿Te gusta ese disco, entonces por qué no probás con éste de Juana Molina?" Y le ofrecía escuchar "Segundo". Al final remataba diciendo: "Y tenían razón, porque se transformaría en uno de mis discos favoritos de todos los tiempos". Y ahí me dejaba en el escenario, solita, con mi guitarra.
Está claro que la simpleza y la casualidad son dos de sus aliados. La fortuna la llevó a girar por el mundo y la simpleza es su mejor compañera. Varias malas experiencias con compañías discográficas le hicieron tomar el control absoluto de sus discos, de sus conciertos, en fin, de su tiempo. "El material es mío en todas partes del mundo. Yo licencio los discos por un período y si la cosa va bien los vuelvo a licenciar. Después de algunas experiencias dije: «Para que salga mal prefiero que me salga mal a mí». ¡Y me salió bien!
Pero existe una prehistoria de Juana cantante y ésta reconoce un primer capítulo en Los Angeles. Ya había concebido "Rara", su álbum debut y los memoriosos recordarán un video de ese disco que mostraba a la Molina en un depto, amenazada por una extraña inundación que empezaba por cubrir los muebles y que seguía con ella. Pero aún no había consumado el duelo de "sus hermanas". -Me radiqué un año allá porque en Los Angeles me pasaban en la radio y si quería dedicarme a la música debía ir a la ciudad que mejor me recibiera. ¿No? Ahí empecé a componer las canciones de "Segundo", conocí mucha gente y creo que sembré algo.
Pero pasaron más de cuatro años ya de esa experiencia. Desde entonces su base es la casa próxima a Pacheco, su jardín, el hogar a leña y esa pileta que espera por la llegada del verano. "Ahora estoy medio atomizada de tanto viajar. Este año ya pasé los 70 conciertos y todavía me queda la gira más extensa, la europea. Recién voy a parar en octubre. Quiero quedarme en casa por lo menos tres meses para terminar el próximo disco, ordenarme ?" El resto lo entendemos perfectamente cuando aparece Francisca, una pequeña Juanita de 10 años y largos pelos rubios. Sus gestos son indisimulables, la comida está lista y la agradable rutina familiar ya se está alterando por la presencia del cronista y el fotógrafo.
A propósito de las fotos, en cada clic Juana desnuda sus temores. La lucha interna con su ego puede manejarla con filosofía zen, pero cuando se ve reflejada en una fotografía no hay quien la convenza. No se gusta y menos se va a gustar en este anochecer en el que confiesa que no se ha lavado el pelo. Podemos hablar largo, tendido y disfrutar de cada pasaje de la conversación, pero aunque insistamos no obtendremos las fotos que vinimos a buscar. Perseguíamos la idea de inmortalizar su mirada intensa, su rostro libre de muecas pero, ya saben, mañana será otro día y entonces iremos por la revancha. En realidad, las tapas de sus discos ya nos habían puesto en aviso: en "Segundo" todo está cubierto por su cabellera, salvo la nariz y la boca que se asoman tímidamente; en "Tres cosas", la protagonista es una sombra deforme de su rostro, con una prominente y pinochesca nariz.
-A diferencia de la mayoría de los músicos de América latina, vos estás entrando en el mercado anglo. ¿Cantarías en inglés para satisfacerlo?
-No, porque me importa muchísimo cómo digo las cosas y, por más que sepa lo que estoy diciendo, no reconocería la forma. En general, esos artistas que cantan en otro idioma son un pasticho horrible, con un sentimiento atrofiado. ¿Qué necesidad hay de cantar en otro idioma? A nosotros nos gustó siempre la música cantada en inglés, en francés. Yo nunca entendí nada de lo que escuché, pero me imaginaba cosas, palabras sonidos. En español tampoco sé las letras de nada, ni de las canciones que más me gustan y que oí 400 millones de veces.
-Sin embargo, en tus letras hay guiños e ironías. No pasan a un segundo plano.
-Es verdad. Por un lado está bien porque entendés todo lo que digo, pero por el otro sería mucho más libre tu escucha y lo que te puedas imaginar si no tuvieras ni idea de lo que estoy diciendo. De chica, escuchaba a King Crimson acostada en el piso de casa con un parlante por lado y partía. Me imaginaba todo un cuento que siempre se repetía. A lo mejor, si hubiese entendido las letras me hubiese acotado mucho más a lo que ellos estaban diciendo. A los norteamericanos les debe pasar algo similar con mi música. Se imaginarán sus cosas mientras yo estoy ahí, cantando al cohete.
Más tarde Juana hablará de que le gusta cuando se entienden las letras, reconocerá su contradicción, y expondrá su teoría sobre las palabras y la música de las palabras. "Muchas veces los músicos agregan palabras a las canciones que sobresalen de la melodía y distraen. Eso no me gusta, termina por arruinar la música y la letra, todo." Y es tan claro su concepto como que sólo ella puede meter en una estrofa el clásico "los pajaritos cantan, la vieja se levanta" ("¡Qué llueva!") e incluir el tema tanto en su disco "Segundo" como en un álbum de cuentos y canciones infantiles ("Oídos soñadores").
"Tengo una idea dando vueltas desde hace tiempo/ ¿Cómo es posible que el progreso sea tan violento?/ Una flor, un árbol, un aroma, los pajaritos/ Son valores que se van perdiendo de a poquito", canta Juana en "Sálvese quien pueda" y todo encaja. Un concepto sencillo, ingenuo en apariencia, pero tan cristalino que, cuanto menos, resulta placentero imaginársela a ella, con su guitarra, entonando con languidez esta estrofa en el Sónar de Barcelona (este año tocó en el festival de música electrónica) o en el Central Park junto a Bebel Gilberto, la hija de João. La charla llega a su fin, pero por suerte el año que viene tendrá listo un nuevo disco y nosotros una nueva excusa para volver a Juana.
Gira mágica y misteriosa
- Después de un largo silencio, Juana Molina se presentará sola el próximo sábado 4 de septiembre en la sala A/B del Centro Cultural San Martín. Luego emprenderá una extensa gira europea que la llevará por Escocia, Francia, Portugal, España, Noruega y, principalmente, Inglaterra. Allí, en la patria de su sello, Domino Records, tocará en Londres, Newcastle, Bristol y Nottingham. Todavía hay tiempo para que la gira se extienda a Italia y Alemania, pero a esta altura ésa es otra historia.
Somos argentinos, queremos tocar
- Si nos paramos en una esquina de Buenos Aires a preguntar por Burt Reynolds, quien más quien menos sabrá que se trata de un actor norteamericano que, por cierto, tuvo su época de oro allá lejos y hace tiempo. Pero si preguntamos por Reynols, la banda, las caras de asombro se sucederán. ¿De quiénes hablamos? De un cuarteto porteño formado por Moncho y Pacu Conlazo, Anla Courtis y Miguel Tomasin, experimental por donde se lo mire y que sólo tuvo algunas menciones en los medios locales por la particularidad de que Miguel, el baterista, tiene síndrome de Down. En la Argentina sólo editaron cuatro discos y un objeto de culto, el álbum "Gordura vegetal hidrogenada" (¡que no contenía disco alguno!), pero en el exterior se consiguen 40 discos esparcidos por Estados Unidos, Italia, Suiza, Alemania, Holanda y Japón. Eran la banda que acompañaba al doctor Socolinsky en la tele, y su delirio inicial de salir de gira por el mundo no sólo se concretó, sino que para algunos pasaron a la historia como una suerte de Residents criollos.
- Mientras gira por escenarios en clubes de Europa, su caso se muestra ejemplificador. "Hasta que no sos alguien afuera, acá no te dan cabida", dijo el músico electrónico Eduardo Gallardo (Mujik). El especialista en electro, elevado al rango de "promesa" por el alemán DJ Hell, no hace más que señalar una de las grandes penurias de los DJ y productores vernáculos: excepto contadísimos compilados, el mercado discográfico local ignora a los artistas del género. Sin embargo, cuando un argentino seduce con su material a un sello extranjero -como Mujik lo hizo en Inglaterra con el EP "Illectric Cities"-, el resultado se traduce en loas internacionales y un reconocimiento lacrimógeno fronteras adentro. Otros casos que confirman la regla: Capri, la dupla DJ Big Head, Ciudad Feliz.
- Cuando se llamaban Natas a secas, la banda de Sergio Chotsurian, Gonzalo Villagra y Walter Broide tocaba poco y nada en el país, pero ya contaba con un interesante prontuario en el circuito del stoner rock norteamericano. Apadrinados y editados por Mans Ruin, el sello de Nebula, tuvieron sus intensos viajes por el Medio Oeste yanqui, pero tuvieron que venir al país los promocionados Queens Of The Stone Age para que se empiece a hablar del stoner rock, primero y, luego, de sus máximos cultores locales, Los Natas.





