Justos o equitativos. El dilema de los padres para criar a todos los hijos sin diferencias
Los padres nos esforzamos por ser justos con nuestros hijos, por no darle más a uno que a otro, ya sea amor, atención, cuidados, mimos, regalos o exigencias, retos, responsabilidades y tareas. Pero resulta que es muy difícil lograrlo porque nuestros hijos son distintos, no tienen la misma edad, tienen recursos, necesidades distintas y pasan por momentos vitales también diferentes. Una hija puede necesitar ayuda en matemática y otra que la acompañemos a hacer deporte; un hijo precisa maestra particular y otro plantillas para los pies, a uno le podemos pedir que se quede en la mesa hasta el final de la comida pero a otro le permitimos levantarse, incluso lo mandamos a buscar más agua o la mayonesa para que se saque las ganas de pasear antes de volver a sentarse un rato más con nosotros. Y los hermanos ponen el grito en el cielo: "¡Es injusto!, "a mí no me hubieras dejado a su edad".
Lo que se pone en juego en nuestros chicos es el miedo de que papá o mamá prefieran al otro y por eso le den ventaja, y por eso observan y se quejan cuando notan diferencias. Ellos tienen derecho a enojarse por lo que consideran injusto y nosotros tenemos el derecho y la obligación de tomar decisiones que pueden molestar a alguno y que crea que hacemos diferencias.
La realidad es que, aunque nos pese, la vida no es justa y nuestra tarea es acompañar el dolor de nuestros hijos cuando consideran injusto algo de lo que ocurre, incluso escucharlos y no enojarnos con sus quejas y reclamos. Un solo ejemplo: es injusto para Juan que Pedro estudie poco y se saque excelentes notas y que él en cambio estudie mucho y sus resultados no sean tan buenos.
Los chicos miden y se comparan
Personalmente prefiero el concepto de que los padres tenemos que ser equitativos, es decir darle a cada hijo lo que necesita para crecer y desarrollarse, en lugar de ser justos y darle a todos nuestros hijos exactamente lo mismo. Cuando los adultos ponemos excesivo énfasis en la igualdad y la justicia los mismos chicos se lo pasan midiendo: el tiempo que pasamos con cada uno, lo que les damos, los regalos que les trajimos de viaje, la atención que les prodigamos.
"Nuestros hijos desean ser nuestro favorito, y temen no serlo, a menudo miran con atención buscando en nuestras decisiones las pruebas de que lo son… o de que no lo son"
Los chicos miden y se comparan. Pero a menudo los primeros que medimos y comparamos somos nosotros, demasiado atentos a su quejas y reclamos, sin darnos cuenta de que nuestra tarea no es darles a todos lo mismo sino acompañarlos en el enojo y el dolor cuando eso no es posible, hasta que entiendan – o por lo menos acepten- que no es cuestión de favoritismos sino que tratamos de darle a cada uno lo que necesita. Aunque desde el ángulo de ellos pueda verse como injusto.
Nuestros hijos desean ser nuestro favorito, y temen no serlo, a menudo miran con atención buscando en nuestras decisiones las pruebas de que lo son… o de que no lo son. Y esto les pasa más a los que se sienten inseguros de su valor o de nuestro amor.
Pensemos en ser justos en el largo plazo, aunque eso implica a veces pequeñas diferencias e injusticias en el corto plazo, ya que un bebé necesita más tiempo y atención que su hermano de cuatro años o que el de ocho. Y una niña con dislexia requiere mucha más dedicación adulta para sus tareas que su hermanos que no tienen esa dificultad.
Como escribí en el libro Latentes "con la teoría de la justicia e igualdad, cuando gasto en un hijo en psicopedagoga u ortodoncia, tendría que darle al otro el equivalente. Y no es así, acompañamos a cada uno en lo que le hace falta y gastamos de acuerdo a eso sin comparar ni medir. Ellos pueden quejarse algunas veces, pero de a poco entienden el concepto y dejan de medirse y compararse permanentemente". Y al crecer seguramente busquen ser equitativos con sus propios hijos.
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