La clave es escuchar al consumidor exigente
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Cuando supe que alguien estaba preguntándose en serio qué pasaba con el servicio de descorche en la Argentina, tengo que confesar que me alegré.
La cultura del BYOB ( Bring your own bottle , Trae tu propia botella) o descorche surgió a principios de los años 60 en restaurantes de Australia y Nueva Zelanda, y ya en los 70 comenzó a propagarse por Estados Unidos y Canadá, donde rápidamente se transformó en una política aceptada por los restaurantes. Sin embargo, no fue hasta los años 90, en Nueva York, cuando restaurantes refinados comenzaron a promover esta costumbre, lanzando la primera campaña de promoción del BYOB. El propósito fue desmitificar el vino y lograr que el combo alta cocina y vino fino fuese más democrático. ¡Y tuvieron éxito!
Mientras, en Europa este movimiento tuvo como principal exponente a Londres, famosa por ofrecer una oferta más económica de restaurantes que aceptaban descorche, siendo los de cocina asiática y los carritos de comida los que lo fomentaban ante la falta de una licencia para la venta de alcohol. Allí, el cambio se produjo entre 2009 y 2010 gracias a la visión de futuro de chefs que lograron que una selección de los mejores restaurantes comenzara a promover en las noches de entre semana el descorche, y al surgimiento de wine clubs que ofrecían este beneficio a sus asociados.
Abrazar una actitud más relajada y user-friendly buscaba combatir las conductas de trade down (cambio hacia un consumo de bienes más económicos) y frugalidad de los consumidores que tanto afectaron a los hoteles, restaurantes y caterings durante los peores años de la recesión mundial.
En la Argentina, esta tendencia hoy está en alza porque los consumidores son cada vez más foodies y exigentes. Y debemos escucharlos. Por ello, aquí van mis razones para que cada vez más restaurantes se sumen a esta propuesta:
1) Ponerles onda a las noches tranquilas del domingo, lunes o martes con clientes apasionados por el vino, en un ambiente relajado, donde puedan relatar sus aventuras enófilas o compartir esa botella que llevan tanto tiempo guardando para una ocasión especial.
2) Abrir la puerta a nuevos grupos de personas, como miembros de la prensa y el trade que necesitan mayor flexibilidad. Además, ellos también traerán a sus amigos y ¡harán recomendaciones!
3) La satisfacción del cliente. A partir de una comprensión mutua de las necesidades de estos nuevos consumidores, los visitantes se convertirán rápidamente en asiduos y fieles clientes que no dudarán en recomendarlo.
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