
La comodidad es un arma de doble filo
Hace cuatro años nos mudamos con mi marido a una casa con jardín en un barrio tranquilo, en las afueras de la Capital, y nuestro ritmo cambió. La casa te recibe de una manera diferente: al no estar inmersos en la ciudad, te tienta a quedarte y repensar los programas que antes sí o sí tenían que planearse puertas afuera. Nos encanta recibir, es un hogar lindo, acogedor y amplio, y disfrutamos de invitar a amigos, cocinar y hacer encuentros más caseros. Un par de días a la semana también se convierte en home-office, o sea que suma una función más.
A pesar de que amo estar en casa, también amo salir, explorar, recorrer, encontrar en el camino cosas que me sorprendan. Disfruto mucho de la vida social, al aire libre y de estar "afuera de casa": caminar, ir al teatro, a recitales, muestras de arte y a la simple búsqueda de estímulos. Pero es verdad que si quisiéramos no sacar un pie por la puerta de entrada, el abanico de opciones que tenemos para elegir para que todo pase indoors, es infinito. Delivery de comida, clases de yoga, chefs a domicilio, un restaurante mudado al living de tu casa, hacer tu huerta urbana, pedir masajes a domicilio, clases con personal trainer, pilates y así una catarata de servicios y amenities que todo lo hacen más fácil… y "feliz". Todo muy lindo y todo muy cómodo, hasta que caés en la cuenta de que el hogar termina siendo el centro de tu vida, de la cotidianeidad, del esparcimiento y hasta la diversión. Hoy la comodidad puede ser un arma de doble filo, cuanto más delivery y menos agotador parece todo, más atrae. Pero deja afuera un montón de opciones que bien valen la pena conocer y que no pasan puertas adentro.
El moverse genera energía, adrenalina, requiere de una elaboración mental, de pensar a dónde salir, dónde comer, con quién tengo ganas, con quién no, qué programa prefiero buscar entre la multiplicidad que existen y salir en su búsqueda, disfrutarlo. Mi trabajo me lleva a conocer y transmitir la existencia de una infinidad de lugares, personas, propuestas y actividades interesantes y enriquecedoras, gente con historias geniales, lugares impensados a los que sólo accedés si decidís salir a explorar. Y al final de cuentas, lo genial es poder contar con un abanico de opciones que enriquecen la elección personal.





