
La cultura rock se abre paso en el mundo del vino
Enólogos y músicos comparten proyectos de producción; etiquetas que reflejan el maridaje
1 minuto de lectura'
Sin renegar de todo un imaginario que siempre lo asoció con bebidas como la cerveza o el whisky, el mundo del rock ha comenzado a acercarse y a tender puentes con el mundo del vino. Y viceversa. El resultado del entrecruzamiento de enólogos y músicos de edades e intereses afines se observa ya en las vinotecas, donde hoy es posible encontrar etiquetas de vinos que hacen referencia a temas de rock –"Ji ji ji", de los Redonditos de Ricota; "Otra piel", de Gustavo Cerati; y, pronto, "Crua-chan", de Sumo–, así como vinos en cuya elaboración han participado activamente músicos, desde Pedro Aznar y Gustavo Santaolalla, hasta Felipe Staiti, de Enanitos Verdes, o Juanchi Baleirón de Los Pericos.
"El rock tiene mucho que ver con el vino actual. Todos los enólogos de mi generación somos melómanos a morir, y hoy en las bodegas de Mendoza lo que se escucha es rock argentino, que es una gran fuente de inspiración para nuestro trabajo", asegura Marcelo Pelleriti, enólogo y director general de la bodega Monteviejo, en conversación telefónica temprano por la mañana, mientras conduce su auto camino a un día de cosecha en Vista Flores, Mendoza.
Se lo escucha emocionado. Cuenta que acaba de salir de su clase de guitarra, a la que llevó su reciente adquisición, casi un sueño para cualquier rockero: una guitarra eléctrica del célebre luthier Rudy Pensa –sus instrumentos fueron usados por músicos como Mark Knopfler, Eric Clapton o Lou Reed, entre otros–, pero no cualquier modelo, sino el mismo que usó Luis Alberto Spinetta.
Más allá de sus múltiples responsabilidades en la bodega, por estos días participa de la puesta a punto de la quinta edición del Wine Rock Tour By Monteviejo, recital que al igual que en las ediciones anteriores se realizará entre viñedos, dentro del predio de la bodega. El sábado 2 de mayo, ante unas 1700 personas, tocarán, entre otros, Catupecu Machu, el propio Pelleriti, junto a su banda The Cellars, y Los Pericos.
Epifanía de merlot
Juanchi Baleirón, guitarrista y cantante de Los Pericos, ha entablado con el vino una relación que va más allá de la un aficionado. A fin de año, cuenta, saldrá a la venta su malbec Malbecaster y, más adelante, un vino de corte –el Gran Baleirón– en el que combinó distintas proporciones (e incluso cofermentaciones) de malbec y cabernet franc. Ambos vinos proceden de su asociación con Pelleriti, vínculo similar al que éste estableció con Pedro Aznar y que dio lugar a la creación de la línea de vinos Abremundos, o con Felipe Staiti y que también se tradujo en los vinos que llevan el nombre del guitarrista.
"No es un capricho", asegura Juanchi, recién bajado del avión que lo trajo de vuelta de un recital en Tucumán. "Tuve otras oportunidades para hacer mi vino, pero creo que ahora era el momento justo para hacerlo. Cuando Marcelo me lo propuso dije «ya está», es la oportunidad única y especial, cargada de amor y energía positiva", asegura.
Su vínculo con el vino, recuerda, comenzó con una suerte de epifanía que se produjo hace unos años al probar un Rutini Merlot. "Hay un mundo mejor, me dije, ¡y me gusta!", recuerda Juanchi. De ahí en más, el músico se embarcó en un verdadero viaje de conocimiento que incluyó cursos de introducción al vino, degustaciones, ferias de vinos y, sobre todo, probar muchos (y muy variados tipos de) vino.
"Empezás a moverte porque te gusta: viajas, comprás, probás, te clavás, no te clavás, tenés otras epifanías; así empecé a meterme en el mundo del vino, a conocer enólogos como Vigil, Pelleriti, los Michelini, Karim, Sejanovich, Riccitelli", cuenta Juanchi, y establece puntos de conexión entre la música y el vino: "Hacer un disco tiene que ver con tu inspiración y tu gusto, y luego lo exponés al gusto del otro. Y lo mismo ocurre con la gente que hace vino. Músicos y enólogos compartimos ese tomar el riesgo que implica hacer algo que puede o no gustar".
"El vino es una bebida muy noble, atada a la cultura del trabajo: vino sin esfuerzo, sin trabajo y sin pasar momentos difíciles, como cuando llueve y cae piedra, es imposible –dice Pelleriti–. Y en el rock, ¿quién de los que ha llegado no lo hizo sin sacrificio y sin mucho esfuerzo?"
Como parados ante un espejo que les devuelve el reflejo del otro, músicos y enólogos encuentran en ese otro mundo al que se acercan muchos puntos en contacto con el suyo. Todo lo que redunda en una admiración mutua, y, además, mucha cultura rock compartida.
"La música y la vitivinicultura en mi vida fueron a la par. Debería hacer un paralelismo entre mis principios en el vino, haciendo cosas más punk, y hoy explorando sonidos nuevos: varietales, zonas, vinificaciones", dice Alejandro Vigil, enólogo de Catena Zapata y de Bodega Aleanna.
Gerardo Michelini, también enólogo, agrega: "Vengo de una generación que en los primeros 80 estaba naciendo a la vida misma: descubrimos amores, desamores desgarradores, amigos para toda la vida, y cada ocasión era vivida en lo más íntimo con una canción de rock nacional. Las letras nos facilitaban un chamuyo o nos traducían qué significaba lo que sentíamos; las melodías nos alegraban o nos enamoraban. Entonces venía Charly y entendíamos que no era culpa tuya si la nariz no hace juego en tu cara. O Soda, y entendíamos que la soledad se esconde tras tus ojos. Cada momento fue marcado por estos próceres y ahora no hay forma de no vincular una búsqueda en los vinos con una canción que nos marcó toda la vida".
En esa búsqueda dentro de su proyecto enológico Gen del Alma, Gerardo alumbró algunas de las más transgresoras etiquetas de vino, que abrevan en la cultura rock. Ji Ji Ji, en honor a la ya clásica canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, es un ejemplo de ello. "Ji Ji Ji es una travesura, una risa apretada, no tan alegre, más bien pícara… –dice Gerardo–. El vino que enmarca esa canción también lo es: no esperás un vino cofermentado entre dos variedades (pinot noir y malbec) que no suelen ir hermanadas; los ojos ciegos bien abiertos como que no te ven venir. La travesura es hacerlo por maceración carbónica, dando potencia en nariz y frescura frutal en boca; pero hay nervio, hay electricidad… Ji Ji Ji."
Gerardo concluye: "El vino es una creación que nace del alma, ¡y nuestra alma está llena de rock!".






