
La impronta de Moschino
Jeremy Scott interpreta el manual de estilo del diseñador italiano
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Jeremy Scott y Katy Perry bajaron las escalinatas del palacio Corsini tomados del brazo para dirigirse a saludar al pueblo de la moda reunido en el jardín y alrededor de las bandejas del DJ Michel Gaubert. El diseñador portaba un traje de buzo y jogging en gris matizado con estampas que simulaban brocatos multicolores, y una corona a lo Freddie Mercury idéntica a la que habían llevado los modelos en sus prédicas de uniformes de corredores de Fórmula 1 remixadas con decadentes aristócratas del pop. Katy llevaba un vestido blanco y negro con apariencia de remera y el eslogan Moschino Made in Italy: la combinación blanco y negro se extendió también a los aretes símil bolsa de compras, a la pulsera con decenas de dijes y a la cartera con apariencia de zapato con taco stiletto. Gaubert, considerado el más noble de los DJ, lucía una camisa de impronta grunge y gafas para ir de incógnito.
La escena se me apareció al salir de un cuartito de escobas cruza con toilette, dispuesto en el jardín palaciego, huérfano de los ornamentos de mármol y terracota que caracterizan a los cinco salones donde esa noche de primavera europea se presentó la colección Menswear Verano 2016 de Moschino, como correlato de la feria Pitti Uomo 88.
La pasarela, iluminada cual la pista de discoteca de Fiebre de sábado por la noche, cobijó las pasadas tributo a los virtuosos del automovilismo y los atuendos inspirados en la cultura del boxeo, estrellas y cortesanos del porno y sastrería inspirada en interiorismos barrocos: esos guiños se vislumbraron tanto en los enteritos azulinos atiborrados de logomanía como en los de gasas transparentes y bordadas con preciosismo que dejaban ver la entallada ropa interior. Abundaron las pelucas empolvadas y los lunares pintados en el rostro.
En el tráiler de Jeremy Scott, el diseñador de la gente, el documental dirigido por Vlad Yudin que se estrenará el mes próximo, el diseñador se jacta de haber despuntado el gusto por la moda con una campera roja comprada en la democrática cadena Kmart, refiriéndose a su infancia en Kansas y su adultez en París; su madre irrumpe desde una silla de la granja con una cartera Moschino sobre el regazo.
La designación del diseñador Jeremy Scott como director creativo de la firma Moschino, anunciada el año pasado, sonó afín al manual de estilo de la casa de modas fundada por el italiano Franco Moschino. Creador de un estilo provocador y crítico hacia la moda, Moschino (1950-1994) prefirió definir su labor de diseñador como la de un artista al servicio de la moda, y en sus desfiles considerados happenings no vaciló en invitar a los espectadores a que indicasen qué prendas les disgustaban. El gesto punk se enfatizó cuando presentó el corto paródico Los desfiles pueden ser peligrosos para tu salud y la campaña Stop the fashion system.
Desde 1983, el año de su debut en la moda, cimentó un estilo tan pop como surrealista, de corsets con flores naturales al vestido negro con cuello de osos de peluche que fuera homenajeado y deconstruido en las estampas y las carteras de la colección verano 2015, indagó en hitos de la historia de la moda y el textil representados por Sonia Delaunay y Elsa Schiaparelli.
En 1986 sumó una colección masculina (acostumbró oficiar de modelo de sus campañas portando una peluca), al tiempo que ideó una segunda marca tan accesible como encantadora llamada Cheap& Chic. La escena de la factoría pop de Moschino en la fiesta de Florencia se manifestó con un desfile paralelo de antiguos diseños de la firma que usaron algunas asistentes; el músico ASAP Rocky, creador del mantra a las marcas Fashion Killa, filmó cada gesto del desfile con su cámara de súper 8 y con la aparente seriedad de un documentalista científico.






