La mujer del sweater rojo / Cómo ver la obra

Pese a su tono realista, el cuadro analizado en esta página preserva algunas huellas de la influencia que el surrealismo ejerció sobre el autor. La exhibió en el Salón Nacional, en 1935, certamen al que también había enviado Desocupados
Alicia de Arteaga
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21 de marzo de 2004  

Esta es una obra clave en el arte de Antonio Berni.

Desde sus retratos al carbón de los años 20, el autor cultivó este género, en el que alcanzó, entre 1934 y fines de los años 40, excelencia técnica e intensidad expresiva.

Con el título de Figura, la obra que se presenta en estas páginas fue exhibida en el Salón Nacional, en 1935.

A este certamen el artista también había enviado Desocupados. Esta composición de proporciones murales, sin embargo, había sido rechazada por su temática social.

Por medio de su nuevo realismo, Berni respondía con trabajos de fuerte contenido crítico al mero formalismo de ciertas corrientes modernas.

También se diferenciaba de la prédica del mexicano David Alfaro Siqueiros. Este artista, de paso por la Argentina en 1933, había declarado el mural como modalidad excluyente. Desde su punto de vista, esta expresión plástica era la única capaz de consumar un arte revolucionario.

Pero volvamos a la obra que nos ocupa.

Rebautizada por su autor en 1938 como La mujer del sweater rojo, se inscribe en el realismo junto con otros cuadros de la misma serie.

Sin embargo, debe hacerse notar que carece de la implicancia política de otras piezas del autor, como Manifestación o Chacareros.

Comparte con ellas el tratamiento rotundo y macizo de los volúmenes. También el soporte de arpillera, recurso sobre el que Berni experimentó por entonces junto con el artista Lino Enea Spilimbergo.

Por lo demás, se observa una factura obsesiva y concentrada en los detalles. Esto último es notable en las texturas que representan el tejido del suéter o los cabellos.

Otro elemento que merece señalarse es el detenido estudio plástico de formas, colores, luces y sombras. Esta característica destaca la pieza y la vincula con la mejor tradición clásica, que había sido estudiada a conciencia en Europa y estaba presente en las obras de la época.

El aspecto monumental de la figura se contrapone al ensimismamiento y la nostálgica expresión de la mirada, así como la delicadeza de la pose. La estática exactitud del diseño, acentuada por una luz casi despiadada que se concentra en la mujer, la sumerge en un clima extraño, misterioso, deudor del arte metafísico de De Chirico y del surrealismo (introducido por el propio Berni en el país, en su exposición de 1932).

El artista había abandonado esta tendencia para mostrar la crisis social y política que vivía la Argentina en esa década.

Así y todo, haciendo participar al subconsciente, dio a las apariencias un carácter nuevo, en el que afloraba lo insólito y lo inquietante. Elementos que, por otra parte, también están presentes en la realidad.

La autora es crítica de arte, docente y co-directora del Centro Virtual de Arte Argentino ( www.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/ArteArgentino2/Inicio.php )

Antonio Berni

(1905-1981). Participó de la experiencia vanguardista durante su estada en la Europa de los años 20. En 1933 inició en la Argentina el arte político. Con las series de Juanito Laguna y Ramona Montiel (1960-1977), llevó su sensibilidad social al medio urbano

Datos útiles

Año: 1935

Técnica: óleo sobre arpillera

Medidas: 108 cm x 92,3 cm

Dónde encontrarlo: Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), Avda. Figueroa Alcorta 3415; 4808 - 6500

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