
LA NOVIA DE CHUCKY
Esta columna hoy está destinada al comentario cinematográfico, o sea que por primera vez es útil
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Llevé a mi amigo M. a ver La novia de Chucky y él me llevó a mí, los dos nos llevamos. Para tener un pretexto pedimos prestado un niño y lo llevamos también, pero en el tumulto de la salida se nos perdió y ahora la madre lo reclama; no es culpa nuestra si resultó un desacatado y encima se pasó toda la película masticando con ruido y haciendo preguntas. Demasiada paciencia le tuvimos. Al grano: Por la película circulan más o menos veinte personajes, de los cuales sobrevive la mitad. La historia viene de una pareja de muñecos en cuyos cuerpos habitan las almas de dos asesinos inescrupulosos -de ahí la elevada mortandad-. Hay escenas de zurcido y un poco de satanismo liviano. Como bien observó mi amigo Chucky se parece a Domingo Cavallo, pero su novia Tiffany no se parece nada a Sonia, sino a una Barbie mofletuda. Además hay una parejita joven a la que endosarán injustamente todos los asesinatos, y que tiene la costumbre de retozar en el asiento trasero de los automóviles. (El niño pregunta qué hacen esos dos en el asiento y M. se lo explica.) La primera víctima es un policía deshonesto; la segunda, un dark que muere atado a la cama de una casa rodante cuando se preparaba para tener una experiencia erótica fuerte. (Nuevas preguntas del niño. M. le explica de manera sintética qué es el sadomasoquismo.) Los amantes del camping no dejen de observar el alto confort de esta casa rodante y de otra que aparece después, hasta horno tienen. Por algún motivo, los espantosos muñecos quieren llegar pronto a un cementerio.
Se ven muchas carreteras en buen estado y postes de electricidad. Todo el mundo cambia de vehículo todo el tiempo. Hay música. Explota un patrullero. El tío de alguien sucumbe con la cabeza convertida en un alfiletero.
La actuación de la parejita joven lleva a pensar que la productora no fue generosa con la paga de estos chicos; sí, en cambio, con la de Chucky y Tiffany, mucho más eficaces en sus papeles de chirolitas degenerados y muy, muy tiernos en el trance de apareamiento, aunque harto negligentes con respecto a la profilaxis. (Aquí M. responde a nuevas preguntas del niño.) La escena más costosa de la filmación fue la catástrofe en un motel de la ruta donde una botella de champagne hace trizas un enorme espejo de techo. Las astillas liquidan a un señor y una señora desconocidos que acaban de proponerle a la parejita joven un ménage à quatre. (El niño pregunta qué es un ménage à quatre y mi amigo -¡es un santo M.!- se lo explica.) El espejo simboliza el rayo punitivo de la moral cayendo sobre el lugar mismo del vicio. Revientan los colchones de agua y sobreviene la inundación. Buenísimos los colchones, una picardía haberlos arruinado.
Para aumentar la confusión se habla de una talismán que, al parecer, devolverá a Chucky su cuerpo humano, pero es el cuerpo de un muerto que viene de la película anterior -no la vimos-, así que Dios sabe qué aspecto tendrá ahora. Por suerte eso no llega a ocurrir.
El film termina con el parto de Tiffany en el mencionado cementerio: ¡Chucky se perpetúa en su hijo! Es una escena intensa, epifánica, que resultó muy esclarecedora para el niño, ya que de ese modo pudo completar la parábola de la conducta sexual que va desde un simple escarceo en el asiento trasero de un auto hasta el nacimiento de una criatura, sin pasar por la polinización.
Hay partes que M. no entendió y yo tampoco, pero eso nos sucede casi siempre. No puede decirse que sea una película difícil, sin embargo. Abstenerse los hipersensibles y las personas que prefieren los deportes cerebrales. El director es chino. Próximamente en el video de su barrio.
La madre insiste en reclamarnos el niño. Una pena que no aparezca porque en una tarde nosotros hicimos por su educación mucho más que todos sus años de escuela. Debería estar agradecida.






