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La portuguesa: la historia de un corazón perdido por una mujer y una ciudad

Señorita Heart
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30 de noviembre de 2018  • 00:22

La vida de Nicolás era una de esas que iba por un carril predecible: chico del interior que se había mudado a Buenos Aires para estudiar, ver un poco el mundo y volver. "Todo parecía indicar que iba a hacer el caminito que gran parte de las personas del interior hacen cuando vienen acá: estudiar, trabajar, y vivir un tiempo hasta que te sacás las ganas de estar en una gran ubre, para luego volver al lugar conocido, predecible y seguro. No es un mal destino. La ciudad puede tragarte y escupirte por mero placer", relata Nico.

Corría el año 2013 y, después de ahorrar peso tras peso, Nicolás logró juntar el dinero para cumplir su sueño de conocer Europa: España, Francia, Italia y Holanda fueron los lugares elegidos. Su plan era simple: ir, conocer, volver y pedir el traslado en su trabajo hacia su ciudad de origen en la Patagonia y, con suerte, conocer a una coterránea para proyectar una familia en el futuro.

El viaje le resultó muy agradable casi en su totalidad, pero estando en el último destino, Barcelona, comenzó a extrañar y sentirse triste sin razón alguna. "Pero una tarde todo cambió de un segundo a otro: estaba yendo de acá para allá en el Hostel, hasta que, de repente, me crucé con ese par de ojos y esa sonrisa. Una sola sonrisa que me desarmó la vida en mil partes. Ella era joven, delicada y muy...muy bonita", revela.

Nicolás buscó la primera excusa para hablarle a ella y a su amiga. Su estrategia era caer simpático y ganarse a la compañera hasta que las cosas se den, o no. "Una estrategia clásica. Y la cosa fue bastante parecida a eso. La cuestión es que esta chica que me había enamorado me hizo preguntarme qué estaba haciendo con mi vida, ¿realmente quería volver al lugar al que siempre pertenecí o en realidad quería mucho más que eso? Algo se despertó (o quebró) dentro de mí. Pasó Barcelona, la chica se volvió a su Lisboa, y yo me quedé ahí, por primera vez en mi vida experimentando eso que se llama `Saudade´", continúa.

Juntos.
Juntos.

Todo por volver a verla

Nicolás no pudo sacársela de la cabeza. Pensaba que nunca más iba a verla, por lo que buscó la manera de no quedarse con esa espina clavada. Por suerte otra portuguesa, que también estaba alojada en el Hostel, se enterneció con su historia y le ofreció alojamiento en Lisboa en casa de una amiga. "No lo pensé dos veces, e inmediatamente me saqué un vuelo para allá", revela Nico.

Al llegar a Lisboa, algo inesperado impactó en el corazón enamoradizo de Nico: la ciudad lo atrapó en todo sentido. Sus calles, sus colinas, su Fado. Esa semana allí logró que algo se transformara definitivamente en su interior. "Por primera vez, tuve la necesidad de entregarme a alguien en cuerpo y alma, sin estar a la defensiva, con mi muro y alejándome por miedo a ser lastimado. Fue así que la semana pasó, lo nuestro se consumó, y me volví a Buenos Aires con un dolor en el pecho que me indicaba que quería hacer cualquier cosa, menos separarme de ella", confiesa.

La vida siguió y comenzaron a tener una de esas relaciones a distancia en donde no pasaba un solo día en el que no se hablaran. Se contaban todo, se ayudaban en sus días malos y disfrutaban cuando cualquiera de los dos la estaba pasando bien. "Y le terminé confesando que estaba enamorado. Ella al principio fue reticente a la idea, pero pronto me contó que se sentía de la misma forma", cuenta Nico con una sonrisa.

Al año y medio ella fue a Buenos Aires para hacer unas prácticas relacionadas con su carrera. Convivieron por casi dos meses y luego llegó nuevamente el dolor intenso de la despedida. "No era justo, no estaba bien sentirse tan mal por algo que te hacía sentir tan bien", dice Nicolás.

Lisboa y ella

El tiempo pasó y sus vidas personales se desmoronaron; la de ella por sus problemas familiares y su agotadora agenda de estudios, y la de él, por los problemas con su entorno y sus conflictos existenciales. Pero seguían ahí, firmes el uno con el otro y por ello, acordaron que era tiempo de probar mudarse juntos. "Finalmente renuncié a mi trabajo. Estaba libre para probar suerte en otro lado, y tenía un solo lugar en mente: Lisboa y ella. Cuando finalmente me subí al avión, sentía que dejaba todo atrás: dentro mío una sensación de libertad y desahogo me inflaban el pecho. Solo quería volver a abrazarla de nuevo", rememora Nico, emocionado.

Lisboa y ella.
Lisboa y ella.

Pero al llegar a Lisboa, ella lo recibió con un mar de lágrimas en los ojos, dejándolo perplejo. ¨Tengo que volver a acostumbrarme a nosotros¨ le dijo y él intentó comprenderla, y respetar su pedido.

Aun así, por tres semanas todo fue un idilio: él se dedicó a hacer de cuenta que estaba de vacaciones: salían, paseaban, miraban ¨Pride & Prejuice¨, ¨Miss Marple¨, ¨Downtown Abbey¨ y todas esas cosas inglesas que ella tanto disfrutaba. "Nunca en mi vida vería esas cosas, tan alejadas de mis gustos, pero siempre que ella apoyaba su cabeza en mis piernas con su almohada y yo acariciaba su pelo mientras mirábamos esas series, me sentía el tipo más feliz del mundo", confiesa Nico.

Pedacito por pedacito

Para la cuarta semana, al percibir que todo estaba yendo perfectamente, Nicolás decidió poner manos a la obra y buscar un trabajo, como era lógico para el plan de mudarse juntos. Y le ofrecieron no solo uno, sino dos trabajos.

Con mucha alegría esperó a que ella llegara al hogar para contarle las buenas noticias. "Pero las buenas noticias para mí, resultaron ser pésimas para ella. Entró en pánico, gritó y me acusó de que no estaba respetando lo que habíamos hablado. Terminó confesándome de que no estaba preparada para una relación, y que quizás había sido un error mudarnos juntos. Después de todo lo que habíamos pasado...esto. El piso desapareció y comencé a caer, no pudiendo creer lo que estaba escuchando. Con lágrimas en los ojos los dos nos seguíamos jurando amor, pero la cosa simplemente no funcionaba. Estaba enamorado de ella, y era capaz de sacrificios que nunca hubiese imaginado para complacerla. Pero ella no", continúa con expresión seria.

Por eso, Nicolás decidió que debía volverse, pero no sin antes viajar por el país; no quería quedarse encerrado en su dolor. "Mientras mi historia de amor se partía en mil pedazos, yo iba recolectando cada pedacito en diferentes lugares de Lusitania: Óbidos, Monsaraz. Batalha, Elvas, Évora. Pedacito por pedacito, fui encontrando suspiros de eso que siempre quise en cada lugar al que iba. Y otro amor se formó en medio de esa tristeza. Primero una portuguesa se había robado mi corazón y lo había hecho pedazos. Y ahora el propio Portugal se estaba encargando de quedarse con cada uno de esos pedazos", afirma con calma.

Y para Nicolás llegó el tiempo de volver. Y volvió sin querer volverse. Él seguía pensándola sin tenerla. Seguía amándola sin pedir nada a cambio.

Diario de viaje: él la solía llamar "Cavalinha do Mar"
Diario de viaje: él la solía llamar "Cavalinha do Mar"

2018

Hoy, en este cálido día de 2018, estoy escribiendo sentado en el comedor de una casa que se encuentra frente a un viñedo, en la provincia de Umbria, Italia. En poco más de diez días me tomo un vuelo a Oporto y voy a recorrer más de 30 ciudades de Portugal hasta volver, una vez más, a Lisboa. Quiero volver a recuperar mi corazón, porque una portuguesa puso en pausa mi vida y no encuentro forma alguna de poder avanzar. No creo que ella quiera verme, ni siquiera para al menos ayudarme a que pueda finalmente recoger todos esos pedacitos, ponerlos en una bolsa y de una vez por todas, avanzar.

Pero al menos no voy a culparme por no haberlo intentado.

Já vou voltar Portugal, espera por mim...tenho tantas saudades túas.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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