La reivindicación de Peggy Olson, la creativa que divide a las mujeres

La última temporada de Man Men reaviva el debate en torno al personaje interpretado por Elisabeth Moss; ¿simboliza la lucha de género o evidencia la convivencia con el enemigo?
Iñaki Laguardia
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19 de abril de 2014  

MADRID (El País).- Fue la propia Elisabeth Moss quien en una reciente entrevista puso en valor la naturaleza feminista de su personaje en Mad Men, una serie que si por algo ha sido criticada es por haber cauterizado cualquier atisbo de la vibrante lucha de las mujeres en los años 60. "Peggy Olson es una feminista diferente, que antepone su oficio y trabaja muy duro. En esa época, había más mujeres de este tipo que hippies que se manifestaran, y fueron las primeras las que pidieron la igualdad de derechos y de salario", dijo. Una explicación que no satisface a quienes consideran que a los guiones de la serie les faltan voces que puedan rebatir el ideario sexista que despliegan los protagonistas. Esta división de opiniones ha acompañado a Mad Men desde su estreno en 2007, cuyo epílogo empezó a emitirse días atrás. Feminista o no, siete temporadas después la única certeza a la que todo el mundo se aviene es que Peggy Olson es una superviviente.

En la edad dorada de la publicidad, un enorme banco de tiburones rodeaba Madison Avenue, la arteria neoyorquina que en los años 60 acogió las mejores agencias de publicidad del mundo. En este vergel de ideas brillantes y desvergonzado cinismo se desarrolla la trama de Mad Men, la creación de Matthew Weiner que ha descafeinado las irreversibles consecuencias de fumar y beber. Según algunos, también trivializa la discriminación entre sexos y distorsiona la realidad histórica en la que se ambienta. En su última temporada, dividida en dos partes que se emitirán este año y el próximo, quizá salga a la luz el último misterio de su protagonista, Don Draper (Jon Hamm). Lo que sin duda descartamos es que las últimas entregas de la serie puedan hacer cambiar de opinión a quienes defienden que Peggy Olson no simboliza nada más que el hambre voraz de alguien que desea medrar. Ni rastro de la supuesta cruzada feminista que algunos quieren ver.

Así lo afirma al menos Melissa Witkowski, del diario The Guardian, quien considera que no hay nada que celebrar en el hecho de que durante el transcurso de la serie Peggy pase de ser una secretaria abnegada a una creativa: "Mad Men justifica el éxito profesional de la mujer como un deseo accidental del hombre, que lo resuelve en función del buen comportamiento de ésta". Witkowski va más allá y descarta que la serie sea el reflejo de las desigualdades más sórdidas de la sociedad de la época, sino simplemente "un intento de rascar la superficie". Lo cierto es que la serie, con cuatro Globos de Oro y quince premios Emmy en su haber, tiene los roles femeninos perfectamente definidos. January Jones interpreta a Betty Draper, esposa ejemplar del protagonista, quien a lo largo de la historia se da cuenta de que una vida en matrimonio y con hijos no encaja necesariamente con la felicidad. O Joan Harris (Christina Hendricks), la exuberante jefa de secretarias de la agencia, que se vale de su sexualidad para abrirse camino profesionalmente. Y Peggy Olson es la rara avis, una personalidad que no encaja en su tiempo y que poco a poco consigue descollar sin referentes. Precisamente ése es el mérito que aplauden quienes ven en ella una intención feminista.

Los más críticos afean la distorsión que los guionistas hacen de la realidad histórica, y advierten tics sexistas a la hora de tratar a las mujeres como lo hacen. Aunque muchos ven en Peggy el caso real de Jane Maas, la primera mujer que presidió una agencia publicitaria, otros destacan que olvidan, por ejemplo, el caso real de Jean Wade Rindlaub, vicepresidenta de la agencia BBDO desde 1946 hasta 1963, y una de las mujeres más influyentes de la publicidad. Tampoco encontramos en la serie equivalentes de Jane Trahey, que fundó Trahey Advertising en 1960, o Helen Gurley Brown, una de las copy mejor pagadas de la década de los 60. Por no mencionar el caso de Mary Wells Lawrence, la ejecutiva de cuentas mejor remunerada del mundo en los años en los que se desarrolla Mad Men, o la copy Caroline Robinson Jones, de raza negra, que a finales de los 70 fue nombrada vicepresidenta de BBDO. Estos ejemplos podrían marcar ciertos paralelismos con el de Peggy Olson, la chica católica de Brooklyn a quien le horroriza una vida como la de Betty Draper o que descarta emplear las herramientas de Joan Harris. Sin embargo, para algunos, su personaje podría haber sido diseñado de forma más audaz.

En el otro extremo, encontramos voces que rechazan las críticas vertidas sobre el personaje de Elisabeth Moss, y destacan de ella su particular manera de llevar a cabo la revolución feminista. Willa Paskin, de la New York Magazine, adelantó el mes pasado que la última temporada de la serie estará centrada en Peggy, "la verdadera estrella de Mad Men", de quien dice que sobresale entre otros personajes de la televisión "por haber sabido navegar en un mundo laboral repleto de techos de cristal", una cuestión que "sigue estando de plena actualidad". Pero, ¿hay reparos a la hora de encumbrarla como ícono de la lucha por la igualdad? Eliana Dockterman, de la revista Time, no los tiene. "Peggy Olson lleva a cabo una cruzada feminista en términos ligeramente diferentes, quizá no como los que esperamos del contexto de los años 60", afirma. Su militancia es silenciosa, pero válida en cualquier caso.

Madeleine Davis, de Jezebel, se pregunta "si esta temporada Peggy se unirá a la segunda ola del movimiento feminista que renació a comienzos de los 70" y "si dejará de usar maquillaje y tirará el sujetador a la basura". Probablemente no, pero medios como el New York Post o Cosmopolitan no creen necesarios esos gestos para afirmar con rotundidad que nuestra protagonista es un ícono feminista. La evolución de su personaje a lo largo de la serie es quizá la más notoria. Nada que ver con Don, el protagonista. "Él es simplemente quien es y quien siempre ha sido. Esto es trágico, fascinante, horrible y divertido al mismo tiempo", explicó el propio Jon Hamm a El País. Feminista o no, si el New York Magazine está en lo cierto, lo que en ningún caso será trágico u horrible es que cuando la serie termine muchos considerarán a Peggy Olson la verdadera estrella de Mad Men.

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