
La seducción del anti-mainstream
Todos los días son prueba empírica de que cada vez más personas eligen caminos alternativos para conseguir bienestar. Si uno escucha más allá de las noticias y conversaciones cotidianas, en seguida se da cuenta de que hay una tendencia manifiesta hacia lo experimental, lo no tradicional o extraordinario. Es difícil la nomenclatura de aquello que no está avalado por la mayoría. Pero "aquello" existe de manera indefectible, y lenta o velozmente -depende de cómo se lo mire- ha ido captando la atención de personas de lo más disímiles.
El fin de semana estuve en un casamiento en una estancia en Pilar (uno de los tantos del mes de febrero). La ceremonia no se parecía en nada a lo que todos conocemos como tal. Pero el rito era igual de contundente. Aunque católicos tanto la novia como el novio, optaron por una ceremonia liderada por ellos mismos, en donde 12 amigos y familiares pasaban al frente a entregar sus ofrendas. Me hizo pensar en otro casamiento, a fines del año pasado, en donde también las costumbres distaban de lo predeterminado. Y ése me recordó a su vez a otro anterior, en el cual cada uno de los invitados bendijo los anillos y el maestro de ceremonia era un amigo personal del novio, en este caso, de profesión actor. Me terminé dando cuenta de que al final, era casi igual la cantidad de festejos anormales -que no siguen la norma- que los convencionales.
Unos días antes me había llamado también la atención que la misma conversación se había hecho presente en dos intersticios sociales, con tan sólo horas de diferencia, en un almuerzo de viejos amigos en Olivos y un asado en el club Newman por la noche. El tema en cuestión: "terapias desconocidas".
Ahí aprendí acerca del pranismo, o respiracionismo, una práctica según la cual las personas logran vivir años y décadas sin comer ni beber, alimentándose solamente de la luz del sol. Por supuesto que si ponemos un vaso con agua en la sombra durante varios días nada ocurre, y que si el mismo vaso lo ponemos debajo del sol, nace un ecosistema. La luz es vida. Ahora, prescindir del alimento -aquel que nos fue enseñado como tal- suena bastante más radical. Lo interesante es que las personas que practican respiracionismo no tienen, como uno estereotiparía, barba larga o una riqueza espiritual sobresaliente. Tampoco hablan de manera pausada y sus pulsaciones mantienen el mismo ritmo que las del hombre corriente. Son arquitectos, médicos o abogados, trabajadores comunes con una vida común. Sólo que están en la búsqueda de vivencias no evidentes. Me asombró cómo en ambas conversaciones, muchos de los presentes iban compartiendo sus diferentes participaciones. El que no había probado ayahuasca en Perú, concurría a encuentros con una alquimista.
Que exista un centro de yoga exclusivamente para niños o colegios con sistemas de educación diferenciada son hechos aislados. Ahora bien, que hayan crecido considerablemente en cantidad y calidad en los últimos años es merecedor de atención. Y en el contexto particular de estas líneas, estos tres hechos cobran un significado difícil de eludir: el anti-mainstream se ha vuelto más seductor de lo que creíamos.
La necesidad de explorar y almacenar vivencias por fuera de lo aprendido/permitido viene a mofarse de la rigidez y los métodos cartesianos de búsqueda de la verdad. Aquí no se trata de evidencia, análisis, síntesis o comprobación. Se trata de enriquecerse mediante la innovación de lo desconocido.






