La ventana de Willy. El secreto mejor guardado de Belgrano y sus alfajores chatos
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Desde hace más de cuarenta y cinco años que en la esquina de Juramento y Artilleros se encuentra uno de los secretos mejor guardados del barrio de Belgrano. El cartel verde oscuro con el letrero en amarillo y blanco anticipa a los golosos: "elaboración de tortas y helados". Los vecinos del barrio seguramente ya descubrieron que estamos hablando de "La Ventana de Willy", cuya historia comenzó ni más ni menos desde una pequeña ventana en la década del 70.
Guillermo Dansey (80), mejor conocido como Willy es todo un personaje de Belgrano. Nacido y criado en el barrio, fue allí donde a los veinticinco años se le ocurrió armar su propio emprendimiento de venta de empanadas. Su madre, Isolina, a la que llamaban cariñosamente Chita, era tucumana y le enseñó los secretos de su receta de empanadas de carne. Desde la masa casera, el relleno y la técnica del repulgue. Juntos comenzaron a cocinar en la pequeña cocina de su departamento.
"Mamá me empujó siempre para adelante, hacíamos todo a pulmón. Mi primer cliente fue una rotisería en la calle Federico Lacroze y Cabildo. El dueño, Don Benjamín, había aceptado que le lleve tres docenas para ver si salían y resultaron un éxito. A las dos horas me llamó para que le lleve seis docenas más. Hacía todos los repartos en una motito", recuerda Dansey a LA NACIÓN. Con el boca a boca comenzó a sumar más clientes de distintos boliches de la ciudad y se transformó en proveedor mayorista. Para ofrecer más variedad sumó otros productos como tortillas y milanesas. Como el emprendimiento iba viento en popa decidió alquilar un local en el barrio para armarse un centro de producción con horno industrial. En esa época también llegó la pastelería: tortas artesanales y unos alfajores llamados "chatos" que con el tiempo se transformaron en la vedette.
Con vista a la cocina
El centro de producción tenía una pequeña ventana a la calle y los vecinos del barrio solían tentarse con sus delicias. Varios tocaban la ventana para consultarle si podían comprar mercadería y hasta los más pequeños cuando salían del colegio tenían la costumbre de pasar y pedirle alfajores. En más de una oportunidad Willy les obsequió tapitas con dulce de leche. Así fue como casi sin pensarlo se abrió otra posibilidad de negocio. Luego llegó el local a la calle con venta al público en Juramento 1202 (desde entonces se mantiene en esa esquina) y se transformó en un clásico.

Montaron el local a la calle con tanta rapidez que cuando abrieron las puertas aún no le habían puesto nombre. "Recuerdo que ese día estaba ordenando la mercadería en las heladeras exhibidoras y junto entró mi primera clienta muy contenta con la noticia. Mientras realizaba el pedido de las tortas me consultó qué nombre le había puesto al negocio. Yo me reí porque realmente nunca me lo había puesto a pensar. Ella sonriente me dijo: Póngale La Ventana de Willy, si toda la vida comprábamos a través de la ventana", detalla. El nombre era representativo y él no lo dudo.

Los alfajores "Chatos" hecho con una masa tipo sablée (de 9cm de diámetro), rellenos de dulce de leche y coronados con azúcar impalpable se hicieron famosos en el barrio y alrededores. Hubo una época en la que durante los fines de semana preparaban más de 80 docenas y se terminaban. Además, realizaban reparto con sus camionetas por varios clubes de Zona Norte (como el Náutico de San Isidro, el de San Fernando y el CASI).
Dentro de la pastelería una de las primeras incorporaciones fue el "Bizcochuelo de chocolate", que como su nombre bien lo indica se trata de un bizcochuelo relleno con dulce de leche y bañado en chocolate. También hay clásicas como la pasta frola, ricota, de manzana o mousse de chocolate. Una de las preferidas de Willy es el Chajá de frutillas. "Cuando tengo algún evento siempre llevo esta torta. Es un bizcochuelo de vainilla con dos cortes (de dulce de leche y otro de crema chantilly con frutillas) y después va toda cubierta con chantilly, merenguitos al exterior y decorada con frutillas", detalla.

Años más tarde llegaron los helados. Willy aprendió de la mano de un maestro heladero italiano, se compró una pequeña máquina y con la práctica creó sus propias recetas. De los sabores de agua es muy popular el pomelo rosado, el de manzana verde y el de mandarina (cuando está en estación). De las cremas salen mucho el de sambayón, el chocolate amargo y el tiramisú (con helado de tiramisú y bizcochuelo húmedo). Willy cuenta que una de las claves para la calidad de sus helados es que: "son totalmente artesanales, sin aditivos ni conservantes y por supuesto hechos con fruta fresca".
Negocio familiar

Victoria, una de sus hijas, desde que estaba en el moisés acompañó a su padre en el negocio. Cuando era pequeña jugaba con la harina y por las tardes con sus compañeros del colegio visitaban la emblemática "ventana" para disfrutar de sus alfajores. Y de adolescente durante las vacaciones de invierno iba a trabajar al local, así fue como se pagó sus viajes de estudios. "Siempre se trató de un negocio familiar en el que todos colaboramos. Mi mamá María Carmen, a la que todos conocen como "Monchi" también es un pilar fundamental. Tenemos empleados de toda la vida como Víctor y Andino, que empezaron con nosotros de muy jóvenes y aún continúan", expresa Victoria. Y también recuerda con muchísimo afecto a Flora, una encargada icónica que acompañó a su padre desde sus inicios.
Pasaron por el local en busca de sus tortas y helados varias personalidades del ambiente del espectáculo y la gastronomía, como Norma Aleandro, Selva Alemán, Gerardo Romano, el Pelado López, Pampita, Lalo Mir y la chef Narda Lepes. Su clientela traspasa generaciones. "Me da mucha satisfacción la relación con el público. Me emociona cuando me acuerdo de los pequeños que venían a comprar con su mamá al local, que no llegaban ni a la altura del mostrador, y ahora vienen con sus hijos. Me tratan con mucho afecto, tengo muy lindos recuerdos de la gente del barrio", admite Willy.
Durante la cuarentena el local está trabajando de lunes a domingos de 15 a 21hs con take away y delivery. "Tuvimos que adaptarnos. Mis padres por su edad no pueden venir a trabajar y también armamos equipo reducido. Ellos ayudan a la distancia desde casa con los proveedores, controlan las planillas, los costos, etc.", cuenta Victoria.
Si están con antojo de algo dulce, toquen esta ventana de Belgrano que seguramente Willy los conquista con sus alfajores "Chatos" y helados artesanales.
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