
La verdadera intimidad
Señor Sinay: ¿La intimidad es encubrir secretos e infidelidades?
María Patricia LegnazziRe:
La intimidad suele dar lugar a malentendidos. A veces se la confunde con privacidad y otras se la reduce a una connotación erótica. Muchos conflictos de pareja giran en torno de lo que se considera, por alguna de las partes, como una invasión de la privacidad, ya sea por la ocupación de espacios que se suponen exclusivos o por el husmeo en la correspondencia, en mensajes y contactos telefónicos o en papeles. El que hurga invoca su intuición. El requisado siente sus derechos violados. ¿Quién tiene razón?
Quizás la resolución no sea tan sencilla como encontrar un culpable y castigarlo. La intimidad no es privacidad ni sexualidad secreta. Se trata de una construcción en común, cuyos ingredientes esenciales son la confianza, el compromiso, la historia compartida, los propósitos que unen, la voluntad de caminar junto al otro. Es un espacio común e intransferible, no contaminado por la dependencia emocional, en el que cada uno se siente a resguardo, respetado en su integridad e individualidad. Donde hay intimidad real no hay sospecha y la energía se aplica a la fecundación de nuevas razones para seguir compartiendo. Es más que sexo, porque como señalan Julia Carter y Steven Sokol, especialistas en cuestiones de pareja y autores de Lo que realmente pasa en la alcoba, el amor convoca al sexo pero el sexo, solo, apenas asegura un poco de agitación.
Cuando la invasión de la privacidad deja al descubierto secretos que lastiman, ya estaban ausentes la confianza, el compromiso y la comunicación (que no es sólo hablar mucho, sino transmitir sensaciones y pensamientos; crear códigos y compartirlos, diseñar sueños).
Compromiso, confianza y amor son construcciones que se nutren de acciones, de hechos concretos, de necesidades escuchadas y atendidas, de miradas hacia el otro para verlo como es y no exigirle que sea lo imposible. De honesta aceptación. Sólo los protagonistas pueden decir si la construcción o la reparación son posibles, y deberán hablar de buena fe.







