
La victoria emulable del Barón Taylor
A mediados de 1989 el fútbol inglés era noticia por la violencia de sus hinchas y las tragedias, que habían regado con sangre varios campos de juego. La última y más grave había tenido lugar el 15 de abril de ese año en el estadio Hillsborough, en Sheffield, donde una avalancha costó la vida de 96 personas. Cuatro años antes, en el trágico mayo de 1985, un incendio en el estadio Valley Parade, en Bradford, causó 56 muertos, y sólo unos días después, en Heysel, Bruselas, durante la final de la Copa Europea entre Liverpool y Juventus, los hinchas ingleses derribaron una valla divisoria en la tribuna y provocaron 39 muertos. Por ese caso los equipos ingleses no pudieron participar en competencias internacionales por cinco años y el Liverpool, en particular, por diez, aunque luego la pena se rebajó a seis. Sin embargo, la dureza de las sanciones deportivas no detenían el problema y la tragedia de Hillsborough colmó la paciencia de Margaret Thatcher. El juez Peter Taylor, barón de Gosforth, fue el encargado de elaborar un amplio informe, conocido como The Taylor Report, que analizó las múltiples causas de la violencia y formuló recomendaciones que el gobierno adoptó de inmediato introduciendo varias reformas legales.
En primer lugar fue tipificado como delito ingresar en los estadios borracho o con alcohol, e igualmente poseer bebidas alcohólicas en trenes y ómnibus rumbo a los estadios; arrojar cualquier objeto a los campos de juego; ingresar sin motivo a la cancha; revender entradas, y proferir cantos racistas o indecentes. Cualquiera que violara estas normas sería además impedido de ingresar en estadios por un mínimo de tres años, y bajo pena de recibir otra condena debían concurrir a comisarías durante el horario de los partidos. Para controlarlo, se creó un registro de individuos proscriptos y la inteligencia criminal infiltró a las barras. En las listas llegó a haber 5000 hinchas. Pero no todas las medidas fueron represivas. Por el contrario, se retiró a la policía uniformada de los estadios y se la fue reemplazando por equipos especialmente capacitados, estableciendo una típica diferenciación inglesa entre safety y security. Se ordenó que cada espectador tuviera un asiento disponible y numerado, se eliminaron las alambradas y vallas, y se instalaron cámaras de seguridad. También se subsidió a los clubes que así obtuvieron más recursos para combatir delincuentes, contratar mejores jugadores y convertir a la nueva Premier League en un espectáculo de élite.
Hoy el fútbol inglés es modelo de organización, gestión y convivencia. Sus recetas fueron compartidas por la embajada británica al Ministerio de Seguridad de la Nación, que subió una síntesis a su página Web (minseg.gob.ar/node/954). No podemos afirmar que hayan sido leídas por las autoridades.
Un detalle: en Inglaterra los hooligans eran anarquistas antisistema. En la Argentina, los barras, como se sabe, son parte del sistema.






