
La vida color azul
Antes de su llegada a la Argentina, una visita al laboratorio de Blue Man Group, la compañía teatral que combina música, gestos y neurociencia, y que se conecta con el público sin usar palabras
1 minuto de lectura'


ORLANDO, ESTADOS UNIDOS
Lo que los hombres azules les proponen a los espectadores es reconectarse con su niño interior, con su sentido de la maravilla, de la alegría –resume Pam Harris, jefa de marketing y producción, el espíritu de Blue Man Group–. Lo que queremos lograr es que sientas lo que sentías cuando eras niño y jugabas con otros."
Detrás del escenario uno intenta tomar dimensión de lo que sucede noche tras noche en el teatro en el corazón de Citywalk, Universal Orlando, donde gente de todo el mundo decide entregarse a una ceremonia en la que se cuentan historias sin usar palabras. Lo mismo ocurrirá con el público de Buenos Aires cuando el 16, 17, 18, 19 y 20 de septiembre se acerque al teatro Ópera.
La historia dice que en 1988, tres neoyorquinos estaban tan contentos del final de la década de los 80 que celebraron un funeral. Se pintaron sus rostros de azul y condujeron una procesión a través de Central Park. Quemaron un muñeco de Rambo y enterraron emblemas de una era acusada de frívola e individualista en busca de la recuperación de los instintos colectivos y sociales del hombre. Esa fue la primera vez que Phil Stanton, Chris Wink y Matt Goldman dieron luz a los Blue Man, los seres calvos y azules que tiempo más tarde se transformarían en un símbolo en el mundo del entretenimiento.
Desde su apertura en el Astor Place Theatre, en 1991, el trío pitufo ha recorrido el mundo y ha convocado a más de 25 millones de personas en los cinco continentes. Las características del grupo son tan eclécticas como la vida de sus creadores. Stanton se hizo artista en un contexto religioso, Goldman diseñaba software y Wink era empleado de una firma de catering. Explicar tal fenómeno no es fácil. Sus ideólogos aseguran que cada show indaga acerca de verdades humanas y universales, y que la clave está en la conexión con el público, empujarlos a un estado de exaltación similar al que se siente cuanto tu equipo hace un gol. Un grito, un movimiento capaz de unir a todo un auditorio. "No hay una búsqueda intelectual, sólo reacciones químicas del cerebro y del cuerpo", explica Harris.
En sus butacas, los espectadores se topan con el texto que se presenta en la pantalla del escenario. Desde el momento cero se los hace partícipes de lo que vendrá. The Social Synapse, de Nora Epinephrine y Sarah Tonin, es el texto en cuestión y dice algo así: "Si desea establecer una conexión con la gente de otra cultura, siempre es bueno ofrecer algunos regalos como un gesto de amistad. Pero una mejor manera de forjar un vínculo duradero es creando algo juntos. Ya se trate de una comida, de un proyecto de arte o simplemente de una fiesta de baile espontáneo. Cuando se crea con los demás se logra construir una conexión que dura toda la vida".

Y ahí está la cuestión de fondo: crear algo todos juntos. Si leyó atentamente, descubrirá ciertas cuestiones que responden al juego, como la relación del título del texto y los nombres de los supuestos autores. Sinapsis [Synapse] es el proceso esencial en la comunicación neuronal y constituye el lenguaje básico del sistema nervioso. Nora Epinefrina [norepinefrina] es una sustancia química producida por el cerebro, un neurotransmisor que pone en alerta las emociones, y Sarah Tonin suena muy similar a la serotonina, considerada por algunos investigadores como la sustancia química responsable de mantener en equilibrio nuestro estado de ánimo.
Con argumentos también basados en las neurociencias, los miembros fundadores del grupo se propusieron, en 2006, "reinventar la educación para un mundo cambiante", a través del Blue School, un colegio de enseñanza preescolar, primaria y, desde este último año, secundaria, en favor del proceso de la creatividad y la innovación.
Setenta hombres azules son parte de la nómina. No son fáciles de encontrar. Se requiere de un exigente casting y una ardua capacitación. Kirk Massey tiene más de 10 años en la compañía y es uno de los más experimentados en el grupo. Integra el elenco de Orlando [también hay grupos de Boston, Berlín, Chicago, Nueva York y Las Vegas]. "Tenemos que saber un poco de todo. Actuación, el arte de la mímica, música, ritmo y mucha comunicación gestual." Es que el trío no habla, se comunica con los ojos. El azul de la pintura de su cara y de la calvicie resalta los globos oculares que las cámaras registran para plasmar en las pantallas las diferentes expresividades que son parte del show. Lejos de lo que uno puedo imaginar, estos muchachos sólo pueden hablar si sus rostros no están pintados de azul. Y sí, tienen pelo.
Ser un nuevo Blue Man lleva seis meses de entrenamiento full time y un año más de práctica en escena para que se sienta confiado y pueda hacer un espectáculo de corrido. "Cuando te entrenás estás preparado para encarar todos los shows –cuenta Steven Wendt, que lleva tres años en la compañía– . Al final estás listo para atrapar con la boca malvaviscos, bolas de pintura y cereales." En una semana utilizan 910 bananas, más de 36 piezas de chocolate blanco y entre 640 y 1000 malvaviscos.
Tres son multitud es una expresión bastante frecuente entre nosotros. Sin embargo, entre los hombres azules tres es el número perfecto. "Es la unidad más pequeña donde se puede tener a un forastero en el grupo –explica Pam Harris–; dos chicos le ganan al tercero, o el tercero les gana a los otros dos. Puede ir y venir de cualquier manera, y eso genera tensión teatral."
Al verlos uno asume que son personajes masculinos, pero sus creadores los consideran seres andróginos, sin ego, sin género. No son muchas las mujeres que se animan al casting: el espectáculo de Boston contó entre sus filas con una de las valientes que superó la prueba.
¿Por qué el azul? Los fundadores sostienen que este color no tiene otras asociaciones, como el rojo, que tiene una connotación diabólica, o el verde, que puede relacionarse con los marcianos. Con el tiempo también descubrieron que existen tribus en diferentes partes del mundo que se pintaban de azul para teñir sus almas, algo así como un salto al vacío. Pero no es cualquier azul. El tono International Klein Blue, patentado en 1960 por el artista francés Yves Klein, fue el elegido. Tomar color puede llevarles cerca de una hora y media; quitarlo, un poco más de una hora, pero aun después de ducharse los actores saben que si hacen una actividad deportiva seguida del show es posible que suden azul. Hubo casos en los que llegaron hasta a manchar las sábanas. A Wendt y a sus compañeros, no les preocupa demasiado. Saben que la pintura que utilizan no es tóxica y que es creada especialmente para ellos. "Tiene una fórmula tan secreta como la de la Coca-Cola."
La música es otra de las patas fundamentales del grupo, una banda en escena y gran despliegue de instrumentos creados para la ocasión, como los ya clásicos tubulum, el drumulum y el piano smasher, complementan el espectáculo de gran impacto visual. Una verdadera fiesta para los sentidos.
1
2Ensaladas sabrosas: un recorrido original y propuestas con identidad que se convierten en plato principal
3Convertí tu jardín en un santuario natural: el método en tres pasos para atraer aves
- 4
En fotos. Todos los invitados al desfile de Anna Rossatti en el Palacio Libertad con Karina Milei en primera fila


