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Bestiario

Labradora rebelde. No podía pasear con su perro hasta que comprendió por qué

Jimena Barrionuevo
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5 de mayo de 2020  • 19:51

Salir a pasear se había vuelto un problema. El veterinario había dado el visto bueno para que Afra, una labradora negra cachorra, conociera el mundo exterior y se vinculara con otros animales. Pero cada vez que su humana le ponía la correa, comenzaba el malestar. Ladraba sin parar y se alteraba por demás cuando se cruzaba con otros perros, tiraba de la correa y no lograba tener un paseo tranquilo acorde a las necesidades de su edad.

"Ninguna de las dos la pasaba bien. Es más, la salida se había convertido en un problema. Y, por esa razón empecé a sacarla menos, pero esa no era la idea. Entonces buscando Internet qué podía hacer para que pudiéramos salir a la calle y no fracasar en el intento, encontré la posibilidad de tomar clases con ella y a partir de ese momento me profesionalicé en el entrenamiento canino", cuenta Jésica Comas.

Es que Afra, luego descubrió, había tenido una mala socialización de cachorra. "Había estado encerrada en casa hasta los 5 o 6 meses, que fue el periodo en el que completó su plan de vacunas. Además, era la única perra que vivía conmigo en ese momento; por ende, no había visto otros perros desde que se había separado de sus hermanos y no sabía lo que era estar en la calle".

El periodo de socialización de un cachorro se extiende hasta los cuatro meses. Es un proceso a través del cual el perro aprende a relacionarse con todo tipo de personas, animales y entornos. Es la etapa más importante en la vida de un perro, ya que las experiencias vividas en ese momento van a marcar el resto su vida. Si tiene una socialización adecuada, va ayudar a que el perro tenga un carácter equilibrado y sea seguro de sí mismo. "Este periodo es muy importante y no debemos dejar de consultar con nuestro veterinario o con un especialista en comportamiento cuáles pueden ser las opciones para salir. Algunas alternativas son salir con el perro a upa, o que conozca al perro de algún amigo saludable, con su plan de vacunas al día y equilibrado. En ese momento yo no sabía nada de perros y me perdí una etapa muy importante de mi perra".

Poco a poco, la relación entre perra y humana comenzó a evidenciar importantes cambios. Jesica estaba convencida de que el aprendizaje debía ser en los dos sentidos. "No es el perro solamente el que debe aprender a comportarse, sino que su humano, su responsable, también debe aprender tanto su lenguaje como sus necesidades, para comprenderlo y aprovechar al máximo del vínculo más puro y sincero que existe".

Zoe, Afra y Nirvana, las perras que conforman la manada de Jésica.
Zoe, Afra y Nirvana, las perras que conforman la manada de Jésica.

Y, en ese camino, Jesica sintió que era necesario profundizar sus conocimientos y experiencia sobre y con los perros. Así, desde 2014 trabajó con caninos en diferentes áreas: como paseadora, como cuidadora y como adiestradora y se especializó en perros de asistencia para niños con autismo y personas con movilidad reducida. Y desde todos estos ámbitos siempre sostuvo que la falta de información, educación y difusión es el mayor problema al que se enfrentan quienes tienen animales y aquellos profesionales de la salud y el comportamiento a ese mundo vinculados.

"Venimos de una generación donde el perro es perro y debe obedecerme porque yo soy el que manda en la casa. En este sentido, el lugar del perro es el patio: afuera, solo y que se arregle. Y eso me hizo preguntarme: si las personas que piensan de esa manera supieran cuáles son las necesidades que tienen los perros, cómo se comunican o cómo sienten,¿pensarían/actuarían igual?".

El cambio de Afra era notorio: ahora disfrutaba de los paseos al aire libre, se mostraba como una perra confiada y tranquila y podía vincularse con otros de su especie sin ansiedad ni temor. Y así fue que Jésica comenzó a notar en ella señales de calma, aquellas que hacen los perros para transmitirle a otros perros o personas que no quieren entrar en conflicto. Es decir, son mensajes para aliviar tensión. Si jugaba intensamente con otro perro, giraba y ofrecía en forma alternada un costado diferente para la interacción. Incluso, estando en el parque, cuando otro perro se acercaba de frente, en lugar de rodearlo, Afra miraba hacia otro lado para comunicarle que se mantuviera en calma. "Todas las relaciones se construyen y hay que dedicarles tiempo, con nuestros perros es igual. Debemos ser pacientes, dedicarles tiempo, tratarlos con respeto y empatía. El adiestramiento no es magia, ni ningún problema se resuelve de un día para el otro, todo es un proceso".

Atención en cuarentena

Dentro de casa, es probable que en estos días el perro se haya convertido en la sombra de su humano. "Esto puede ser perjudicial porque cuando volvamos a nuestras rutinas, el animal puede manifestar algún problema de conducta. La permanente disponibilidad de nuestra atención que se da en este contexto puede generar que el perro desarrolle una dependencia excesiva de nuestra presencia", aclara Jésica.

Esto quiere decir que muchos se acostumbran a que su humano esté todo el día en casa y, por ende, disponibles para ellos, por ejemplo: buscan caricias o llevan un juguete y el humano accede al pedido. "Por eso, es importante armarle una rutina, tener horarios para pasear, momentos en los cuales vamos a jugar con él, iniciando la interacción nosotros y momentos en los cuales no vamos a estar a la vista de ellos o sí presentes, pero no disponibles.

Otra consecuencia de la cuarentena son los paseos, que se redujeron a una vuelta manzana para hacer las necesidades y otra vez adentro; esto puede ser complicado para los perros con mayor energía. En ese sentido, también es importante darle a cada animal una actividad donde pueda canalizar esta energía según su edad, su demanda de energía, y su motivación (hay mayor interés por algunos tipos de juegos sobre otros), pero siempre teniendo en cuenta los tiempos de juego. Jugar todo el día va en contra de dejar espacios de soledad para que puedan afrontar mejor cuando la vuelta a la rutina cuando suceda. "Lo bueno es que la cuarentena se va a ir retirando de manera progresiva, esto nos da tiempo para que los perros se adapten nuevamente a la rutina, depende mucho de cómo está formado nuestro grupo familiar y cómo nosotros tenemos que volver a la rutina. Mi consejo: tratá a los perros como si en tu próxima vida tu fueses un perro".

Jesica asegura que, gracias a sus perras, todos los días descubre lo importante que es comprender las necesidades de los animales y aprender su lenguaje para conectar, disfrutar y, sobre todo, darle una buena calidad de vida. (Se pueden seguir sus consejos en su cuenta de Instagram).

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