
Lalo Mir & Victoria Bertone: así es el amor
Se conocieron en 1993, en el cumpleaños de Carlos Sturze (uno de los raporteros de Videomatch) y se quedaron charlando en una terraza hasta que, a la fuerza, cayeron en la cuenta de que prácticamente todos los invitados se habían ido. En ese entonces Eduardo Enrique Lalo Mir era ya un animal de radio y María Victoria Bertone una esforzada maestra jardinera
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Desde el primer encuentro son numerosos los contrastes y cambios acumulados en cada integrante de la pareja de Lalo y Victoria: una intensa y divertida vida, afianzamientos y descubrimientos profesionales, trabajos en común (en teatro, en Lalo canta Victoria y con la productora Sellos de Goma, Sangres Paralelas; en radio; en televisión) y dos hijas. En aquella terraza se enamoraron, pero no recuerdan con precisión si alguno de los dos asumió la ceremonia de la declaración. Tan arrobados estaban que, en aquel instante, no atinaron a intercambiarse teléfonos. Pero todo estaba dicho para el creativo locutor de San Pedro que ya triunfaba en Buenos Aires y para la maestra marplatense de alumnos hipoacúsicos que quería ser actriz. Dice Lalo: "Recorrí como 13.500 edificios y jardines, toqué todos los timbres, soborné a todos los porteros, hasta que la encontré".
Así es el amor.
-¿Cuál es el tema más común de disputa que tienen?
Victoria Bertone: -Casi seguramente, tiene que ver con el "no me escuchás cuando te hablo".
Lalo Mir: -Yo tengo otro tema: los reproches que genero cuando me pongo alcohólico del trabajo. Me bandeo y laburo demasiado.
V. B.: -También me enojo porque se distrae en exceso, por ejemplo, cuando maneja.
L. M.: -Sí, es cierto. En un término demasiado corto, choqué, o me chocaron, en cada caso producto de distracciones generadas por el stress. Consulté a un terapeuta y me terminó preguntando de qué me asombraba, porque eso era lo normal, lo que le pasaba a medio mundo. Yo digo que es la omnipotencia de querer hacer todo.
-¿Les gusta trabajar juntos?
L. M.: -En general, hacemos muchas cosas en compañía. Cuando empezamos a salir pasábamos muchas horas juntos. Ella cursaba en La Plata y yo le pasaba algunos apuntes en la computadora. Lo hacíamos entre los dos, mientras destapábamos un vino y escuchábamos música. Y todavía hoy compartimos muchas actividades, como ir al supermercado o consultarnos todo. No hay roles masculinos o femeninos en el cuidado de las chicas, en la organización de la casa. Y siempre preferimos hacer las cosas juntos.
V. B.: -Sí, somos bastante pegotes, si podemos elegir, preferimos hacer las cosas entre los dos. En todo yo diría que somos así. No sé si suena muy enfermo, pero compartimos mucho.
-¿Alcanza con un solo hombre, alcanza con una sola mujer?
V. B.: -A mí me alcanza.
L. M.: -Sí, es suficiente (risas). El tema preocupante es cuando empiezan a aparecer las triangulaciones. Ahí, evidentemente, surgen las dudas, es que algo está funcionando mal. Con respecto a lo enfermo, hay diferentes tipos de enfermedad. Conozco gente con tres matrimonios o cuatro familias paralelas. Esos están totalmente de la cabeza, pero nuestra familia está súper okey.
-Cuándo descubren que el otro tiene una actividad importante o excluyente, ¿les da celos?
V. B.: -Ya no, pero antes cuando la relación era más nueva y estaba más insegura, me desesperaba que hubiera lugares en donde estaba él y yo no. Aunque no fuera más que una reunión de amigos y aunque supiera que me aburriría tremendamente. Ahora, cada vez tengo menos de esos fantasmas.
L. M.: -Victoria es bastante cuida del tiempo.Cuando se da cuenta que asumo muchos compromisos, enseguida me dice: "Lalo te estás zarpando, te vas a la mañana y volvés a la noche, hace dos días que no estás, primero te comprometés a hacer demasiadas cosas y después andás como un loco para cumplir con todo". Ella tiene razón.Y trato de ordenarme. Me sirve que ella me ponga los puntos sobre las íes y así me doy cuenta de que soy alguien con el sí fácil que termina armándose jornadas imposibles, con citas entre las citas . Lo único que gano es ponerme de mal humor conmigo mismo. Valoro los palos que me da Victoria en ese sentido porque me ayudan a considerar mi tiempo y a ordenarme.
-De acuerdo con la experiencia de ustedes, ya con un divorcio anterior, ¿quién se enamora más genuinamente, más profundamente? ¿El hombre o la mujer?
L. M.: -No se puede generalizar, creo que cada pareja es un caso. Hay tipos y tipas muy enamoradizos, y mujeres y hombres a los que se les pasa rápido la calentura. En nuestro caso, creo que los dos estamos igualmente enamorados.
V. B.: -Difícil pregunta, porque si tuviera que responder sobre la base de la experiencia de parejas anteriores en las que siempre fui yo la que tomó la decisión de romper, podría decir que no estaba lo suficientemente enamorada o que no había sabido elegir. Ahora puedo decir que estoy genuina y profundamente enamorada.
-¿Aceptan eso que se dice, que las mujeres son más comprometidas en la cuestión amorosa?
L. M.: -Es posible que sea cierto. Los tipos tenemos otra fama y el machismo es una característica indudable, pero ahora también hay mujeres a las que se les descubre una doble vida.
-¿Tienen amigos con parejas divorciadas o sólo se juntan con parejas constituidas?
L. M.: -Tenemos amigos de la más extraña calaña...
V. B.: -Amigos de todo tipo.
L. M.: -Amigos de antes, de después, amigos de ella, amigos míos, amigos que estaban casados y se separaron, y vos no sabés muy bien de qué parte de la pareja seguís siendo amigo, amigos que son una verdadera confusión.
V. B.: -Somos amigos de parejas más grandes que nosotros y que a su vez tienen hijos grandes y también nos hicimos amigos de los hijos, amigos del palo artístico, amigos que no tienen nada que ver, amigos de Mar de Plata y amigos de San Pedro.
L. M.: -Lo nuestro es de una heterogeneidad llamativa, amigos que se dedican a fabricar empanadas y amigos bancarios, amigos del teatro y amigos de la radio.
-Cuándo se casaron, ¿se prometieron amor hasta que la muerte los separe?
L. M.: -No me acuerdo qué nos pidió el chabón del Registro Civil, pero si lo dijimos, fue como mero formulismo. Sabemos que el amor puede durar toda la vida o puede durar un instante. ¿Cómo ponerle tiempo a una cosa como ésa? Además, yo no le pongo tiempo a nada en mi cabeza.
-Dicen que la convivencia sepulta la pasión, ¿qué les pasó a ustedes en ese tema?
V. B.: -Nosotros somos muy activos y apasionados en todas las cosas de la vida en general, y la pasión es una de ésas. Si la pregunta se refiere a la pasión del sexo, es posible que nosotros no la tengamos toda puesta allí, como esas parejas que dicen nosotros todos los días y cinco veces. Es natural que uno atraviese por épocas de más pasión y otras de menos pasión, pero la pasión de vivir está todo el tiempo.
L. M.: -En todo lo que hacemos hay pasión... pero no está puesta toda en el dormitorio. La familia, el stress, el entorno y los chicos le cambian todo a uno, pero es fantástico, porque cuando nos alejamos un poco del laburo automáticamente recuperamos los viejos ritmos. Siempre hacemos escapadas de un fin de semana, de una noche...
-¿En qué rasgo de ella te quedaste mimetizado y qué reconocés tener vos de ella?
L. M.: -Yo, gracias a ella, aprendí a pelear más mis cosas, le tomé una actitud arrolladora, de ir al frente. Ella también cambió, porque antes saltaba enseguida ante cualquier clase de maltrato, se indignaba, se sacaba. Me parece que se atemperó en defensa de sus derechos. Pero así son las cosas de la pareja, porque aquel espíritu de templanza que traté de transmitirle se lo pasé demasiado a ella y yo fui tomando el viejo estilo y un día en el aeropuerto terminé a los gritos porque no conseguíamos asiento en el avión y Victoria que me tiraba de la manga y me pedía: "Lalo calmate". O la última vez, hace poco, cuando en un supermercado me puse como loco porque no me querían reconocer un puntaje de la tarjeta de crédito.
V. B.: -Es cierto, lo que yo le robé a Lalo es aprender a discriminar cuándo vale la pena saltar.
-¿Cuál es el sketch personal más divertido que todavía no llevaron al teatro?
V. B.: -Y no sé si lo vamos a llevar, porque en el fondo fue muy dramático. En un hotel, en San Pedro, a Lalo le dio un cólico renal que lo doblaba de dolor. Pateaba puertas, lloraba tirado en la cama, más sufría él y más tentada de risa estaba yo. Me resultaba imposible ponerme en su lugar, eso me pareció un sketch, porque por un lado me partía el alma verlo sufrir y por el otro pensaba: nada puede doler tanto.
-Como gente de teatro, ¿acostumbran a hacerse escenitas?
L. M.: -Antes tal vez hacía más escenas...
V.B.: -Yo, más que escenas, he hecho verdaderos papelones, especialmente por celos. Una vez a Lalo una periodista lo estaba entrevistando en la puerta del teatro Maipo y a mí se me cruzó que estaba demasiado cerca. Y no tuve otra idea que interponerme y empezar a gritarle al micrófono del grabador: Bueno, basta, se acabó el reportaje. Y me fui corriendo y Lalo me siguió, estaba enojadísimo. Otra situación que sí metimos en uno de los espectáculos fue la de una carta que Lalo recibió y que venía estampada con un beso y con un baberito. Yo estaba embarazada y cuando la vi me volví loca. En ese momento creí que una simple carta podía poner en peligro nuestra historia, hasta que me di cuenta de que no era así.
-¿Se puede amar al otro tal como el otro es o se trata de una aspiración imposible?
L. M.: -Es difícil, uno siempre trata de cambiar al otro. No sé bien por qué. Intenta que el otro piense como uno y que siempre le dé la razón, pero también hay una búsqueda. Uno va cediendo y encontrando que se puede estar sano en la diferencia.
-¿Cuál de los dos llora más?
L. M.: -Yo soy de soltar la lágrima en una película, o leyendo un texto que tiene algo de autobiográfico en la radio y que se me piante un lagrimón no me da ninguna vergüenza.
V. B.: -Yo sí soy llorona, en toda situación y lugar. En la calle cuando veo algo que me lastima o en mi casa después de pelearme con mi hermana o con mi madre. Y con eso puedo estar llorando tres días seguidos, hasta que recupero mi centro o entiendo que la vida es así.
-¿Escuchás a tu marido por radio?
V. B.: -La verdad, poco. Ahora un poco más por AM, porque en ese momento del mediodía suelo estar en el auto y puedo. En la FM lo escucho menos.
-Como muchas otras mujeres, ¿la tuya te reprocha y te dice que no la escuchás?
L. M.: -Sí, la verdad es que, vamos a ser claros, yo no la escucho (risas).
V. B.: -A lo mejor podrías pensar que es un chiste, pero no. En el caso nuestro, no es chiste. Hay momentos en que Lalo me escucha demasiado, se pasa de atento, pero lo terrible es cuando se pierde, se divaga, y deja de escuchar, a mí y a cualquiera.
L. M.: -Hablando en serio, yo creo que esto que sienten las mujeres es una convención, o un complejo. He hecho pruebas como éstas. Decirle en detalle a Victoria qué es lo que voy a hacer y, a las dos horas, anunciarle que me voy y que ella me pregunte: "¿Adónde vas?" Creo que ellas tampoco escuchan, sólo que los hombres no tenemos la costumbre de decir: "Pero no me escuchás".
-Cuándo escuchas a Lalo en los medios, ¿sentís a veces que es una persona a la cuál no conocés?
V.B.: -No, lo reconozco como alguien muy familiar L. M.: -Eso tiene que ver con el payaso que uno tiene adentro y que no siempre está presente. Alberto Olmedo no iba por la vida contando chistes, el tipo se transformaba en cámara, porque allí se convertía en personaje. A mí no me gusta demasiado escucharme, ya sea en una cinta de 3 años y ni te cuento en otra de 15 años, porque tengo la sensación de que estoy escuchando a otra persona. No me reconozco.
-¿Y qué te pasa cuando la escuchás que ella habla largamente por teléfono con alguien y que esa conversación te excluye?
L. M.: -Me molesta si no sé con quién habla. Ahí sí paro más la oreja. Pero ya cuando descubro quién está del otro lado, la duda desaparece. A veces me inquieta el tema de los pulsos telefónicos.
-¿Cuál de los dos tiene más contacto en la casa con las hijas?
V. B.: -Son contactos distintos, pero si se suman los tiempos es la misma cantidad para cada uno.
L. M.: -No, de ninguna manera. Ella tiene más contacto, porque está más en casa.Yo estoy más afuera, porque salgo a trabajar y estoy todo el tiempo que puedo.
-¿Alguno descubrió en el otro una actitud feminista o una actitud machista que les haya molestado?
-V. B.: -Lalo es poco machista, por eso estamos juntos. Me acuerdo una vez que estaban pasando unos chistes machistas por la radio, y cuando lo vi le marqué que a la audiencia, más de la mitad mujeres, le caía muy mal. El me escuchó y los sacó.
L. M.: -Tenía razón, el chiste obvio, el fácil, no sé por qué, pero parece que es el que más funciona. Ya estamos habituados, ¿no? Pero era cierto, molestaban y los borré.
-¿Quién de los dos maneja el control remoto del televisor?
L. M.: -En un ochenta por ciento lo maneja Victoria. Y cuando se aburre o ya no encuentra nada me lo devuelve hecho de goma, y me dice: me voy a dormir. Y yo doy dos vueltas más, lo revoleo y también me voy a dormir. Ella es más controlremotera, tenemos distintos objetivos e intereses frente al aparato. A los dos nos gusta mirar los programas de cocina, pero si el que maneja el control soy yo, mi capacidad de huida mental es tan fuerte que me puedo detener en cosas que a ella le resulta imposible entender.
V. B.: -Claro, ¿viste la publicidad de Sprayette, del Llame ya? Bueno, uno se queda un ratito, él se puede quedar horas. O en una charla entre dos economistas en el Canal 72 a las 6 de la mañana, eso no se puede creer ni entender.Yo creo que se queda tildado frente al aparato y ni sabe lo que mira.
LM: Cuando encuentro a esos dos chabones me quedo a ver si descubro lo que no dicen. Lo que dicen, realmente, no lo escucho. Pero si hay algo que no tiene criterio es el zapping.
V. B.: -Eso no es cierto, mi zapping, aunque vos no te des cuenta, tiene lógica. Porque cuando termina un programa en el canal Gourmet voy a ver si empezó Friends por Sony y así. Porque tengo tres o cuatro programas que sigo.
L. M.: -Lo mío no es así, es muy anárquico, pero también con algo de útil, porque viendo a esos dos economistas construyendo sus discursos desde la nada a lo mejor se me dispara lo que voy a decir mañana en la radio. La televisión es ideal para mi mundo de intereses, porque me abre y me cierra las ventanitas de mi cabeza muy fácilmente.
Sangres paralelas
- Matrimonios anteriores:
uno cada uno, con respectivo y acreditado divorcio legal. Casados prácticamente como Dios manda, ya que la unión civil se produjo cuando la hija mayor había cumplido un año y medio. - Edad:
Lalo tiene 48 años y Victoria cumplió 36. - Hijas:
dos; María, de 7 años, y Clara, de 4. - Modos de llamarse en la intimidad:
ella a él, Eduardo, "porque la gente, que lo llama Lalo, me escucha decirle Eduardo y no entiende". El a ella: "De muchas maneras: Vico, Totó, Víctor, por aquella comedia Víctor-Victoria. Pero lo más común es que la llame Victoria". - Un lugar en el mundo:
varios. Grecia, tomando una copa de vino sobre un acantilado en la isla Santorini y el morro San Pablo, frente a Itaparica, Brasil (Victoria); Sicilia, Venecia, Nueva York (Lalo). - Los dos:
desayunos familiares de domingo, con los chicos, en la cama, desde la que se ve el río, en San Pedro. - Aquel restaurantito:
según las épocas, el buffet de la Asociación Japonesa sobre la calle Independencia; el club polaco, en Palermo Viejo, y actualmente distintos restaurantes y provisiones del barrio chino ("¿O deberíamos llamarlo el barrio taiwanés?", duda Lalo), en Belgrano. - Un trago que no cansa: el Bellini, que por primera vez probaron en el restaurante Cipriani, de Venecia. Contenido: durazno licuado con champagne. La ventaja comparativa de beberlo en la Argentina, explica Lalo, es que se puede hacer con los formidables duraznos sampedrinos.
- Para ir al cine, solos y juntos:
las primeras funciones de la tarde, a la hora de la siesta. - Pareja que admiran:
"Nos encantaban el Ova Sabatini y Catherine Fulop. Ahora se separaron, ¿no? (Se ríen.)





