Las fotos del silencio

Pueblos de los Andes, libro de reciente aparición del fotógrafo Lucio Boschi, descubre paisajes y culturas tradicionales: valiosas imágenes tomadas en Jujuy, el norte de Chile y el sur boliviano que sugieren mucho más de lo que muestran
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26 de agosto de 2001  

Agosto es, para todo el norte argentino y la región andina en general, el mes de la Pachamama. En todas partes -también en el Perú y los países que limitan con Salta y Jujuy- se celebra a la Madre Tierra de muchas maneras. La fiesta incluye la realización de bailes rituales, homenajes, oratorios de glorificación, formación de pircas o modestas acumulaciones de piedras entre las cuales la gente del lugar coloca billetes -si queda alguno-, además de botellas con chicha, recuerdos, imágenes artesanales donde lo sagrado y lo profano se funden en una sola esperanza. La gente sahúma sus casas, lo que significa encender unos carbones de olor penetrante que impregnan de humo todos los ambientes a modo de purificación. Hay música, danzas y mucha alegría, por más que haga frío y por más que las cosas no estén, para los pobladores, en su mejor momento. Pero ya se sabe que el mal tiempo se afronta mejor con optimismo y fe en la espera.

También Lucio Boschi, un fotógrafo argentino que desde hace algunos meses reside en la ciudad jujeña de Tilcara, sahúma su casa. También él sale de fiesta con los pastores de ganado y con los músicos de la región. En estos días, además, tiene doble motivo para festejar, ya que acaba de aparecer su libro Pueblos de los Andes, del que en estas páginas se reproducen algunas imágenes. Se trata de una sensible recorrida artística y testimonial por los pueblos vecinos del noroeste argentino, Chile y el sur de Bolivia. Es (también) un silencioso desfile de hombres, animales, tejidos gastados y paisajes siempre nuevos donde lo vulgarmente pintoresco cede lugar a una mirada más honda, desprovista de idealización o paternalismo. El libro, en definitiva, se convierte en un homenaje personal a los pueblos que conviven con la tierra, que la celebran y la rodean de los mejores cuidados. "Es gente que vive su vida de manera muy austera -sostiene Boschi desde su búnker de las afueras de Tilcara-. Pueblos de los Andes del Sur que, si padecen la inclemencia del clima y de la vida, lo hacen al menos con dignidad." Hace tiempo que está enamorado de esta región. Su primer contacto con la Puna y con los imponentes cerros de Jujuy y otras provincias vecinas se produjo en la adolescencia. "Yo no había terminado el colegio, mi padre había muerto y me fui para allá -cuenta-. Tenía apenas 19 años cuando recorrí La Quiaca, Bolivia, la Quebrada y otros lugares que se me impusieron naturalmente." Después de ese primer contacto, el fotógrafo empezó a viajar por el mundo con una sed inapagable. Ya recorrió con su cámara y su mirada culturas diversas, caminos y países. En 1988, viajó a Alaska por vía terrestre y, desde entonces, no dejó de visitar distintas regiones del mundo.

En 1991 vivió durante seis meses en el Yukón, compartiendo la vida de los esquimales; un año después cruzó Siberia en tren, convivió con poblaciones nómadas de Mongolia y atravesó parte de China en bicicleta. Colaborador frecuente de Unicef y Greenpeace, Lucio Boschi visitó -entre 1993 y 1995- la India, Nepal, Bhutan y Burma. Pero siempre que pudo volvió al norte argentino hasta que se quedó allí, acaso para siempre. "Me gusta la vida a la deriva -admite de pronto con espíritu beatnik-. Pero ahora prefiero pensar en ocupar un territorio, poblarlo, formar una familia, ver crecer los árboles, tener perros y caballos a mi alrededor. Empecé viajando a lugares exóticos, buscaba muy lejos lo que tenía aquí cerca, tal vez en la plaza de Tilcara donde todas las mañanas hablo con mi amiga Evarista Rodríguez, vendedora de flores. No es que el mundo lejano haya dejado de interesarme, pero ahora prefiero saber qué pasa con la montaña cuando llueve, escuchar la música del río, participar como uno más en la vida cotidiana de mi territorio." ¿En comparación con Buenos Aires, la ciudad de Tilcara resulta un mundo perfecto?, se lo provoca. Boschi ataja el golpe y advierte que, en todo caso, la Quebrada ostenta un ritmo de vida más calmo y que allí se conservan valores que en las grandes ciudades tienden a diluirse. "Buenos Aires está sumida en una existencia cada vez más artificial -dispara-. Mucha computadora, mucho e-mail, muchos jueguitos electrónicos, mucho egoísmo, encierro y agresividad. No digo que en Tilcara todo sea color de rosa, pero al menos aquí un chico todavía disfruta remontando un barrilete -para lo cual le sobran viento y cielo-, las casas permanecen con sus puertas sin llave, y los vecinos le dan de comer y beber a la tierra todos los días, especialmente en el mes de la Pachamama, porque consideran que cualquier abuso del entorno podría ser fatal para ellos." Se le pregunta por qué la elección del blanco y negro para todas las imágenes del libro. "Creo que así voy directamente al punto -responde-. En el Norte los colores son maravillosos, la gente se viste con tonos fuertes, y hasta los pastores de la Puna eligen colores elocuentes para acompañarse a la distancia. Pero el blanco y negro me habla de algo básico, de eso que resulta esencial y que acaso yo no supe ver en anteriores trabajos." Con espíritu autocrítico, el fotógrafo se refiere tangencialmente a Señores de la tierra, un libro suyo publicado años atrás. "Hoy me molestan determinadas imágenes de ese trabajo -confiesa-. Creo que ahí yo todavía idealizaba a los pueblos del Norte. Con una mirada inocente, además, sacaba la típica foto de la nena humilde con suéter rojo o la de la clásica señora con sombrero redondo, todo con un cierto romanticismo naïf del que ahora por suerte me estoy alejando. En Pueblos de los Andes, en cambio, se ven escenas más crudas, más verdaderas, donde la bondad aparece unida a la dificultad, a las zonas oscuras que todos tenemos."

Las fotos de Boschi son, sin proponérselo, enemigas de la globalización. Buscan subrayar lo propio sin negar lo universal. ¿Y qué es lo propio? ¿En dónde está esa identidad única e intransferible? Tal vez esté, por ejemplo, en la imagen sutil de Juanita -la hija del músico Ricardo Vilca y también su ahijada- retratada con una gigantesca pluma de cóndor en sus manos. Está en la danza primitiva de los samilantes, habitantes del lugar que cubren sus cuerpos con plumas de suri, una especie de avestruz, para llamar a la lluvia. "Ocurre que cada vez que la tormenta está cerca, el suri sufre un mareo -cuenta el fotógrafo-. Entonces empieza a dar vueltas como si estuviera ebrio, y por eso la gente supone desde los tiempos del incario que en el animal anida la capacidad de hacer llover." En otra foto del libro se ve a Trinidad Cabrera, campeona de las ermitas de Semana Santa, unas composiciones artísticas que se elaboran con semillas y flores. En otro lugar se ve el precioso rostro de Lidia Vargas, reina y señora de un pueblito situado al este de Humahuaca llamado Chaupi Rodeo. "Con Lidia me pasó algo digno de contarse -se entusiasma Lucio-. Le saqué unas cuantas fotos; ella, excelente coplera, tocó su caja para mí y, bueno, pasamos una tarde hermosa. Un tiempo después volví a visitarla para llevarle algunas de las fotos que le había sacado. Cuando me disponía a volver y empezaba a despedirme, ella entró en su casa humilde donde no tiene luz, ni gas, casi nada. Entró y sacó una gran pata de cordero para regalarme. Yo le agradecí, pero le dije que seguramente ella iba a necesitar esa carne mucho más que yo. Lidia, sin embargo, insistió en darme su regalo. Entonces le dije, ya un poco fastidiado: ´Pero doña Lidia, usted no entiende´. Ahí me cortó en seco y replicó: ´El que no entiende es usted, acá cuando recibimos algo damos otra cosa a cambio´. Entonces, muy calladito, agarré la pata de cordero y después me la comí en casa muy contento."

Acompañado por conmovedores testimonios de los propios retratados, el libro de Boschi no presenta un gran despliegue técnico. Este fotógrafo jamás usa flash (sólo luz natural) y ni siquiera sabe el significado de la palabra autofocus. "Las cámaras modernas son como un ovni para mí. Yo aprendí solo, haciendo las cosas mal, y el único curso que hice fue un seminario con mi amigo Marcos López. No sé mucho de técnica, aunque conozco las herramientas que uso, sé cómo utilizarlas y creo modestamente que tengo alguna idea de cómo mirar."

Cuando Boschi se fue al Norte no quiso escapar, sino encontrar su lugar en el mundo. "Me gusta Buenos Aires y es una ciudad que disfruto mucho -se apura a aclarar-. Pero acá, en Tilcara, estoy mucho mejor. Puedo mirar durante horas cómo se mueve un árbol. Y lo más importante, estoy muy cómodo en el silencio. Me gusta la soledad, si bien no soy un ermitaño. No podría ser un pastor de la Puna; mi tarea es otra. Yo me propuse comunicar algo, mostrar un valor que la gente por lo general subestima. El mundo suele ver el modo de vivir de esta gente como retrasado, insalubre, equivocado. Yo creo que de todo eso hay un poco, pero no es todo lo que debemos considerar. Los pueblos andinos también saben vivir felices y saludablemente. En las grandes ciudades se tiende a igualar todo, desde la religión hasta la ropa, la música y la comida que se consume. Desde Buenos Aires, suponen a veces que lo que los pueblos del Noroeste necesitan es tener canal de cable en todas las escuelas. Eso es discutible. Yo pienso que, primero, los chicos del Norte deberían aprender todo lo que sus mayores tienen para enseñarles. Quieren convencernos de que lo bueno es que ellos se acerquen a nosotros, y lo malo es que nosotros, los supuestamente civilizados, aspiremos a ser como ellos. Curiosamente, las áreas más cuidadas del planeta son justamente aquellas en las que todavía sobreviven las poblaciones indígenas. No los idealicemos, pero, por favor, tampoco los subestimemos. Nosotros tenemos indudablemente mucho para darles. Pero las culturas tradicionales pueden darnos el alma y la fuerza que nos están faltando."

Quien habla de este modo, amigo y apreciado colaborador del charanguista tucumano Jaime Torres, acaba de ser contratado por la Unesco para presentar un amplio registro de imágenes cuyo fin último es permitir que la Quebrada de Humahuaca sea declarada Patrimonio de la Humanidad. Cuando eso suceda, tal vez muchos argentinos descubran que ese Norte maravilloso, y tan bien reflejado en las fotos de Lucio Boschi, está mucho más cerca de lo que pensaban.

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