
Las manchas que a nadie preguntarías cómo quitar
Jolie Kerr se convirtió en los EE.UU. al explicar la forma de eliminar rastros demasiado incómodos
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NUEVA YORK.- Como decía el que todavía es el gran oráculo de esta ciudad, Jerry Seinfeld, si tenés grandes manchas de sangre en tu ropa, tenés mayores problemas que cómo lavarlas. Pero si a pesar de esto uno quiere a toda costa recuperar esa linda corbata de seda con la que se acaba de llegar de Las Vegas, o el vestidito escotado que estuvo cerca del "accidente" en Atlantic City (en Nueva York nunca nadie va a preguntar qué pasó, ventajas de estar en la ciudad más individualista del mundo), hay un nombre para tener siempre en cuenta. Y no, no es Martha. Martha Stewart es la referencia absoluta en términos de limpieza aspiracional, de esa que deja al departamento reluciente como la tapa de Architectural Digest o House Beautiful, y la ropa como para una producción de Vogue -al menos en el imaginario popular-. Para la vida real y los inconfesables desastres, en cambio, está Jolie Kerr.
Kerr, de 37 años, se armó un nicho como la "Clean Person", o "persona limpia" oficial de distintos sitios web de gran llegada entre los jóvenes, que no se sentían cómodos, por ejemplo, llamando a sus madres después de una noche de pasión con un ser del que ni se recordaba el nombre para preguntar cómo eliminar los rastros en las sábanas. Martha Stewart, en sus biblias sobre el hogar "perfecty perfect" se ocupa del tema, pero hay que buscar la solución bajo el nombre más discreto de "proteínas".
Kerr acaba de publicar una buena parte de sus consejos en forma de libro. Con el elocuente título de My boyfriend barfed in my handbag, and other questions you cant's ask Martha (Mi novio vomitó en mi cartera, y otras preguntas que no se le pueden hacer a Marta), explica cómo limpiar los juguetes sexuales (con o sin batería, importante distinción) o la pipa de marihuana, esto último, además, de la manera más ecológica posible.
"Trato de contestar las preguntas de mis lectores sin ponerme a juzgar a nadie - explica en diálogo con la nacion-. Por ejemplo, una vez me preguntaron cuál era la mejor forma de limpiar pantalones de ciclista comprados usados. Mi reacción instintiva era decir qué asco, no compres pantalones de deporte de lycra adherente usados. Pero después recordé que, sobre todo los que tienen un poco de acolchado en la entrepierna, pueden ser caros, y que quién soy yo para interponerme entre una persona y el asiento de su bicicleta. Así que le di inmediatamente mis consejos. Y si alguien quiere comprar ropa interior usada, ahora también le digo adelante amigo, aunque no sea exactamente lo que haría yo."
Kerr no nació en la típica casa de las series americanas estilo Mujeres deseperadas, donde todo era reluciente y le enseñaban de chica las cinco formas distintas de estirar un mantel. "Nací en Boston, hija de dos abogados, y luego estudié en Barnard College. Mis padres querían que me sacara buenas notas y que luego tuviera una carrera profesional exitosa. Que supiera el doble hélice, no las distintas propiedades de la lavandina. Así que lo que hago ahora fue puramente de autodidacta", subraya, y cuenta las horas que pasó en distintos pornoshops, por ejemplo, conversando con vendedores hasta encontrar la mejor forma de limpiar los productos allí a la venta. Pero no todo en su libro es sexo, drogas y rock and roll. Una buena parte tiene que ver con preguntas de limpieza general de la casa, sobre todo para personas que viven solas por primera vez.
"Era curioso porque en un momento trabajaba en un sitio web feminista, y tenía chicas a las que las madres no les habían enseñado a limpiar, escribiéndome para que lo haga yo desde esa plataforma -cuenta-. Pero básicamente trato de dar mis consejos dirigidos a ambos sexos. Me escriben tanto hombres como mujeres, y ellos, que cuidan obsesivamente su auto y hoy cocinan tanto, son realmente la mitad de mi audiencia, y los problemas de limpieza son universales."
Al respecto, le pregunto cuán culturalmente específico es el libro. Porque uno va a un supermercado en Estados Unidos y la sección de productos de limpieza es inconmensurablemente mayor que en cualquier otro lado. Me reconoce que es cierto, pero que tiene dos productos fetiche que se encuentran en todo el mundo y que siguen siendo su base de la limpieza. Oxigenated bleach (lejía oxgenada) para temas mayores, y las toallitas húmedas de bebe, para lo más delicado.
"Les recomiendo a todas mis amigas sin hijos que las lleven siempre consigo también. Tienen un jabón muy suave, entonces son ideales para limpiar ketchup que se cae sobre terciopelo sin arruinarlo, por ejemplo", dice.
Una mención aparte, siendo ella una persona que vive en Nueva York ("en un departamento muy, muy chiquito, pero inmaculado en el Lower East Side", me aclara), es el tema de los roedores. Aquí ya no se llama a los especialistas en erradicarlos "exterminadores", porque se sabe que es imposible acabar realmente con la plaga, y en cambio uno se refiere a ellos con el más modesto apelativo de "controladores". Le pregunto si hay algo que se pueda hacer. "Si uno vive en un edificio es muy difícil, porque está la responsabilidad compartida de los lugares comunes -dice-. Pero tapando obsesivamente cada pequeño espacio en las cañerías o calefacciones por donde pueden entrar y jamás dejando una miga a la vista, el problema se reduce radicalmente." Le cuento que lo que hacía un pariente muy cercano cuando vivía en Nueva York era, si terminaba de comer y estaba cansadísimo para lavar, meter los platos sucios dentro de la heladera hasta la mañana siguiente para evitar dejar nada tentador a los ratones siquiera en la bacha. "¡Por Dios! Esa sí que no la había escuchado -reconoció-. ¿Qué te puedo decir? No es lo que una Clean Person oficial haría, pero entiendo el razonamiento y merece toda mi admiración por lo ingenioso." Gran orgullo familiar.






