Lavezzi el chico de los tatuajes

Es figura en Napoli, donde Maradona fue rey. El delantero del seleccionado argentino reconoce que en su infancia pasó hambre, pero que ahora tiene una buena vida, y habla de los lujos, los amigos y su fundación para chicos
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26 de junio de 2011  

Ezequiel Lavezzi es bastante hermético. Le cuesta hablar de su vida, de sus orígenes. Sin embargo, cada parte de su cuerpo dice más que sus palabras. Los tatuajes, las prendas que usa, el corte de pelo. Nada parece improvisado. Por momentos contesta con cierto malestar. Aún hoy parece dolerle el abandono de su padre. Doris, su mamá, es la heroína de esta historia. No le gusta la idea de que lo comparen con otros jugadores, como Lionel Messi y Carlos Tevez, sus compañeros en la selección argentina. No reconoce referentes de su misma generación. A los 26 años juega en Napoli, de Italia, donde Maradona fue erigido rey en los años 80. Y también creó la Asociación Civil Niños del Sur (Ansur), junto a su hermano Diego, que asiste a chicos con necesidades. Tiene una personalidad fuerte, y lo hace notar. Se siente especial. Parece hacer hincapié en yo soy Lavezzi. Cuando habla de su vida cotidiana, cuando enumera sus logros, se da cuenta de que obtuvo todas aquellas cosas que el dinero puede comprar y de pronto la vocecita del pibe de barrio le pega un reto en el interior de su conciencia. "Soy de Gálvez, una ciudad muy pegada a Rosario. Empecé a jugar al fútbol de chiquito. Mis padres se separaron cuando yo tenía 2 años. Mi viejo laburó toda su vida arreglando heladeras y mi mamá trabajó como empleada doméstica. Yo, prácticamente, me he criado con mis dos hermanos, porque mi vieja tenía que trabajar para que nosotros pudiéramos estar bien. Vivía en un barrio muy humilde", resume en una suerte de minibiografía.

–¿Tu viejo se ocupó de ustedes o desapareció?

–La que hizo de madre y padre fue mi mamá. Nosotros siempre dependimos de mi mamá, no tanto de mi papá.

–¿Fuiste al colegio?

–Sí, pero la secundaria la dejé cuando estaba pasando el tercer año.

–¿Cuál era tu sueño? ¿Cómo creías que ibas a zafar?

–Nunca fui un soñador ni alguien que se ponía objetivos y decía yo, el día de mañana, quiero ser tal cosa. Mi mentalidad es la de vivir el día a día, de disfrutar cada momento que me toca. Y si me tocan momentos malos, tratar de pasarlos cuanto antes.

–En cuanto a los orígenes, ¿te identificás más con Tevez que con Messi?

–La verdad, no me identifico con ninguno, porque cada uno tiene su vida.

–Tenés un revólver tatuado y hace unos años festejaste un gol haciendo que disparabas. ¿Qué significa eso?

–Fue una cosa del momento, que trajo algunos problemas. Nunca pensé que festejar un gol así iba a tener esa repercusión. Lo que hice fue todo instintivo. Fue un gol a Estudiantes de La Plata [N. de la R.: en 2005], y en el festejo hice como que sacaba el revólver y tiraba, y justo había un policía adelante. Después se armó un poco de lío.

–¿Hasta cuándo pasaste hambre?

–Y... en la época en que la pasamos mal, la comida era siempre la misma: mate cocido con pan duro. Cuando mi mamá se separó de mi papá, con toda mi familia hemos pasado mucha hambre.

–¿Soñabas con tener a tu mamá como una reina?

–Creo que la tengo como se merece por todo lo que me dio, por todo el sacrificio que hizo por mí.

–Hablame del primer sueldo...

–Fue cuando empecé a jugar en Estudiantes de Caseros, donde cobraba 100 pesos por mes, durante casi un año. A los 17 años. Ya, a esa altura seguramente mi representante vio que no podía terminar ahí, así que me bancaba él todo.

–¿Cuál fue el primer dinero grande?

–Cuando pasé de Estudiantes de Caseros a Genoa, de Italia. Era una linda plata, porque yo tenía un porcentaje de mi pase y me habían vendido muy bien para lo que era la categoría.

–¿Qué fue lo primero que compraste?

–Lo primero que hice fue tratar de hacer que mi mamá no trabajara más, y después comprarme mi casa.

– Casi todos se compran el auto...

–En realidad, también me compré el auto. Por eso te digo que la plata que gané fue muy importante. Me dio la posibilidad de comprarme un poco de todo. Compré también una casa para que viviera mi hijo.

–¿Cómo es estar en el lugar de Maradona, en Nápoles, rodeado de fanáticos?

–La verdad es que sí, es una cosa muy extraña, porque la gente está realmente loca. Uno tiene que estar ahí para ver las cosas que pasan.

–¿Qué auto tenés?

[Se ríe, entre orgulloso e incómodo] –Tengo dos: una camioneta Mercedes Benz y una Ferrari roja.

–Describime el reloj qué tenés puesto.

–Tengo un Rolex, modelo Daytona.

– Y tenés unos anillos que son importantes. Uno es de brillantes.

[Se hace coquetamente el desentendido] –Seee. Esta es una alianza. A mí me gustan estas cosas y me las hago hacer a mi gusto.

–¿Qué significan tantos tatuajes?

–No sé.

–¿Por qué tenés tantos?

–Porque empecé a tatuarme de chico. El primero me lo hice cuando tenía 12 años, y a partir de entonces no pude parar. El primero era un indio, que ya me lo tapé. Pero, nada, uno de chico hace cosas sin pensar. Hoy, antes de hacérmelos, le busco más justificativo a un tatuaje. Antes podía hacerme cualquier cosa que me gustaba en el momento.

–¿Y esas son flores?

[Se ríe, muy complacido, casi infantil] –Yo tengo un amigo tatuador en Nápoles, el que me tatúa actualmente. Lo llamé y le dije: "Mirá, me quiero hacer una manga en todo el brazo. Enseñame algo y si me gusta, arrancamos. Me hizo un dibujo en un papel. Me gustó el diseño, con flores, con caras, con un montón de cosas. Me lo hice y la verdad es que me gusta. En la espalda tengo un dibujo que me hice de chico; en otro lado, dos máscaras grandes, y también un dibujo de Central: soy hincha de Rosario Central [dicho con orgullo]. En el otro brazo tengo el nombre de mi hijo, la Virgen de Lourdes, un dibujo del cuadro de mi barrio, el nombre de mi mamá y alguna que otra cosa.

–¿Alguna vez dijiste esto nunca más, ni mi mamá ni yo ni mis hermanos?

–No creo que haya dicho nunca más. Hoy en día trato de seguir siendo el mismo, en cuanto a ir a mi barrio a comer un guiso con mis amigos en la esquina, es decir, hacer cosas que hice siempre y que no voy a dejar de hacerlas, porque me gustan. Pero la diferencia que hoy veo es que yo puedo sentarme en un restaurante con cualquier persona y también en la esquina de mi barrio. La paso de la misma manera –y hasta mejor– con mis amigos que en un restaurante, donde la gente se muere por estar al lado de alguien conocido.

–¿Cómo es pasar de viajar en económica a viajar en primera?

–Aunque suene raro, viajé una sola vez en económica y fue cuando me vendieron a Genoa. Después, todas las veces que tuve que viajar lo hice en primera. Hoy, si tuviera que viajar en económica, me costaría muchísimo. Creo que no podría. Porque es como todo: uno se acostumbra a vivir bien, a comer bien, a tomar bien: la buena vida es buena para todo.

–¿Te quedaron amigos de la infancia?

[Categórico] –Sí, todos.

–¿Y los invitaste a Italia?

[Se ríe: se ve que han pasado cosas] –No, porque si me los llevo, me tengo que dedicar a otra cosa y no a jugar al fútbol, así que mejor los dejo ahí donde están.

–Del Potro viaja a veces con los amigos. ¿Hiciste eso alguna vez?

–No. Se ve que los amigos de Del Potro son más tranquilos que los míos. Alguno que otro, los más tranquilos, viajaron, sí. Pero además trabajan y mantienen una vida distinta a la de uno. Se tienen que organizar.

–¿Cuál es el paso siguiente? Después de Napoli, ¿cuál sería el objetivo?

–¿A nivel futbolístico? Seguramente, me encantaría jugar en un equipo grande [no quiere nombrarlo].

–¿Cómo es Maradona como técnico?

–La verdad es que conmigo se ha portado muy bien, más allá de que mucha gente piense que me ha dejado afuera del Mundial y que esto o lo otro. Yo tuve un problema muy grande, y él fue el que estuvo.

–¿Qué problema?

–No lo puedo contar. Un problema personal. Pero en su momento él me ayudó muchísimo con lo que me dijo. La verdad, contra eso, yo puedo haberme quedado afuera de un Mundial, pero no tengo ningún tipo de rencor porque, para mí, es más importante lo que me dijo anteriormente que haberme dejado afuera de un Mundial.

–¿Tuviste problemas con drogas?

–No, nunca. Gracias a Dios, no. Pero no tengo nada en contra de la gente que los tiene.

–Hablame de tu fundación.. .

–Es en Rosario, para chicos. Ni bien tuve la posibilidad económica, la fundé. La hicimos con mi hermano. Hoy en día van 40 chicos, a los que se les da una mano. La intención es tratar de inculcarles que hay otra salida, que hay otro estilo de vida. Estos chicos se crían en barrios donde muchas cosas parecen normales y no lo son, como ver a uno caminando con una pistola por la calle o drogándose en una esquina. La intención es que el día de mañana puedan tener la posibilidad de elegir qué quieren hacer.

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