
Leo: el otro García
Desde que empezó su carrera solista en 1997 no dejó de cosechar elogios. Es el primer argentino en editar un disco con la multinacional Virgin Records y se lo señala como el próximo gran artista pop
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Un living. La gigantografía de una tapa de revista con la cara de Madonna. Papel de envolver regalos con la figura de Mickey, el ratón. Fotos: James Dean, Natalia Oreiro. Una repisa donde hay una vela encendida frente a la figura de Gilda, la cantante muerta en un accidente. La Virgen de Guadalupe. Un folleto de Versace. Una foto de Britney Spears.
–El teen pop me parece maravilloso. Es honesto. Britney Spears, y es verdadera. Una adolescente que tiene 20 años, y hace lo que quiere. Es mi favorita de ahora. Yo siento que ella va a ser como una Madonna del futuro.
Esta es la historia de un chico de 31 años nacido en 1970, en Moreno. La historia de un chico raro. –Me siento raro. Siento la rareza que el otro percibe en mí. No demuestro definición, y eso puede ser raro para la gente que necesita que le definan las cosas de movida. Leo García es músico. Hace algo que define como techno pop, y es el primer argentino cuyo disco –Mar– edita en el país el prestigioso sello Virgin Records. Ahora, todos dicen de él que es el rey del pop por venir. Pero el futuro rey fue un príncipe sapo. –Mi adolescencia no fue buena. Me encantaría ser ahora adolescente, porque ya no me preocupo tanto, pero en la adolescencia la pasé mal. Soy muy tímido. Era un adolescente muy reprimido. De todos modos, fui punk. Escuchaba música dark, Joy Division, The Cure, me vestía de negro, pero me perdí de haber conocido más gente, haberme vinculado amorosamente. Yo no tuve romances. Tuve una adolescencia castrada. Ahora me encantaría ser un poco más común. Siento la extravagancia en la que vivo. Vivo solo, en un mundo de fantasías. No tengo una familia. Tengo una edad en la que ya podría tener hijos, y mi vida no se desarrolla por ahí. Se desarrolla más sobre la base de la fantasía. Tengo la sana ambición de ser un representante del pop argentino, y veo lo que pasa en el país hoy y me doy cuenta de que el lugar desde el que sostengo mi propia vida es... bastante irreal. Siempre pensé que para mí lo más difícil es tener una familia. Yo admiro muchísimo a las familias. Adoro ver cuando un amigo tiene un bebe, debe ser una felicidad única. Pero no estoy preparado para algo así, y por otra parte, sufro mucho mi soledad. Yo disfruto de un show, y me siento híper útil, la gente lo disfruta, pero llego a casa y estoy solo. Jamás tuve una pareja. Con el amor siento una cosa de pureza tan grande que no me puedo dejar llevar por mis propios impulsos de deseo físico. Cuando salís con alguien, es imposible no tener el deseo de querer poseer por completo a la otra persona. Y eso a mí me mata. Mis grandes errores y mis grandes padecimientos en el amor. Y en ese sentido, la música para mí es el gran escape. El acto de amor verdadero no es poseer al otro, sino dar y cuando me subo al escenario, doy todo mi amor y desaparezco. Leo García se va, y queda la música. Y al que le gusta la toma, y al que no, se levanta y se va. Pero no puedo hacer eso con las personas. Entonces, a veces me pongo muy trágico y pienso que mi vida es la música y el público, y Dios quiere que sea así. Si uno no supiera que él se llama Leo, parecería esta la resignada declaración de una tía buenaza y solterona, que inmoló su vida en el altar de los demás. Pero él es Leo García, estrella del pop, y sí tuvo amores que le han dejado tajos como guadalquivires.
–Yo le canto al dolor del amor. La música es la ausencia que acompaña. Es un consuelo que uno se da. Cuando uno está solo y escucha una canción, y la letra habla de una situación similar a la de uno, es como que alguien te está diciendo: Son cosas que pasan. Yo he sufrido mucho por amor.
La carrera de García tuvo un comienzo bastante alejado, y casi opuesto, al universo pop. El chico empezó cantando folklore en las peñas de Jujuy. –A los 13 años me fui a vivir a Ledesma. Mis padres se habían separado y mi mamá había conocido una pareja que tenía casa ahí. Aprendí a cantar en las peñas.
Tiempo después, de regreso en Buenos Aires, se topó con la euforia pop de los años 80. Virus, Soda Stereo, Los Abuelos de la Nada, y decidió hacer algo al respecto: formó un grupo. En 1990 y hasta 1997 fue voz cantante de Avant Press. Después de grabar tres discos y de ser teloneros de Soda Stereo durante su despedida en River, Leo dejó el grupo y debutó como solista en 1999, con el disco Vital, editado por el sello independiente Indice Virgen. Después, grabó dos trabajos en el sello independiente Frágil: Clap Beat y Brad Davis. Después fue músico de Cerati en la gira que el ex Soda hizo por América presentando Bocanada. Y después, el primer artista argentino en cerrar contrato con la multinacional Virgin Records.
–Yo amo el circuito underground. Estuve en todos los sellos independientes, pero siempre esperando que venga una multinacional para poder crecer. El underground está para que todos tengamos la posibilidad de estar. Pero la clave es ir para adelante. Para mí, estar en Virgin es un logro del underground.
Mar, el disco que editó por Virgin y que es producido por Gustavo Cerati, contiene la canción que lo hizo sonar en todas las radios. Una canción escrita por el periodista Pablo Shanton, que cuenta la ambigua historia de dos hombrecitos: ¿Sabrá tu novia que escuchamos Morrisey?/¿Que me extrañás más de lo que ella te extraña?
–Cuando grabé Morrisey, muchos me dijeron que era un himno gay. A mí no me parecía mal que se dijera eso, porque no me parece nada ofensivo, pero no hice una canción para un grupo de personas. Yo quiero que mi música sea útil, y la música une a la gente, no la separa. Morrisey es un manifiesto pop, y el pop siempre estuvo cargado de ambigüedad. Es un himno al amor que no triunfa, que no se comprende, a los celos.
En medio de cierta fragilidad aparente, y de cierta timidez confirmadísima, el tiene una certeza. Nació para hacer música, y quiere ser estrella pop.
–Quiero ser internacional y de utilidad a mi país. Que la gente pueda encontrar una alternativa al escucharme. Yo soy una persona muy pop. El pop maneja la fantasía de no ir con el curso del tiempo. Yo me siento un niño. Otra cosa que tiene el pop es que puedo ensamblar todo lo que escucho, puedo adorar todas las músicas. La música pop me permite encerrarlo todo en un formato como hizo Warhol con la sopa Campbell. Yo sé que el pop es un 50% música y un 50% imagen. Tenía esa cicatriz en la ceja desde chico, porque me golpeé con el borde de la cama. Ahora me la recorto y me la pinto para que tenga una estética. Yo no soy una persona atractiva. Tengo una cara muy extraña y una nariz grande.
Dentro de los medios juega mucho la estética y como artista pop tengo que jugar con la imagen. Para mí era muy importante encontrar un símbolo que me identificara con el pop, y no podía poner la cara así como así porque no es lo más lindo que tengo. Entonces a Alejandro Ros, un diseñador de Mar, le digo: “Quiero algo pop, directo, que la gente no tenga que pensar demasiado”. Y bueno, fue la ceja.
La presencia de Gilda sobre todo
En el año 2001, Leo presentó en el teatro Astros su disco Mar. Esa noche se rodeó de emblemas que le marcaron la vida: invitó al escenario a Lito Nebbia y Moris, cantó dos canciones de Tanguito y, para rematar, invitó a Los Gorilas, la banda de Gilda, a cantar canciones de su idolatrada en el escenario.
–Mis amigos me decían: Leo, si tocás con Los Gorilas van a decir que sos un snob. Y yo decía: Bueno, que digan. Ahí, en esa repisa, está Gilda.También tengo la Virgen de Guadalupe. Son símbolos, es como decir: Sé que estás acá. La verdadera fe se basa en creer. Me encanta poder creer en creer. Yo soy fanático de Disney. Para mí Disney es como... las Pirámides de Egipto. Hizo una obra que va a perdurar. Y Gilda me encanta ella como mujer y como santa. Yo soy muy fanático y muy devoto de ella. Voy al cementerio el 7 de septiembre, que es el aniversario.
–Dijiste que te sucedieron cosas de causa y efecto que te hablaban de cierta presencia concreta de Gilda ¿Qué cosas? –Siento como...una fe muy grande en el amor que Gilda ha dado en vida.
Entonces suena el teléfono. –Hola, sí. Emiliano. Bueno, lo hacemos mañana. Dale. Cuelga y se ríe y mira como diciendo vos viste.
–Mirá, hablando de una cosa así, justo me llamó el bajista de la banda de Gilda. Vos preguntabas qué cosas. Cosas así.
El puede ser el próximo. El abanderado de la ética y la estética pop argentina que, desde los últimos años 80, se ha quedado descabezada. Desde la tapa de su disco, la foto de Leo se posa de medio perfil sobre un fondo de cielo con nubes y mar. El detalle es que no conoció el mar hasta los 27 años. –Lo vi por primera vez durante la gira de Gustavo Cerati presentando Bocanada. Yo era músico suyo y fuimos a Estados Unidos, México, Chile, Colombia, Costa Rica. Conocí el mar Caribe en Venezuela. Fue un éxtasis. Yo tenía como un morbo con eso. Hubiera podido ir antes a conocer el mar. Pero no iba. Bueno, en realidad una vez fui a Mar del Plata, en invierno. Y vi el mar. El mar en invierno. Y me hizo acordar mucho a la tapa del disco de Madonna, Ray of light. Vi algo tan natural y me hizo recordar algo tan plástico. Hace poco volví a Venezuela a tocar. Fui al mar y estuve horas, pataleando, porque no sé nadar. Y casi me muero. El mar me chupó y entonces me acordé de los Beatles y empecé a gritar: ¡Help, help, socorro, socorro!, y me rescataron unos chicos y chicas que estaban por ahí. Fue un momento importante y hermoso. El mar es todo. Es como la violencia y el amor. El mar te acaricia, te violenta, te ahoga, te absorbe. Te acuna. Te puede matar.






