
Liniers: el artista macanudo
Publica su tira en La Nacion desde 2002. Su primer libro, Macanudo 1, ya agotó dos ediciones, y se espera el segundo para marzo de 2005. Breve retrato de un dibujante que empieza a ser un fenómeno de culto
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Era un miércoles de junio, 2004, casi noche, y el auditorio del Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) estaba repleto. Había gente en las butacas y en el piso, en escaleras y pasillos, ejerciendo un fervor que suele ser normal entre fanáticos de grupos de rock, pero que es más que inusual si se lo aplica a lo que sucedería allí, esa noche: la presentación de un libro. Los libros no tienen tanto rating.
Sin embargo, todos estaban ahí porque se presentaba Macanudo 1, publicado por Ediciones de la Flor con autoría de Ricardo Liniers Siri, 31 años, humorista, cuya tira diaria, que con el nombre de Macanudo se publica desde 2002 en La Nacion, es una suerte de rociador de felicidad. Ahora, meses después, las noticias son tan buenas que no pueden ser mejores. Por estos días, el libro agota su segunda edición, en marzo del año próximo sale Macanudo 2 y hay una editorial portuguesa que pidió la opción para publicarlo.
–En verdad creo que tuve mucha suerte –dice Liniers–, porque siempre quise hacer una tira en un diario. Nunca quise hacer una historieta de aventuras o un superhéroe.
Liniers nació en 1973, en Buenos Aires. Su padre, Ricardo Siri, es abogado, y su madre, María Marta, una señora elegante y multivocacional, por estos días escritora.
Ricardo Liniers Siri no fue un chico como todos. Primer vástago varón de una familia cuyas mujeres parecían condenadas a parir, de los géneros humanos, sólo el femenino, fue rápidamente bautizado con el nombre de Liniers porque el mismísimo virrey era un pariente lejano. Hubo cosas más raras que su nombre. Por ejemplo, sus primeras palabras. Según cuenta su madre, fueron éstas: "Mirá mamá, ahí viene un colectivo". Hasta entonces el chico, de dos años, nunca había dicho nada. Ni pa, ni ma, ni mu.
–Estaría esperando algo que me llamara la atención –dice.
Y lo que le llamó la atención fue lo mismo que le llama la atención ahora. Algo pequeño, simple, cotidiano, esperable. Que viniera el colectivo. Que Û la vida no presentara sobresaltos. Empezó como tantos, leyendo Mafalda. Pasó por las novelas de Mark Twain, John Steinbeck, Salinger, el cine mudo de Chaplin, la imaginación febril de La guerra de las galaxias, la gesta heroica de Balboa en Rocky I, II y III. Así empezó la construcción de su sensibilidad, con ese cóctel de lecturas y cine, todo agravado por una timidez de manual.
A los 20 años hizo un taller de dibujo con Pablo Sapia sabiendo, ya, que lo suyo era el dibujo. Pero la prudencia –esa infección– pudo más. Una voz le decía que con las historietas se iba a morir de hambre, de modo que estudió. Primero abogacía, después publicidad. No terminó nada y, decidido a dedicarse en tiempo completo al dibujo, consiguió hacer una tira semanal –Bonjour– en el suplemento No de Página/12. Allí aparecieron por primera vez los pingüinos, esas aves emblemáticas de la obra de Liniers.
–Son lindos, tienen buen diseño, y son sudacas.
Y empezando por los pingüinos, llegó a LA NACION, en plena poscrisis, año 2002.
–En esa época, en La Nacion publicaban una tira extranjera, Jeremías, con la que la gente no tenía mucha identificación. Y yo pensé: ¿por qué no? Le pregunté a Maitena, aunque no la conocía mucho, si me podía decir a quién, del diario, mostrarle mis tiras. Resulta que no sólo me dijo que sí, sino que me acompañó a la Redacción.
El mostró sus dibujos: los pingüinos graciosos, el robot sensible, una nena llamada Enriqueta, los duendes, el gato Fellini, el hombre misterioso, el traductor de títulos de películas, el oso Madariaga.
–Los miraron. Me dijeron: "No se entiende". Y habrán pensado "es raro, pero lo trae Maitena". Así empecé. Le puse Macanudo porque empezó en ese momento en que era todo un desastre y encontrar en un diario algo chiquito y macanudo... me parecía bien. Al principio hubo un gran desconcierto entre los lectores, y todavía hay gente desconcertada, que no lo entiende. Pero está bueno no dar todo masticado.
Sus tiras transcurren en un tiempo que es, siempre, un tiempo pasado. Señores con moño y bombín y modales en desuso, damas y caballeros tratándose de usted, la costumbre del té con masas, los viajantes de comercio a los que se invitaba con vermouth.
–Me gustan mucho las cosas de principios del siglo XX. La música, la literatura. Es una época ingenua. Y esa ingenuidad, cruzada con el cinismo de hoy, provoca un contrapunto raro que sirve a la comedia. Y como no estoy haciendo un solo personaje, no creo que me agote rápido.
En Macanudo hay melancolía, campos prístinos y ciudades amenazantes, todo atravesado por cierta capacidad inusual para recrear la lógica infantil y aplicarla a todas las cosas: recordar la destrucción y el amor, el aroma del Merthiolate y las picaduras de las hormigas, el goce de una semana en cama sin ir al colegio.
–¿Te diste cuenta de que de grande no te lastimás más? No te raspás más las rodillas, y cuando eras chiquito vivías con las rodillas raspadas, y eso era horroroso, dolía un montón. Cuando yo era chico, todo el tiempo me picaban las abejas, y de grande no me picaron más. Nadie festeja su paso diez millones, pero el primer paso es como ahhh, el primer paso. A mí me gusta poner todo eso en la historieta. Yo todavía me acuerdo del día en que me dieron una fotocopia, la primera que vi en mi vida. Me la dieron y yo la agarré todo emocionado y dije: "¿Me la puedo guardar?". Esa sorpresa. En la historieta yo trato de hacer esas cosas; me encanta acordarme de esos años en los que descubrías cosas. Porque es muy difícil descubrir cosas de grande.
Por Leila Guerriero
Para saber más:
www.fotolog.net/liniersmacanudo/?pid=9310247
Los datos
- Nació el 15 de noviembre de 1973
- Su primera tira semanal fue Bonjour, publicada en Página/12 desde 1999
- En abril de este año publicó en Ediciones de la Flor el libro Macanudo 1, que agotó dos ediciones. Macanudo 2 saldrá en marzo de 2005.
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