
“Los actores no toleran mucho la crítica”
Fue notera intrépida, estuvo en Guapas y ahora se luce en la obra La Pilarcita. Toma clases de danza africana y Feldenkrais, y ama la música flamenca
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En algún momento de su vida, Lucía Maciel decidió estudiar antropología. "Pero esa cortina de humo duró muy poco, yo quería ser actriz", completa ella. Es la breve historia de una renuncia que abrió paso a la vocación verdadera. Y verla en La Pilarcita empuja a celebrar el destino de esta mujer de 35 años con pinta de jovencita que habla mucho, sonríe seguido, toma clases de danza africana y Feldenkrais –un sistema de educación somática desarrollado por un científico ucraniano–, adora el flamenco, admira a Pina Bausch y a John Cheever y, sobre todo, actúa realmente bien.
La Pilarcita es una obra dirigida por María Marull –pareja del cineasta Damián Szifrón– y protagonizada por Maciel, Paula Grinszpan, Julián Kartun y Luz Palazón, que tiene funciones los viernes, a las 21, en El Camarín de las Musas, uno de los espacios más reconocidos del off porteño. Y será sin duda una parte relevante en la carrera de esta actriz que también hizo cine –Sin hijos, Un novio para mi mujer; puso su voz para un personaje de Metegol– y televisión (Guapas, Por ahora), y elige a Naomi Watts cuando se le pregunta qué actriz le gusta. "La de Metegol, la película de Juan José Campanella, fue una experiencia particular –recuerda–. Los productores me decían estamos fascinados con tu voz. La voz era el personaje. Buscábamos con Campanella qué necesitaba cada escena, calibrábamos las emociones. Me salía más de una vez algo más rockero y él me decía no, no, Laura es más dulce."
Formada en el Conservatorio de Arte Dramático y con Augusto Fernándes, estudió dramaturgia en la carrera de la EMAD que dirige Mauricio Kartún y es docente de un grupo de adolescentes en la escuela de Nora Moseinco, otra de sus maestras. Su papel en la obra de Marull es el de Celeste, "una chica que vive en la provincia de Corrientes con su abuela y que enfrenta todas las dificultades que le presentó la vida con una energía que tira siempre para adelante. Habla mucho, como yo –dice–. Y tiene mucha ternura, algo medio infantil, fruto de alguna carencia afectiva, algo que también tengo yo".
Lo que interpreta en La Pilarcita representa un esfuerzo notable, resuelto con gracia y eficiencia. "Es un registro aproximado, si viene un correntino a ver la obra, seguro que pide que le devuelvan la plata de la entrada", bromea. "Tengo una amiga formoseña, algo de ella se me filtró para este trabajo. Tenía muy escuchado el estilo, el acento que evoca al litoral. Y también el texto venía preparado para facilitar las cosas. Es que María, que también es la autora de la obra, pasó mucho tiempo en Esquina, Corrientes, por cuestiones familiares y tenía el tono bien asimilado. Con eso y práctica, lo armamos", aclara.

Buena parte del encanto del trabajo de Maciel en la obra tiene que ver con el desparpajo, la cuerda lúdica que sabe pulsar con precisión y sentido de la oportunidad. Esa osadía se forjó probablemente a lo largo de su experiencia en el programa televisivo Cámara en mano que hace ya una década condujo Matías Martin en Telefé. Ahí fue una notera que se probó como bombera voluntaria, vedette y concursante de Operación Triunfo (cantó un tema de Nicole Neuman), se disfrazó de empanada y se subió a un ring para hacer un round con la Tigresa Acuña.
"Me gusta la televisión, pero sobre todo para actuar –confiesa–. Te permite improvisar un montón justamente por ese famoso vértigo de las grabaciones del que hablan todos. Hay que sacar las escenas adelante como sea, y ese ritmo es un gran entrenamiento. Si te ponés a cuestionar todo el tiempo lo que estás haciendo, la pasás mal. Hice un personaje que estaba en una granja de recuperación y tuve que plantar unas lechugas recién traídas de la verdulería en unas macetas. Era cualquier cosa, pero hay que tirarse a la pileta, la televisión es eso. Hay espacio para probar cosas chiquitas, ajustes que hacés para que te resuene lo que decís. Tenés que decir me voy a estudiar teatro y decís me voy al Actors Studio, cositas de ese tipo."
Hasta ahora, rememora, le han tocado papeles que se parecen bastante a ella: "Son roles que tienen que ver conmigo y me parece lógico, ¿no? Está bueno que sea explotado lo que uno trae, la energía que uno tiene. Escucho a gente que dice que tal actor hace siempre lo mismo y pienso bueno, ahí está su encanto, su estilo. Si lo eligen para un tipo de papeles por algo es. Encima, los que nos dedicamos a la actuación estamos solitos con nuestra alma, apenas. Estamos en situaciones de mucha exposición y tenemos que resolver con solvencia. Todos los actores tienen miedo de que no los quieran, son inseguros, no toleran mucho la crítica", asevera Maciel, cuyo primer coqueteo con la actuación fue cuando era una nenita de 10 años que hacía reir a su abuela con unas cuantas imitaciones y pidió ir a estudiar teatro igual que su amiga Brenda. Después creció, militó en agrupaciones universitarias de izquierda, trabajó dando apoyo escolar en una villa de emergencia de Lugano y finalmente se consolidó como actriz. Ya hizo un espectáculo con música flamenca y no descarta involucrarse en otro. "Admiro mucho a la bailaora Eva la Yerbabuena. Un día la esperé a la salida del Teatro Avenida sólo para mirarla. Vi que tomaba Coca-Cola Light… Ah, también poné que admiro a Federico García Lorca, a Chejov y a Eric Rohmer. No me quiero olvidar de nada, pero soy muy colgada."
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