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Muchos hogares tienen siempre a mano una salsa de tomate comprada porque parece más rápida que hacerla en casa. Sin embargo, con ingredientes básicos como tomate, cebolla, zanahoria y puerro se puede preparar una versión casera igual de práctica y sin los azúcares, espesantes o conservantes que suelen traer las opciones industriales.
La clave está en el tiempo de cocción y en el orden en que se incorporan las verduras. Según explica la revista Hola, una cocción lenta de alrededor de una hora es lo que concentra el sabor y da la textura final a la salsa.
En casa se controla la cantidad de sal, grasa y azúcar que lleva la preparación, algo que no ocurre siempre en las versiones comerciales. La mayor diferencia está en los aditivos y conservantes: la salsa casera no los necesita, mientras que muchas industriales sí los incluyen.
Esto no significa que todas las opciones en frasco sean de mala calidad. Si se opta por una salsa comercial, se recomienda revisar la etiqueta y elegir la más natural posible.

Los tres tipos de tomate funcionan, según Hola, y la elección depende de la temporada y del tiempo disponible. El tomate fresco y maduro da más sabor, pero contiene más agua y necesita una cocción más larga.
El tomate en conserva, entero o triturado, es una alternativa práctica durante todo el año. Si se usa triturado, se recomienda revisar la etiqueta para descartar azúcares añadidos u otros ingredientes de más.

El cocinero vasco Karlos Arguiñano, citado en el reportaje de Hola, considera que el secreto está en pochar lentamente la cebolla antes de sumar el resto de verduras, un paso que define buena parte del sabor final.
El chef Martín Berasategui, también mencionado en esa misma nota de Hola, recomienda añadir un chorrito de vino blanco antes del tomate, dejarlo reducir y continuar la cocción lenta con normalidad.
Se recomienda añadir la sal justo cuando se incorpora el tomate y en probar la salsa al final, sumando una pizca de azúcar solo si queda demasiado ácida.
Por Sebastián Rozo Callejas




