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El miércoles 10, una triste noticia sacudió el corazón de los Grimaldi. A los 73 años y tras luchar contra una larga enfermedad, murió la baronesa Elizabeth-Ann de Massy, sobrina del príncipe Raniero e hija de la princesa Antoinette y el tenista Alexandre Noghès.
Muy querida por los suyos, Elizabeth de Massy forjó con los años un vínculo muy estrecho con la familia real monegasca. De chica fue parte del cortejo en la boda de su tío con Grace Kelly y ya de grande se volvió una gran compañera de su ahijada de bautismo, la princesa Estefanía de Mónaco. Al igual que su madre, la baronesa Massy resultó ser un miembro activo de la vida pública de Mónaco. No sólo acompañó a Alberto el día que asumió como jefe de Estado en 2005, sino que también llegó a tener la potestad de representar al príncipe en actos oficiales dentro del principado.

Por eso, y a pesar de la pandemia, el miércoles 17, la Casa Grimaldi se reencontró al completo en la catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada para darle el último adiós. La presencia de Carolina fue especialmente significativa, ya que no se la veía en público desde el comienzo de la pandemia. Su última cita pública había sido el desfile de Chanel en París con su hija Alexandra de Hannover, en enero pasado. Su hija Charlotte, quien suele ser la más reacia a los actos oficiales en el principado, esta vez no faltó a la cita. Pierre Casiraghi y Alexandra también estuvieron presentes en el funeral, al igual que los herederos de Estefanía, Pauline y Louis Ducruet –acompañado por su mujer, Marie Chevallier– y Camille Gottlieb.
Por su parte, la princesa Charlene acompañó en todo momento a su marido, quien después de haber dado positivo de Covid-19 en marzo y permanecer separado de su familia, vuelve a afrontar un nuevo golpe con la muerte de su prima.







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