
Los Inválidos
Histórica casa de recuperación de soldados, nunca dejo Francia sin ir a visitarla
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Siempre he tenido una fascinación por este lugar. Creo que debe de haber sido uno de los sitios que más he visitado en mi vida. Podría ir todas las semanas y no cansarme nunca.
Cuando viví en París, prácticamente no había mes que no pasara aunque sea una vez. Su imponente fachada, sus salas de exposiciones, sus capillas, su historia. Estoy hablando del Hôtel National des Invalides, más conocido como Les Invalides (Los Inválidos).
Creado en 1670 por el rey Luis XIV como casa de recuperación de los soldados heridos e incapacitados y también como casa de retiro de aquellos que habían combatido entre las filas del ejercito del Ancien Régime, hoy se alza como el vestigio más claro de la historia militar francesa.
Me acuerdo de la primera vez que al cruzar a pie el puente de Alejandro III y pararme en la esquina del Quai d’Orsay con la Esplanada de los inválidos lo tuve frente a mí y fui plenamente consciente de lo que me esperaba en su interior. No pude contenerme y rápidamente atravesé con grandes zancadas los cientos de metros que me separaban de su entrada. A medida que la fachada se iba haciendo más grande, 196 metros de longitud de estilo barroco, me sorprendía por la grandiosidad de cada una de las construcciones ordenadas por el Rey Sol y su L’ état c'est moi (con Versalles como exponente mas claro de esto).
Pero algo que siempre encontré fascinante en Los Inválidos es cómo une dos partes de la historia grande de Francia. Por un lado nos encontramos con la Francia Capeta ( Capetos, Valois, Borbones y Orleans), aquella dinastía que desde los tiempos de Carlomagno hasta la Revolución Francesa se sentó en el trono francés, y la Francia napoleónica, en la cual un pequeño hombre venido de Córcega mantuvo en vilo a toda Europa.
Y no podemos hablar de Los Inválidos si no hablamos de Napoleón. Porque aquí y en la cripta de la Iglesia de San Luis de los Inválidos descansan los restos del emperador, traídos desde la isla de Santa Helena en 1840 por orden del rey Luis Felipe. Napoleón yace aquí en un imponente sarcófago de madera, rodeado por sus hermanos y algunos de sus mariscales y generales más cercanos.
En sus primeros años de vida en este imponente palacio más de 4000 huéspedes ocuparon su tiempo no sólo en reponerse de sus dolencias y contar historias y anécdotas de las batallas vividas, sino que también aprovecharon para culturizarse y educarse, teniendo como deber también seguir formando parte del cuerpo de la armada francesa, en este caso bordando y remendando uniformes necesarios para ser puestos a disposición de las filas operativas.
Pero sólo en 1905, y gracias a la fusión de los museos del ejército y de la artillería, Les Invalides se transformó en uno de los museos de historia militar más importantes del mundo. Miles de metros cuadrados nos muestran una amplia colección que van desde la antigüedad hasta la Segunda Guerra Mundial. Todo dispuesto en un impecable orden cronológico.
Aquí pasé muchas horas durante mis primeras estadías en la Ciudad Luz, en esos días mozos cuando el amor por la historia sumado a la lejanía y cierta soledad nostálgica me traían hasta este sitio.
Podría nombrar casi de memoria el orden de algunas de las colecciones que se encuentran en sus salas o cerrar los ojos y poder recordar algunas de las viejas de las banderas que cuelgan de la nave principal de la iglesia. Pero lo que más me satisfacía siempre era transportarme mentalmente a las historias leídas tanto en textos especializados como en las encontradas en las páginas escritas por gigantes de la literatura como Dumas y Victor Hugo.
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