
Los Tudor: secretos de un éxito
Glamour, intrigas, pasiones... LNR estuvo con los protagonistas de la serie sobre Enrique VIII que cautiva audiencias en todo el mundo. Los detalles del "detrás de cámara" desde sus espectaculares estudios irlandeses
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DUBLIN.- Es muy fácil perder la cabeza por Enrique VIII. El chiste lo repiten todos en el set donde se filma la serie Los Tudor, en especial Natalie Dormer, la jovencísima actriz que interpreta a Ana Bolena, a quien naturalmente le toca ser decapitada en el drama histórico. Pero la verdad es que Jonathan Rhys Meyers, el actor irlandés que interpreta al monarca -que se casó a los 18 años con la viuda de su hermano, hizo lo imposible por divorciarse de ella y casarse con otra mujer, a la que terminó asesinando, sumó seis esposas, rompió con Roma y acumuló un poder sin precedente-, tiene un magnetismo muy especial. Y la serie, que tuvo éxito de audiencia en todo el mundo y en la Argentina está en los momentos decisivos de su segunda temporada, supo explotarlo con la arriesgada apuesta de presentar a un Enrique más cercano a la imagen actual de una estrella de rock, rebelde, ambiciosa y lujuriosa, que a una figura acartonada de libro de texto -o al obeso y pelirrojo soberano del célebre retrato de Hans Holbein-.
"Hemos sido audaces en cuanto al guión, el reparto y el vestuario, para producir un programa de horario estelar que luzca como una película de $ 150 millones de dólares. En ésta, que es la era de los ciento y pico de canales de televisión, resulta difícil sobresalir, así que tuvimos que hacer una mezcla entre la telenovela y Los Soprano, dejando atrás el típico film de época estilo Jane Austen", explica Morgan O´Sullivan, su productor ejecutivo, mientras da la bienvenida al set.
Es la mañana en los estudios Ardmore en la capital irlandesa, una especie de ciudad dentro de la ciudad, donde se reproducen los interiores de los distintos palacios de la Inglaterra del siglo XVI, hay campos de batalla y hasta un gigantesco taller de vestuario que realmente parece una industria medieval, donde hasta el forro de cada traje reproduce impecablemente la época aunque ningún espectador vaya a notarlo. De hecho, los actores se confiesan tan enamorados de su ropa entre medieval y renacentista que desde temprano aparecen vestidos de caballeros y damas de la corte -algunos manejando sus autos último modelo o sacándose el casco de la armadura para fumar un cigarrillo mientras esperan su turno ante las cámaras, lo cual da un aire surrealista a toda la situación.
Rhys Meyers lo completa: haciendo gala del look ligeramente andrógino que es su marca registrada -y que le garantizó jugosos contratos para ser la cara de marcas como Hugo Boss y Versace-, llega al encuentro con LNR con base y delineador grueso alrededor de sus ojos turquesa, además de flamante barba y bigote. Viste jeans ajustadísimos y un suéter de lana viejo y arrugado que podría ser lo primero que encontró en el fondo de un armario, aunque uno sospecha que no es el caso. Es bien sabido que Johnny es un obsesivo de su imagen y, consultada Joan Bergin, la jefa de vestuario de Los Tudor, respecto de cuál de todas las reinas es la más exigente y detallista a la hora de vestirse con los pesados trajes de época, los géneros recargados y las joyas de pies a cabeza, responde con una sonrisa: "Lejos..., ¡Enrique!"
A la hora de desvestirse, en cambio, a Rhys Meyers le gusta que todo sea bien fácil y que nada se interponga entre su cuerpo y el de la reina (o señorita de compañía o campesina o parienta cercana o lejana) que lo espera en la cama. El apetito sexual de Enrique VIII era célebre, y los productores de Los Tudor no tuvieron prurito en reflejar este aspecto del monarca en detalle, a tal punto que las escenas en la cama real no sólo son un rasgo distintivo de la serie, sino que Rhys Meyers hasta pidió tener velcro en su camisa para poder arrancársela rápido en todas las ocasiones en que el guión lo demandara.
"A veces pienso uy, nos toca ir a la cama de vuelta, ¿no podré hacer algo distinto con Enrique para variar? –bromea la actriz Natalie Dormer, -Ana Bolena en la ficción-. Pero para esas famosas escenas sólo se queda el mínimo indispensable del equipo técnico, y todo resulta ser como una coreografía, así que es relativamente fácil, sobre todo porque Johnny es un Enrique que no está demasiado mal, ¿no?"
Lejos del retrato conocido
El tema de la llamativa belleza física de Rhys Meyers (acompañado en el reparto por estrellas como Peter O´Toole en el papel del papa Pablo III, Sam Neill en el del cardenal Thomas Wolsey y Jeremy Northam como Tomás Moro) no es menor. El retrato más conocido de Enrique VIII es el que pintó Hans Holbein -y éste está bien lejos de la delicada estampa del atlético tenista de Match Point y del Elvis Presley de El Rey.
"Sí, reconozco que fue una jugada arriesgada -explica Rhys Meyers-, pero nuestra idea era llevar la historia de los Tudor a una generación más joven, y con un rey gordo, pelirrojo y muy feo como el que pintó Holbein esto hubiese sido complicado, sobre todo para la audiencia de la televisión americana."
Además, aclara, Holbein retrató a Enrique cuando éste tenía unos 45 años, así que nadie sabe cómo era de joven. "Sé que puede ser difícil para la gente que tiene una idea determinada de cómo lucía Enrique, reforzada por interpretaciones como la de Charles Laughton o sir Richard Burton, pero nosotros nos basamos en un Enrique casi veinte años menor y que es un personaje que yo mismo tuve que crear, tanto por dentro como por fuera. Eric Bana hizo algo similar para la pantalla grande hace poco con La otra Bolena."
Johnny, como llaman todos a Rhys Meyers en el elenco (que, de hecho, es casi una familia, a tal punto que, a medida que las distintas reinas mueren, piden si no pueden volver como fantasmas porque extrañan a sus compañeros de trabajo), cuenta que se basó estrictamente en el guión para componer a su personaje, si bien de la larga charla con él resulta sorprendente su profundo conocimiento de la historia inglesa.
"¡Es que soy irlandés! -responde, consultado por LNR al respecto-. Nuestra historia siempre estuvo muy determinada por lo que pasaba en Inglaterra, pero además -agrega socarronamente- siempre nos interesó particularmente por eso de que hay que conocer al enemigo…"
Traición, mentiras y poder
¿Es Enrique un malo irredimible? "Hay matices -aclara el protagonista-. Para empezar, era increíblemente culto e hizo mucho por las artes en Gran Bretaña. Pero, además, le tengo una creciente lástima a Enrique. Era el tipo de persona que hoy diríamos que estaba psicológicamente dañado desde la infancia. Nació en medio de la mentira, la traición y el asesinato político en su familia, y perdió muchos hijos. En realidad, diría que le tengo lástima a cualquiera que haya nacido en una casa real. Es un trabajo difícil, con muchos sacrificios, que dudo que alguien quisiera aceptar si no fuese que desde chico le enseñaron que nació para ello. Y aún hoy no conozco a nadie que haya sido feliz tras el poder político. Basta ver a Tony Blair, a Clinton, y cómo envejecieron por la presión de una nación a su cargo."
En concreto, sobre su papel en la segunda temporada de Los Tudor, que es la que está llegando a su fin en la Argentina, Rhys Meyers comenta: "Creo que se ve una evolución en la personalidad de Enrique, que empieza a tomar el control del país directamente en sus manos, eliminando a los mentores en los que tanto confiaba hasta entonces, buscando el poder absoluto tanto en la Iglesia como en el Estado. La ambición se vuelve incontenible, y la Iglesia tiene un poder económico que él quiere para sí. Enrique se siente vulnerable frente a los demás poderes europeos y se obsesiona con tener una armada, porque entonces quien dominaba los mares dominaba el mundo; entre otras cosas, porque el comercio con China significaba la importación de pólvora".
En cuanto a su vida amorosa, esta temporada mostró el adiós final de la primera esposa, Catalina de Aragón, quien jamás le pudo dar un heredero varón, que desató en el rey la búsqueda de una compañera que le garantizase la sucesión, y así cambió la historia de Inglaterra -y del mundo-.
"El mío es un papel con el que muchas mujeres contemporáneas pueden sentirse identificadas -asegura la actriz que interpreta a Catalina, Maria Doyle Kennedy-. Finalmente, soy sólo una mujer mayor a la cual el marido reemplaza por un modelo más nuevo."
Doyle Kennedy sonríe al recordar que la mayor parte del tiempo su personaje se la pasó rezando por un hijo varón que nunca llegó en la serie. En la realidad, en cambio, mientras filmaba Los Tudor, Doyle Kennedy se dio cuenta de que había quedado embarazada... ¡de su cuarto hijo varón!
La primera mujer más joven que reemplaza a Catalina es Ana Bolena, cuya intérprete asegura que para componer su personaje se basó en la única figura argentina que conocía: Eva Perón. "Ana era ambiciosa, pero sinceramente era una mujer que amaba a su marido y a su país. Camino a ser decapitada, a mí me daban ganas de cantar No llores por mí, Inglaterra", explica.
Rhys Meyers, en tanto, dice que quierew viajar pronto a nuestro país: "Estuve en Buenos Aires un par de fines de semana para filmar una publicidad, pero salvo por Puerto Madero y partes de la ciudad vieja no llegué a ver mucho. Me impactó lo grandioso de algunos de los edificios antiguos y la belleza de la gente, pero para mí la Argentina siempre estuvo asociada con el campo, y eso es en realidad lo que quiero conocer".
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Más datos
PEOPLE+ARTS presenta el último episodio de la segunda temporada de Los Tudor, el drama televisivo que recrea de manera exquisita los tumultuosos años del reinado de Enrique VIII en Inglaterra. El capítulo final de la serie será emitido en su versión original el próximo jueves, a las 22, con repetición el miércoles 24, a las 21.





