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Después de nueve años de noviazgo, la pandemia no pudo detener la boda de Luigi Berlusconi (32) y Federica Fumagalli (31) y el 7 de octubre dijeron "sí, quiero" en una íntima ceremonia en Milán. Celebraron su matrimonio bajo estricto protocolo sanitario –con barbijo incluido– y junto a un reducido número de invitados en la capilla de San Sigismondo, dentro de la basílica de Sant’ Ambrogio, uno de los lugares más emblemáticos de Milán.
EL GRAN AUSENTE
La boda tuvo unos cuarenta invitados y hubo una importante ausencia con aviso: la del ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi (84). El padre del novio no pudo acudir al enlace de su hijo menor, ya que aún se encontraba convaleciente después de haber batallado contra una neumonía por coronavirus, que lo tuvo hospitalizado del 4 al 14 de septiembre en la clínica San Raffaele de Milán. "Fue la prueba más peligrosa de mi vida", contó el ex mandatario al salir de su internación. Aunque ya se encontraba en su hogar al momento de la boda, y finalmente había dado negativo en el test del Covid –después de dar positivo durante un mes tras su contagio–, decidió no asistir a la ceremonia. El de Silvio no fue el único caso de Covid en la familia: en septiembre sus hijos Luigi y Bárbara, y su novia, la diputada Marta Fascina (30), también dieron positivo.

BLANCA Y RADIANTE
La novia, que conoció al menor de los Berlusconi cuando estudiaban en la Universidad de Bocconi, lució un voluminoso vestido confeccionado por su amiga, la diseñadora Alessandra Rich. El novio, de impecable traje gris, llevó un barbijo blanco. Entre los pocos invitados se encontraban la madre del novio, Verónica Lario (64), las hermanas Bárbara (36) y Eleonora (34) y la hija mayor de Berlusconi, Marina (54), fruto de su primer matrimonio con Carla Dalla’ Oglio. Tras la ceremonia religiosa, la fiesta tuvo lugar en la finca de la familia Brianza en Macherio, donde Silvio sí dijo presente.

















