
Mala Rodríguez: la lengua filosa
La cantante pop española transita por una etapa de introspección. Antes de su llegada a la Argentina, habló de este presente más reflexivo, en el que se atreve a hablar de un amor con mayúsculas
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Ser fiel con uno mismo. Eso dice Mala Rodríguez, la mujer que con su lengua filosa presume un mensaje de autorrealización. Un decir que no conoce límites ni inhibiciones. "Cuando me miro al espejo me gusta reconocerme. De nada sirve forzar ser algo que no somos. No merece la pena –asegura, vía teléfono con LNR–. Lo mejor es estar en paz con uno, yo busco eso, busco esa paz que me completa y que me recompensa, vaya a donde vaya."
Mala habla pausado, lejos de la rapidez con la que lanza los versos de sus canciones, esos que la convirtieron hace más de diez años en una de las voces urbanas de la música hispanohablante, capaz de coquetear con el hip-hop y el soul-funk. No quiero quedar encasillada, porque cuando te limitan perdés mucho y a mí me gusta ir tras el cambio, porque la vida es un cambio permanente y hay que atreverse a darlo, es una constante de la vida, una manera de crecer. La esencia es la misma, la mirada es otra.
Con el lanzamiento de Dirty bailarina, su último disco, se escuchó que la chica filosa que nació en 1979, en Jerez de la Frontera (Cádiz) abandonó los pantalones anchos para calzarse vestidos y explorar otras facetas. "Intento siempre ofrecer lo más honesto de mí –reconoce–, esta vez hice un viaje más introspectivo". Se trata de una especie de viaje temático, futurista, por el mundo que le tocará vivir a su tataranieta. Todo sucede después de una gran hecatombe. "Por eso creo en esto de volver a lo esencial, al origen." Con producción de Focus (el hombre detrás de Beyoncé y Dr. Dre) Dirty bailarina busca el equilibrio entre el pasado y el futuro y por primera vez se atreve a hablar de un amor con mayúsculas, el que proyecta la energía de los unos con los otros. Este trabajo lo presentará en nuestro país el próximo mes, como parte del Personal Fest.
–¿Ser madre (tiene tres hijos) ha cambiado tu manera de ver al mundo?
–La maternidad es una gran oportunidad, te permite hacer un balance de la vida. Es una forma de descubrir qué es lo importante y qué no lo es. A partir de la maternidad tu vida empieza de cero, cambia el peso de todo, la manera con la que comienzas a mirar y a escuchar. Todo lo que te rodea se sobredimensiona.
–Y tu último trabajo tiene mucho de esta mirada, de este amor que va más allá de los tuyos.
–Sí, porque hablo de un amor, de una energía que se proyecta en nosotros, en los que te rodean y en la tierra. Cuando uno toma conciencia de que somos partes de algo, de que estamos integrados, entonces vas a querer el bien para todos, pero no sólo desde el discurso. Estoy convencida de que hay que predicar con el ejemplo.
HACIA DENTRO
Conectar con uno mismo, Mala Rodríguez transita por ese camino de búsqueda: Nunca miré tanto dentro de mí.
–¿Qué descubriste?
–Que vulnerabilidad es fuerza. Y que es hora de hacerse cargo. Siempre digo que he hecho muchas cosas en mi vida, muchas buenas y también varias estupideces. Pero así se aprende; la vida es un aprendizaje.
–El tiempo pasa, uno crece, madura...
–Por eso es tan importante reflexionar sobre en qué punto de tu vida estás y hacia dónde quieres ir. Cada vez me mueve más la búsqueda interna. Doy gracias al universo por las herramientas que me ha dado, porque cuando tenés las herramientas podés aprender. Me permito reflexionar.
–¿Mirar hacia dentro te aleja de lo que sucede alrededor? Porque siempre fuiste una mujer con una importante mirada social y hoy Europa está convulsionada.
–Me crié en un barrio caliente de Sevilla. Allí todo lo que pasaba se hacía canción, se rapeaba, para mí era fácil identificar lo que él otro decía, porque eran historias que me rodeaban, con las que vivía. Sigo mirando para afuera, pero hoy me inclinó más por buscar y encontrar la alegría, la celebración de la gente. La fiesta. Sólo tenemos un ratito y no quiero hacer hincapié en lo negativo y la música te permite eso, olvidarnos del mundo y disfrutar. La música tiene esa capacidad de hacernos sentir únicos. Yo me agarro de eso, porque creo que las canciones son una extensión de mí.
"A la mierda las instituciones/toda clase de partido, de gobierno y de tradiciones/Malos ejemplos con condiciones/Que hacen que la vida se base en sobrevivir/Yo podría tener la isla y comer uvas con queso/Tomar el sol desnuda y pensar na más que en mi pero/No hay paz que valga/Si la punta de la lanza mata a mis hermanos..."
("Por eso mato", de Dirty Bailarina).
Se nutre de lo cotidiano, se alimenta de sus propios sentimientos y también de los más universales. El amor y el odio están presentes en su obra, sólo que esta vez se atreve a mostrarse más vulnerable, porque está convencida de que es un símbolo de fuerza y quizá por eso se animó a dejar los pantalones anchos y mostrar su costado más femenino. "Un amigo me dijo que no necesito vestirme cuando canto, que no necesito identificarme –cuenta–. Es bonito pensar que uno no necesita de un símbolo, que uno se puede librar de todo aquello que no necesita."
Los muertos le cuentan sus cosas, siempre ha dicho eso y hoy lo mantiene. Son historias que aparecen en su mente, como si alguien le hubiera hablado al oído durante un buen rato. No le teme a esos muertos, al contrario, los espera sediento por conocer aquellas vidas que tanto se parecen a las nuestras. "Saber escuchar es una de las mejores cosas que me ha pasado", dice.
"Mi madre me educó hasta donde pudo/y luego me dio su escudo..." ("Yo marco el minuto", de Lujo Ibérico).
"Aún hoy cómo cuesta hablar de feminismo –reflexiona–. Esta lucha se la confunde con hombría, como si uno quisiera ponerse en ese lugar, cuando lo que en realidad se pide es igualdad en derechos y en obligaciones. Es tan importante hablar de las diferencias de género y de la violencia de género. Necesitamos conectarnos con nosotras mismas y encontrar el lugar que nos corresponde como mujeres."
En internet http://malarodriguez.com
NACIDA PARA CANTAR
María Rodríguez nació en 1979, en Jerez de la Frontera, Cádiz, y a los 4 años se mudó a Sevilla. A los 12 comenzó a interesarse por la música y a explorar ritmos como el rap, el hip-hop, el soul y el blues.
En 1997 grabó su primer trabajo con un grupo de rap llamado La mala y el cuervo. Dos años más tarde debutó profesionalmente como La Mala. Poco después cambió su nombre artístico como Mala Rodríguez y dio a conocer el tema Yo marco el minuto, que rápidamente se convirtió en un éxito y la transformó en un ícono de la música femenina. En 2000 editó su primer álbum, Lujo ibérico, seguido de Alevosía (2003), Malabarismo (2007) y Dirty Bailarina (2010).
A lo largo de su carrera realizó varios duetos, entre ellos con Calle 13 y Julieta Venegas. Participó en varias bandas de sonido y se dio el lujo de hacer algunas apariciones en la pantalla grande.
Está en pareja con el músico cubano Mahoma, con el que tiene tres hijos. En la actualidad vive en las afueras de Barcelona.
En noviembre se presentará en el Personal Fest ( www.topshow.com.ar ). "Voy a preparar un repertorio especial para el festival, en el que voy a repasar todos mis discos", promete Mala.






