¿Cuál es el vino ideal para acompañar un choripán, una milanesa con papas fritas o una pizza? Aquí, los más apropiados para cada tipo de plato.
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Cuando el equilibrio entre una comida y una bebida es perfecto uno y otro se potencian y multiplican su sabor, así lo demuestran el asado con Cabernet o las empanadas de carne con Torrontés. Como cada vino aporta un marco diferente, las características de cada plato determinan su elección y como la intensidad del sabor exige vinos de igual carácter, los platos simples van mejor con vinos simples y los platos más elaborados con vinos más sofisticados y, aunque a veces un contraste puede ser agradable (como un blanco cítrico para acompañar pollo frito), en general es mejor la armonía. Acá te sugerimos algunos vinos para acompañar los platos más típicos de Buenos Aires. ¿Qué vino te parece que se acomoda mejor a cada plato? ¿Con qué otra bebida te parece que se disfrutan mejor estos platos? Contanos

<b>Choripán</b>
Un tinto regional salteño en damajuana es la mejor opción para acompañar un choripan por su carácter rústico y estilo tradicional como el Domingo Hermanos ($80), elaborado con uvas Cabernet Sauvignon y Malbec de Cafayate o algún tinto simple y suave al paladar, con buena acidez, cuerpo medio y lo suficientemente versátil como para mezclarlo con hielo o soda para refrescarlo.

<b>Milanesa con papas fritas</b>
Para la milanesa con papas fritas nada mejor que un tinto suave, frutado y sin grandes complejidades como el Bonarda o el Malbec con taninos dulces y la madera justa. Una buena elección es el Durigutti Bonarda ($64) por su estilo moderno e identidad varietal que combinan muy bien con la untuosidad de la carne gracias a su firme acidez y a la excelente madurez de las uvas.

<b>Pizza de muzzarella</b>
La pizza de muzzarella es mucho más rica acompañada de un rosado seco, joven y frutado como el Amalaya Rosado ($50) elaborado con uvas Malbec y Torrontés de Salta, ya que su fluidez y acidez equilibran el contrapeso del queso. Otra buena opción es la sidra tirada por su gran frescura y porque es bien distinta a la tradicional, tiene menos burbujas, es más fácil de beber y no es tan dulce.

<b>Hamburguesas</b>
Las hamburguesas se disfrutan doblemente con tintos de cuerpo medio y taninos incipientes que logren potenciar el sabor de la carne, dominar la grasa y los sabores fuertes, como el clásico San Felipe caramañola ($24) que se destaca por su simpleza, amplitud aromática y notas tostadas, además de refrescar el paladar y dejar una sensación de redondez y rico final de boca.

<b>Empanadas</b>
Lo ideal para acompañar empanadas de carne es un blanco fresco y preferentemente del año como un Torrontés riojano, por ejemplo el Santa Florentina ($22) por su buena intensidad de aromas y porque perdura mucho tiempo en el paladar, pero también otros varietales blancos, frutados y sin madera logran resaltar su sabor como un Chardonnay, un Semillón o incluso un Sauvignon Blanc.
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