
Mario Pergolini: ser creíble
Tiene 40 años recién cumplidos, y acaba de protagonizar un escándalo mediático a partir de una cámara oculta que realizó su productora. Ahora, más tranquilo, dice que aquello “fue un error”, que no está en los medios para educar a nadie y que, sin embargo, su mayor capital es decir la verdad y que le crean
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Ingresar en el edificio de la productora Cuatro Cabezas es una experiencia interesante. Una esquina del Bajo Belgrano muy moderna. En la entrada, esos molinetes de seguridad mezcla de subte y aeropuerto. Después, una especie de estación central a la hora pico. Son varios pisos: en la planta baja, hay gente que pasa apurada con cassettes en la mano, gente que va conversando, gente que espera frente a una pantalla de plasma inmensa, mirando sin ver. Gente que circula buscando una bebida.
Son todos tan parecidos! Nadie pasa los treinta años. Ninguno usa traje. Mucho jean con remeras, buzos. Y zapatillas. Alguna que otra chica con bota de taco. Pocas. Y el detalle: esos pantalones de tiro bajo con remera cortita y la panza al aire.
La entrevista está pautada para las cuatro. A las cuatro y tres minutos, Mario Pergolini está en su oficina. No tiene actitudes de divo frente a las notas. Tampoco da vueltas con los temas: les pone el pecho a las preguntas que lo incomodan, que le molestan, que lo irritan. Es más, su estrategia es letal: se adelanta y hace autocrítica antes de que una tenga tiempo de formular la pregunta. Si fuera una pelea, se podría decir que es una estrategia para paralizar al enemigo.
A partir del caso Alberto Ferriols –emitido por el programa Punto.Doc, que produce Cuatro Cabezas, propiedad de Diego Guebel y Mario Pergolini– volvió a dis cutirse la validez de la cámara oculta. El programa mostró al médico cirujano en su consultorio manteniendo contacto íntimo con un travesti. Algo que no parece un tema de interés público.
–¿Un equipo periodístico tiene algún sentido de la ética o "vale todo"?
–A veces uno defiende a ultranza todo lo que hace y después internamente se arreglan las cosas. No es mi caso. Sería un mentiroso si defendiera la cámara oculta. No me parece un arma clara de investigación, porque cuenta con el recurso de la edición. No soy una persona activa en el programa Punto Doc, pero salí a apoyar al equipo –menos a (Daniel) Tognetti– porque son gente trabajadora, muy coherente. En este caso, lo que queríamos demostrar no quedó claro.
–Me perdí. ¿Está bien o está mal lo que hicieron?
–Yo no tengo doble discurso: fue un error. Hago la autocrítica, y ojo que no pienso que los que me critican están equivocados, porque de hecho doy la cara por un programa con el que no tengo nada que ver.
–Sí tiene que ver, porque usted es un líder de opinión a quien admiran y respetan varias generaciones.
–Ser creíble es mi mayor capital. Por eso mismo digo que nos equivocamos, y sigo siendo creíble.
–Si esto mismo lo hubiesen hecho Chiche Gelblung, Mauro Viale o Jorge Rial, los hubieran crucificado...
–Bueno, hay que decir que a nosotros no nos crucificaron.
–Convengamos que usar tanta investigación para un personaje menor...
–Esa fue mi discusión interna: si nos hubiésemos ocupado de un político con un chanchullo...
–Pero hoy con los políticos nadie se mete. Se ocupan de un un hombre como Ferriols y de su mujer, que tienen dos nenas adoptadas y corren peligro de que lo ocurrido los complique con la Justicia.
–Es cierto. Con Beatriz (Salomón, la mujer de Ferriols) tuvimos una charla muy clara. Le dije que lo lamentaba, que el tema no era con ella. De hecho, no hay juicios de por medio.
–¿Qué le enseñó este episodio?
–Que tengo que tener control de todos los productos que hago. Pero fue una buena demostración para toda la empresa, incluso para los productores, para las segundas líneas. Lamentablemente, a mí me afecta directamente, he aparecido en todos los medios
–Sobre todo en los medios que usted respeta. Eso es lo que le debe doler más: la crítica de los que respeta. Digamos, del periodismo más "progre".
–Es cierto, y también los que aprovecharon para decirme: "Vos, que levantás tanto el dedito, los progre, cuando te pueden pegar el sopapo, te lo pegan".
–¿Punto Doc no hizo amarillismo "progre"?
(Piensa) –No, de ninguna manera. Se convirtió en amarillo por lo que generó. De todas formas, debería ser más precavido.
Pergolini tiene muchos años en los medios. Empezó a los 16 en Radio Belgrano. Siguió en Radio Continental, donde hizo Feedback, con Ari Paluch, y después pasó a la Rock&Pop.
Su programa Cuál es, en la mañana de la Rock&Pop, lleva doce años ininterrumpidos en el aire y va primero en las mediciones de audiencia, sumado a que los auspiciantes adaptan la publicidad al tono de la radio. Y que, según las encuestas, lo escuchan mujeres y varones, de entre dieciséis y cuarenta años.
–¿Qué aprendió de trabajar en los medios?
–He aprendido cómo se mueven las masas. Que son mucho más predecibles de lo que uno cree. Que la gente en comportamiento masivo, una vez que encontraste el tono del discurso, si lo mantenés, te sigue. De todos modos, en los 80 la gente en los recitales gritaba "se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar". En los 90, la época menemista, el discurso cambió, la gente cambió, el rock cambió. Apareció la bailanta, la música festiva. Después, el pos-De la Rúa...
–Pero aún permanece la consigna de los años 60: "Sexo, droga, rock and roll"; a pesar de que las cosas cambiaron con los años; apareció el sida, las drogas resultaron menos inofensivas de lo que parecían y el rock ya no es una religión.
–La ideología "sexo, droga, rock and roll" sigue siendo parte de la juventud y lo va a ser eternamente. Aunque esté diluida, porque ser joven sigue siendo ser un poco más arriesgado. Y el rock and roll es una filosofía; no creo que sea sólo música.
–No es una religión.
–El Quilmes Rock lo ha demostrado: los pibes siguen yendo como a misa.
–Usted ya no es un pibe y sabe que no es así.
–Yo lo sé ahora, que me siento al piano y toco tangos o jazz.
–Pensemos juntos: usted tuvo la posibilidad de conocer distintas músicas por su educación. Los chicos que lo siguen, ¿cómo se enteran de que existe algo más que el rock? ¿Saben que John Lennon sabía quién era Beethoven y Miles Davis, y que Charly García también lo sabe?
–Cuál es es primero en audiencia desde hace doce años y tiene los lunes a un filósofo, los jueves a un historiador y los miércoles a un médico. Pasamos a Frank Zappa, a Keith Jarret. Somos más amplios, menos cerrados. Pero en el fondo los oyentes quieren escuchar rock y las historias de sus héroes del rock.
–Hablemos de las drogas. En lo personal, le cuestiono que no sea más firme en su actitud: durante los programas hace chistes sobre el tema.
–No soy el padre de todos los chicos que nos escuchan.
–Pero influye más que los padres. Usted sabe que los adolescentes hacen lo contrario de lo que les dicen los padres...
–Opto por ser decente. Y hablar de esa manera es parte de mi decencia. No consumo nada desde el nacimiento de mi hijo, pero sería falso si en la Rock &Pop dijera otra cosa. Porque gran parte de la música que pasamos toca esos temas.
–Eso no es ser decente, es no tomar la responsabilidad del lugar que ocupa. Los chicos quieren ser como usted...
–En La TV ataca tomaba cerveza. Un día, un chico de 14 años me saluda y su padre dice: "Ahí está el que te enseña a tomar cerveza". Yo le respondo: "Qué pena que el parámetro no seas vos. Tenés que revisar algo, porque si el parámetro de la educación de tu hijo soy yo, algo no funciona". A mí no me pusieron donde estoy para educar a nadie.
Pergolini había dejado de fumar. Pero prende un cigarrillo con un encendedor estrafalario y saca un cuaderno: en una lista con horarios, anota ese nuevo cigarrillo. Cuenta que desde que murió uno de sus amigos fuma otra vez, pero anotando.
–¿Se reconoce como empresario?
–No me veo igual a los empresarios de mi mismo palo, no me visto igual que ellos. Lo que ellos entienden como logros, para mí no son logros; su vanidad pasa por otro lado. Me sigo viendo distinto, y eso me hace distinto para los chicos. En Marcelo Tinelli ven a un empresario.
–¿Por qué cree que a Tinelli lo ven así y a usted no?
–Porque tiene mucho que ver con el tipo de notas que dan ellos. Yo no digo que mis amigos son Adrián Suar, Nico Repetto, no me saco fotos con mis amigos. A mi mujer no la pueden identificar, ni siquiera saben cómo se llama. No necesito la vanidad de treinta puntos de rating. Para mí, el éxito es que Caiga esté en siete países.
–¿Y pasar de América a Canal 13 fue jugar en primera?
–Nosotros siempre entendimos cómo se manejan las marcas. Por eso no consumimos productos en nuestro programa. Hacemos pequeños comerciales, porque vendemos identificación. Estamos a una distancia prudencial de la imagen común del empresario. No ostentamos autos, no vamos a las fiestas glamorosas. Eso te construye desde otro lado.
–Hoy en día quienes manejan medios y empresas también son jóvenes. Suar tiene su edad o menos, Villarruel lo mismo, Juan Cruz Avila. Y tampoco parecen muy formales.
–De todas maneras, me siento distinto de la media general. Soy muy italiano, muy cabrón; me levanto indignado de las reuniones. Y no me visto distinto para ir a ver un auspiciante.
–Entonces, ¿por qué se pone un traje para CQC?
–Porque cuando empezamos venía de una época de pelo largo, de adelgazamiento, ojos saltones, y a mí la gente grande, antes de Caiga quien caiga, no me soportaba. Hay una frase de (Domingo) Cavallo que tengo guardada y dice: "Mis hijos nunca escucharían a este tipo". Resumía un poco de lo que la gente grande me decía en la calle, y yo pensé que si me cortaba el pelo y me ponía un traje, como la gente en un punto es tan falsa iba a terminar aceptándome. Así fue.
–Dígame Pergolini, ¿la aprobación de quién le interesa?
–De mi mujer y de Diego Guebel. Cuando llego a mi casa y mi mujer me mira mal, me quiero matar. En serio, me aniquila.
Hace quince años que Pergolini está casado con Dolores Galán. Tienen dos hijos: Tomás, de once años, y Matías, de seis. El se crió en una casa de clase media, con una madre que provenía de una familia de Barracas, un padre creador de coros, artista plástico y diseñador industrial. Mientras su mamá le hablaba de la ley de la calle, su papá le hacía leer El arte de amar, de Erich Fromm. El escuchaba a Gustav Mahler y a Berlioz. Ella, los tangos de Discépolo.
–¿Quién le contaba cuentos para dormir?
–Los dos. Mi papá es un gran lector. De chico me leían mucho. (Se ríe) A lo mejor no hacía falta tanto Eric Fromm.
–Y la ternura, las caricias, ¿quién se las enseñó?
–No soy muy así. A los 14 años me quería ir a vivir solo.
–¿Porque era un solitario independiente o porque estaba medio abandonado a su suerte?
–Estaba abandonado por decisión propia. Hablaba demasiado, contaba historias inventadas. No me concentraba... Por eso me mandaron al psicólogo.
–¿Quién le enseñó a lastimar con las palabras?
–Tengo mucha facilidad de palabra. Entendí muy rápido cómo enroscar la serpiente. Soy muy solitario, no soporto demasiado a la gente. Puedo hablar delante de quince mil personas, pero en la calle me siento mal. Tampoco me gusta aclarar lo que digo en la radio. No soy exactamente como soy en la radio.
–A qué se refiere...
–A que no soy como Néstor Ibarra, que es así, o como Héctor Larrea. Soy inmaduro, nefasto y malo.
–¿Es o se hace? ¿Por qué siempre se lo nota políticamente correcto?
–Es la edad. Pienso qué pueden escuchar mis hijos de mí. Con mis hijos de 6 y de 11 años me tuve que sentar para explicarles lo de la cámara oculta y el travesti.
–Se supone que usted es una persona con la cabeza abierta, y se supone que no juzga a alguien por salir con un travesti.
–La verdad, si no hubiese sido yo el afectado, estaría diciendo más o menos lo mismo que los demás.
–¿Qué imagen cree que tienen los otros de usted?
–No creo que parezca el tirabombas que era.
–No, en realidad parece oficialista... En política, es lo que se dice "un varón domado".
–No me importa lo que digan.
–Pero, ¿es o no es oficialista?
–Creo que hay menos cosas para criticarle a Kirchner que a Menem. En Caiga, la crítica hacia el menemismo era al folklore.
–Entonces está más oficialista...
–No, este gobierno nos deja menos espacio en donde meternos. Kirchner es el único que da la cara. Desaparecieron los Aldo Rico, los Patti.
–¿Cómo maneja usted su poder? ¿Cómo es como jefe?
–Cuando teníamos 20 años, con Guebel hicimos un decálogo con las cosas que no nos gustaban de los jefes. Hoy somos 340 y hay muy poca gente que renunció.
En un acto de fin de año su hijo Tomás tenía que hacer una representación. Y lo insólito del caso es que Tomás eligió un programa que le encanta: Videomatch.
–¿La pelea con Tinelli es un chiste para Videomatch?
–Sirve para ubicarme en un lugar. Por haber aclarado tanto mi lugar, terminé pegándole demasiado a él. A lo mejor, él me odia un poquito más.
–¿Por qué lo va a odiar, si es más exitoso que usted?
–Porque no me puede contestar. El número uno nunca tiene que discutir. Marcelo, institucionalmente, es el establishment. Cualquier persona a la que le gusta el poder y se relaciona con el poder es el establishment. Y reconozco que Ideas del Sur es una gran productora.
–El fue menemista cuando quiso y está cerca de Kirchner ahora. Siempre criticó a De la Rúa. Con Videomatch pasa como con Menem: nadie lo ve ni lo votó, pero tiene 30 puntos de rating. Ustedes, tranquilos, hicieron la campaña de De la Rúa.
–No, nosotros filmamos los comerciales como productora, pero era Ramiro Agulla quien hacía la campaña. Con él ya habíamos hecho varios comerciales. Además, no es poca cosa para una productora hacer treinta comerciales en dos meses.
De pronto, entra su socio, Diego Guebel: "Para defender a mi amigo de los ataques", dice un poco en chiste, un poco en serio. Y aclara que los cortos de De la Rúa los hicieron antes de que éste fuera presidente, no en pleno megacanje. Mario larga su carcajada. Es interesante, porque con interrupciones o comentarios no pierde el hilo de ningún tema. No se va por las ramas.
–¿Cómo es como marido?
–Tengo momentos, supongo. Debe de ser raro estar casada con alguien que sale por radio, televisión, revistas, diarios. Y cuyo apellido en sí hace pensar ciertas cosas. Ella como profesional no usa mi apellido.
–¿Es solitaria como usted?
–No somos muy sociables, creo que la eduqué en la insociabilidad. Tiene su mundo, donde la respetan profesionalmente, y entiendo que no vengan a mi casa. A vos te debe pasar lo mismo: somos las típicas personas que le arruinamos el cumpleaños a cualquiera. El del cumpleaños deja de ser el personaje cuando aparecemos. Ella preserva su propio entorno.
–¿Cómo se toman las decisiones cotidianas? Por ejemplo, ¿a qué colegio van los chicos?
–Ella es muy católica, formada en grupos de oración. Cuando hay un problema piensa primero en Dios. Respeto sus creencias: mis hijos fueron bautizados. Ahora estamos con el tema de la comunión. Yo creo en Dios, igual intento que mis hijos se permitan dudar. Estudié teología porque fui a El Salvador para seguir Comunicación Social. No terminé. Ahora voy a hacer un máster en tecnología digital.
–Si no recuerdo mal, en el 2000 dijo que iba a matar a CQC.
–Pensé que realmente se venía un cambio. Que al lado del menemismo cualquier cosa iba a ser aburrida. Y me di cuenta de que ese año no hubo humor político con nuestro estilo. Además, la crisis económica nos agarró mal parados y CQC es la nave insignia de esta empresa.
–¿En qué sentido?
–Es el programa que más factura en todo el país. Recaudamos más que los Roldán, y Caiga no necesita treinta puntos de rating porque los demás programas, al ser tan masivos, admiten productos para televidentes con menos recursos.
–¿El dinero es un tema?
–No me compro ropa. Vivo en una casa confortable, ni siquiera en un barrio caro. Nos hemos preocupado con mi mujer para que nuestros hijos no vayan a un colegio caro, para que puedan vivir en un barrio. Me voy de vacaciones a la costa argentina y no falto nunca a la radio, soy un obrero.
–¿O un adicto?
–Yo amo la radio; no digo lo mismo de la televisión
–Sin embargo, no pudo poner otra persona en su lugar y reciclar CQC.
–No podría ver a otro en CQC, porque me mato.
–¿Cuál es el momento de dejar de parecer un adolescente de 40 años?
–El momento hubiese sido el año pasado.
–Para terminar, ¿cuál es el peor insulto, el que le pega en la boca del estómago?
–Que me digan mentiroso.
Producción: J. Laurent
Para saber más
www.cuatrocabezas.com
www.fmrockandpop.com
Pergolini y los políticos
Lilita Carrió: “Quiere ser una política distinta, pero tiene muchos clichés de los viejos políticos, aunque me parece que tiene intenciones más claras que otros”.
Raúl Castells: “No me produce nada; tiene ambiciones políticas, pero también le creo que hace cosas por la gente. Me es confusa su imagen”.
Mauricio Macri: “Hace 8 años le dije que iba a serpresidente de la Nación; creo que sería un buen presidente”.
Ricardo Lopez Murphy: “No lo entiendo; su mérito es que no parece ladrón”.
Fernando de la Rua: “Es la desilusión más grande de la preparación intelectual de este país. Alguien que se prepara para ser algo y fracasa; creo que los radicales nos deben muchas explicaciones”.
Raúl Alfonsin: “Estuve enamorado de Alfonsín y hoy me da vergüenza”.
El imperio 4Cabezas
- Internacional: la empresa cuatrocabezas cuenta con dos filiales: Chile y España. Ambas producen programas y comerciales publicitarios.
- Radio: FM X4 106.7
- Internet: el portal tecnoló-gico datafull.com.
- Animación: 4Kartoon pro-duce el segmento QKRCHS (cucarachas) para CQC Argentina y CQC Chile, y cortos de animación en distintos formatos.
- Publicidad: para Unilever y, de Nokia, para Discovery Channel Miami, con difusión en toda América latina.
- En el aire actualmente: caiga quien caiga (fue nomina-do por cuarta vez a los premios Emmy), E24, punto.doc. Además, realiza producciones de reality shows y documenta-les para diferentes cadenas internacionales de televisión.






