
Matt Damon: retrato de un hombre feliz
El año que acaba de terminar fue uno de los mejores de su vida. En junio nació su primera hija, Isabella, fruto de su matrimonio con la argentina Luciana Bozán, y protagonizó dos películas importantes: Los infiltrados, dirigido por Martin Scorsese, y, a las órdenes de Robert De Niro, El buen pastor, que se estrena aquí el 15 de febrero
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Matt Damon ha tenido un 2006 muy movido. En junio, él y su esposa, la argentina Luciana Bozán, trajeron al mundo a una hija, Isabella. El film en cartel que Damon protagoniza –junto a Jack Nicholson y Leonardo DiCaprio–, Los infiltrados, dirigido por Martin Scorsese, ha sido un éxito de crítica, un éxito de taquilla y ha dado origen a muchos rumores de Oscar. Y el actor encabeza otro film de alto perfil, El buen pastor, un drama dirigido por Robert De Niro que acaba de estrenarse en los Estados Unidos (y se conocerá el 15 de febrero en la Argentina.)
"Sólo un año más", dice Damon riéndose, mientras se prepara para la conferencia de prensa, en Nueva York, que promociona El buen pastor. ¿Y cómo es para él ser papá?
"Algo grandioso –responde Damon–. Ha sido alucinante. En realidad, indescriptible. No sé cómo expresarlo, porque... siento que me convertí en miembro de un club que no sabía que existía. Es maravilloso, simplemente. Los otros siempre me mostraban las fotos de sus bebes, o intentaban darme el bebe para que lo sostuviera, y yo pensaba alejen esa maldita cosa de mí. No quiero tocarlo, déjenme en paz", dice con una sonrisa.
"Pero ahora lo entiendo, y lo disfruto. Al principio me asusté –admite el actor–, porque lo que me excitaba era pensar en mi hija a los dos años, viéndola empezar a hablar y a caminar y a andar por todas partes, pero no sabía que los bebes pudieran tener tanta personalidad desde el principio. Ha sido muy divertido."
Matt Damon, de 36 años, se casó en diciembre de 2005 en Nueva York con una diseñadora de interiores argentina, Luciana Bozán, de 30, divorciada y con una hija de 7 años, Alexia. Luciana usó el apellido Barroso durante su primer matrimonio. Damon y ella se conocieron dos años atrás, en Miami, donde Luciana era bartender y él filmaba Inseparablemente juntos, a las órdenes de Bobby y Peter Farrelly.
"Alexia prefería tener una hermanita, así que está muy contenta con Isabella", dice el actor, que ha sido un compañero inseparable de Luciana y de su hija mayor.
En los inicios de la CIA
En este momento, sin embargo, su pequeña hija no es el único bebe en la vida de Damon. Su otro retoño es nada más y nada menos que su última película, El buen pastor, protagonizada por Damon junto a Robert De Niro, que también la dirigió.
Aunque se han cambiado los nombres y los personajes de la vida real se han alterado y combinado para proteger tanto a los inocentes como a los culpables, el film examina en detalle la historia real de la fundación de la central de inteligencia norteamericana, más conocida como CIA. Damon encarna a Edward Wilson, un joven brillante, pero emocionalmente frío, que es llamado para servir a su país trabajando para la Oficina de Servicios Estratégicos, la agencia antecesora de la CIA durante la Segunda Guerra Mundial. Con el correr del tiempo, Wilson sacrifica casi todo, incluyendo la relación con su esposa (Angelina Jolie) y su hijo (Austin Williams y Eddie Redmayne) en nombre de impedir guerras y proteger a los Estados Unidos.
El director y coprotagonista De Niro le pidió a Damon, un joven carismático que habitualmente es un actor entusiasta y expansivo, que se refrenara. Lo más difícil, dice Damon, fue adecuarse a la distancia emocional del personaje, pero a la vez hacerlo lo suficientemente humano como para que el público estuviera dispuesto a verlo en la pantalla durante casi tres horas.
"Eso me ponía nervioso –dice Damon–, y creo que con otro director habría cedido a mi temor y exagerado un poco las cosas. La realidad es que De Niro sólo insistió en que hubiera todo el tiempo sutileza y absoluta honestidad emocional. Creo que algo de lo que he sido víctima en el pasado es que, como también soy escritor, miro cada escena, deconstruyo el guión y digo: Claro, esta escena está en el film por tal motivo. El público tiene que darse cuenta. Como escritor, uno tiene que hacer eso –agrega Damon–, pero como actor es algo mortal. No se puede pensar en esos términos, porque si no uno no para de poner caras y de dar señales, y se arruina el film porque el público no cree en lo que está viendo.
"Bob insistía todo el tiempo en un naturalismo y un realismo absolutos –continúa–. Es un estudioso del comportamiento humano. Nunca he visto a un actor famoso como él entrar en una habitación y hacer lo que hace, es decir, desaparecer. Desaparece absolutamente; se sienta allí y observa todo. Ve absolutamente todas las interacciones.
"Y su trabajo sigue siendo tan bueno... y él sigue siendo tan importante como artista... Se debe a que se sienta allí y todo el tiempo transmite comportamiento humano –afirma Damon–. Con frecuencia los actores se vuelven famosos y terminan haciendo imitaciones de sus propias actuaciones o imitaciones de lo que creen que la gente puede hacer en ciertas situaciones. Muy pocos se sientan allí y hacen esa clase de observación rigurosa necesaria para interpretar un personaje de manera sutil, llena de matices y verdadera."
De Niro usa ese mismo enfoque como director, dice Damon.
"Estábamos hablando y yo le decía: Bueno, ahora lo estoy escuchando a él, y me contestaba: No, ahora me estás escuchando a mí. No estás interpretando a nadie. Sólo tienes que escuchar lo que te estoy diciendo –cuenta Damon–. Y que alguien te dé permiso para hacer eso... Normalmente, un director te dice exactamente lo contrario, porque suele tener miedo de que el público no entienda, de que se confunda. Pero a Bob eso no le preocupa", explica Damon.
Una racha de éxitos
El 2006 estelar de Damon es en realidad la continuación de una impresionante racha de buena suerte y éxito. Ha trabajado sin parar desde el decisivo film El indomable Will Hunting (1997); por ese film fue nominado a un Oscar como mejor actor y él y Ben Affleck compartieron el Oscar al mejor guión original.
Desde entonces se lo ha visto en grandes éxitos, como Rescatando al soldado Ryan (1998), La gran estafa (2001) y El caso Bourne (2002), así como en películas no tan exitosas, como Dogma (1999), El talentoso señor Ripley (1999), Todos los caballos bellos (2000), Gerry (2002) y Syriana (2005). Y para demostrar que es capaz de sostener una serie de filmes, también protagonizó La supremacía de Bourne (2004) y el inminente El ultimátum de Bourne, tercera de la saga, que se estrenará este año.
"Los infiltrados nos sorprendió a todos, por lo bien hecha que está –comenta–. Y ahora éste, que es una suerte de épico, pero más difícil de vender, de conseguir un público masivo porque además de durar tres horas el protagonista de El buen pastor es duro: no estoy allí para despertar la simpatía del público. Es un personaje difícil, que me gusta."
Pero Damon, cuyos próximos filmes incluyen también el drama Margaret y La gran estafa 3, podría mantener su nivel de trabajo a largo plazo si continúa eligiendo sus trabajos sabiamente y mantiene el ego a raya.
"Espero que así sea –dice–. Siempre he sido muy cauteloso; esto no dura. Nunca he querido creérmela del todo, porque entonces uno se pone vago o empieza a hacer apuestas yendo a lo seguro o a tratar de cuidar el territorio, y todas son recetas para el desastre.
"Creo que es más sano considerarse alguien en permanente transición –concluye Damon–. Esa es la manera en la que la industria considera a sus actores. Somos commodities. No hay que creer que uno tiene un lugar seguro, porque las cosas no son así. No hay que dejar de demostrar a los financistas que la gente quiere seguir viéndonos en la pantalla porque, si no, nadie financia los filmes."
Fotos: gentileza Warner y UIP
(Traducción: Mirta Rosenberg)






