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La dieta antiinflamatoria trasciende la lógica de la pérdida de peso tradicional para instalarse como una propuesta de vida sostenible. Melisa Filippelli, licenciada en nutrición y especialista en el área, dijo a Foodit que esta alimentación busca crear un terreno biológico que favorezca el bienestar general del organismo.
La estructura actual de la dieta occidental, saturada de azúcares, harinas refinadas y productos procesados, genera un escenario proinflamatorio que se vincula directamente con diversas dolencias modernas. Entre ellas, la experta mencionó cuadros frecuentes como el acné o enfermedades crónicas de mayor impacto clínico.

Filippelli advierte sobre los peligros del consumo constante de alimentos con efecto proinflamatorio, dado su rápido impacto sobre los niveles de insulina. “En la actualidad, después del tabaco, la obesidad es el segundo factor de riesgo de padecer cáncer; y la obesidad y el cáncer comparten un mismo origen, que es su mecanismo inflamatorio”, asegura la profesional.
Frente a este panorama, la recomendación principal apunta a sustituir los productos ultraprocesados por opciones ricas en nutrientes protectores. “Una alimentación antiinflamatoria prioriza verduras, frutas, legumbres, pescado, semillas y aceite de oliva extra virgen”, afirmó Filippelli sobre la base de esta propuesta.

Estos grupos alimentarios aportan fibra, antioxidantes como polifenoles y vitaminas, además de grasas saludables esenciales, tales como los ácidos omega-3. Estos elementos permiten modular los marcadores de inflamación, proteger la salud cardiovascular y optimizar el funcionamiento de la microbiota intestinal. Para complementar este cambio, es fundamental prestar atención a las técnicas culinarias.
Métodos como el uso del vapor, el horno o el salteado corto reducen el impacto negativo de las preparaciones sobre el organismo. La clave reside en limitar el exceso de azúcares y grasas trans para obtener energía sostenida durante todo el día.
El lunes comenzará con una ensalada de atún y chía para sumar omega-3, mientras que el martes la opción será un bowl de quinoa y garbanzos.

El miércoles incorpora arroz integral con cúrcuma, el jueves el trigo burgol con espinacas y el viernes cierra con wraps de pollo y hummus.
La adopción de este hábito no representa un plan temporal, sino un cambio de enfoque integral para mejorar el estado de salud a largo plazo. La ciencia respalda la relación entre la ingesta de alimentos reales, sin procesar, y la reducción de la inflamación de bajo grado, lo cual favorece un mejor descanso y una piel más saludable.




