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Por José Montero
¿Cuántas pantallas tuvo tu infancia? La televisión, el cine, los videojuegos. ¿La computadora? Pasaron años hasta que transmitió una imagen de calidad aceptable. Por eso, mirar fotos 3D en este dispositivo analógico, lanzado al mercado en su versión primigenia en 1939, era un superprograma aún en los 80 y primeros 90. Había llegado a tu casa de la mano de un tío regalón, junto con unos discos de paisajes, vida salvaje y aviones. Con tu hermano tuvieron que romper las guindas durante meses para que les compraran otros contenidos. Así, pudiste ver a Snoopy y una aventura en la que Godzilla, fiel a su estilo, rompía todo. Cada historia venía repartida en tres discos y valía una fortuna. Los discos traían catorce diapositivas, pero en realidad formaban solo siete imágenes. Veías en simultáneo dos fotos distintas, una con cada ojo, lo que creaba la sensación de profundidad. El gran problema del View-Master era que podía disfrutarlo una persona por vez, y eso desataba batallas campales. Tu vieja lo decomisó el día que le pegaste el visor a tu hermano sobre la cara y le dejaste los ojos morados. El juguete desapareció, no existió más. Hace unos meses, leíste de casualidad que el View-Master será relanzado como equipo de realidad virtual y encontraste, en la casa familiar, después de un almuerzo de domingo, el viejo aparato. Instintivamente te lo llevaste a los ojos, pero una leve molestia te impidió ver las fotos con nitidez. A la mañana siguiente, tenías dos pelotas rojas en el rostro. Diagnóstico: conjuntivitis virósica. Meses de tratamiento. Todavía ves doble. Eso es karma.
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