
Metáfora
Puede ser vocera de nuestro inconsciente o astuta mensajera para quien no quiere oír
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Cuando dice sos la luz de mi vida, ese alguien le otorga al otro el don de ser el sol, el centro y motor espiritual de su energía vital. De más está decir que si le dice sos un burro, el comentario remite a la descalificación, tomando como ejemplo la fama de sin talento del pobre animal orejudo.
Para bien o mal, las metáforas nos ayudan a expresar lo que pensamos o sentimos, utilizando frases que pueden graficar o darle mayor impacto a nuestros dichos.
¿Qué metáforas o frases simbólicas forman parte de nuestro lenguaje cotidiano? ¿Hay alguna frase o refrán que solemos reiterar a menudo? ¿Qué queremos decir con eso que nos sirve de bastón en el discurso?
A través de la semejanza, con todos sus matices, las metáforas, en forma explícita o implícita, enaltecen o descalifican.
Identificada generalmente como recurso literario –su sonrisa de perlas, esa voz que acuna, tú me quieras blanca– las metáforas van más allá que la forma de decir blancura, calma, pureza.
Hay una literatura emocional de la vida cotidiana en la que necesitamos anclarnos en construcciones lingüísticas o figuras retóricas que hacen algo más que sintetizar la intención.
Muchas veces solemos decir en metáforas y, en verdad, estamos soltando al aire asociaciones libres que dicen mucho más de lo que queremos decir. Las metáforas pueden ser voceras de nuestro inconsciente, así como también astutas mensajeras para quien no quiere oír. ¿Qué me estarás queriendo decir?







