
Metrosexuales: ¿una nueva clase de hombres?
Viven en grandes metrópolis y son heterosexuales, pero no dudan en mostrar su costado femenino. Invierten horas en mejorar su aspecto físico, son refinados en sus gustos y muchas mujeres mueren por ellos. Radiografía de un fenómeno que desafía los ideales tradicionales de masculinidad
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NUEVA YORK.- ¿Cuál fue la primera pregunta que Maureen Dowd, la columnista estrella de The New York Times, le hizo a Arnold Schwarzenegger en cuanto fue elegido gobernador de California? No fue sobre los impuestos ni los inmigrantes ni la guerra en Irak o su política social. Dowd fue directamente al punto que le interesa a la gente. Y disparó: "¿Es usted un metrosexual?
Si hay una palabra que quedará eternamente asociada con el año 2003 es precisamente ésa: la que describe a un nuevo tipo de hombre, habitante de las grandes metrópolis (de allí su nombre) y masculino, pero que se apropió de ciertos hábitos de consumo que tradicionalmente se asociaban con las mujeres o los homosexuales. Los metrosexuales son sofisticados, saben de vinos, usan ropa cara, van a la manicura con regularidad y al spa. Compran cremas humectantes como antes compraban cervezas. No tienen pudor en usar brillantes en las orejas, aun para salir a correr. Tardan más que sus mujeres frente al espejo. Y si están en la playa, se envuelven en un pareo.
Si bien fue en Estados Unidos que los metrosexuales se con- € virtieron en la moda del año, a partir de un informe del gigante de la publicidad Euro RSCG, que examinaba las nuevas actitudes, deseos y ambiciones del hombre del siglo XXI y que fue reproducido a diestra y siniestra por todos los medios de comunicación, la palabra se originó en Gran Bretaña. En un artículo en The Observer, el periodista inglés Mark Simpson bautizó como metrosexual al nuevo hombre, fruto de la revolución en la vanidad masculina y de la libertad que le dio la nueva mujer, que ya no lo requiere en su tradicional papel de protector y proveedor.
De Gran Bretaña también salió el símbolo último de la metrosexualidad: David Beckham, el capitán del seleccionado. Marido y padre ejemplar en la casa, y aguerrido delantero en la cancha, nadie pone en duda su sexualidad. Al mismo tiempo usa las uñas esmaltadas, pareos, posa como modelo para la tapa de revistas gay, se hace trencitas en el pelo y aun al ser condecorado por la reina no se sacó los aros de diamante que lo acompañan en la cancha.
Otras celebridades metrosexuales: Ben Affleck, que dejó su look de chico de barrio con barbita alternativa para convertirse nada menos que en el vocero de la compañía de cosméticos Revlon (que por primera vez contrata a un hombre); Ewan McGregor, que aprovecha su nacionalidad escocesa para posar en pollera mientras las mujeres suspiran; o el nadador australiano Ian Torpe (Torpedo), que acaba de lanzar su línea de perlas para hombres, que combinan con el slip de turno. Y siguen las firmas: Pierce Brosnan, Justin Timberlake, George Clooney, y más.
Es que, justamente, los metrosexuales son el sueño de los marketineros, un nuevo nicho altamente consumista en el que es considerado el mercado más difícil: el de los varones heterosexuales.
Cualquier antropólogo amateur puede entretenerse buscándolos en el shopping, donde los nuevos productos para hombres jóvenes son incontables, desde sistemas novedosos para teñirse el pelo y que no se note hasta desodorantes masculinos para todo el cuerpo. O en las salas de espera de los cirujanos: según datos de la Sociedad Norteamericana de Cirugía Plástica y Estética, entre 1997 y 2002, en los Estados Unidos se triplicó la cantidad de cirugías plásticas realizadas a pacientes varones. Un total de 807.000 hombres se retocaron por lo menos una parte de su cuerpo con fines plásticos/estéticos.
"Los metrosexuales están encontrando el coraje de entrar en el territorio femenino sin el temor de perder su status de hombre de verdad", explica Marian Slazman, la jefa de estrategia detrás del informe de Euro RSCG. Porque si bien hombres sensibles o new age hay hace rato, éstos son los primeros a los que no les preocupa que su sensibilidad los haga parecer gays.
Tanto que el programa de televisión metrosexual por excelencia -y que acaba de estrenarse en la Argentina- es la serie Queer Eye for the Straight Guy, en la que los fabulosos cinco (especialistas en cuidado personal, ropa, decoración, modales, cultura general y cocina, todos ellos abiertamente gay) instruyen a heterosexuales feos y desprolijos en las artes de lucir sofisticados como ellos… pero para deleitar a las chicas.
Y ni que hablar de la manera en que los metrosexuales están revolucionando el mercado editorial: "De pronto hay decenas de revistas dedicadas a los hombres y su cuerpo y todas tienen la misma fórmula: luzca bien, consiga más sexo, consiga más mujeres", explica Roberto Olivardia, psicólogo de Harvard.
Olivardia es coautor de El complejo de Adonis; los secretos de la obsesión masculina por el cuerpo, donde señala un aumento de los hombres con desórdenes en su imagen. Y como las revistas unen el lucir bien con el ser aceptado, los hombres se están volviendo cada vez más conscientes de su cuerpo y gastando más en él.
¿Por qué aparecieron aquí y ahora? Naturalmente hay una mezcla de factores, pero según Slazman, los ideales de masculinidad tradicional recibieron un duro golpe con los atentados del 11 de septiembre, que les mostraron a los hombres su indefensión. Y que el héroe de la guerra de Irak sobre el cual se están haciendo todas las películas haya sido la soldado Jessica Lynch tampoco ayudó particularmente a rescatarlos. Además, el grupo de varones que ahora tienen entre 15 y 25 años (quienes determinan los patrones de consumo que emulan los mayores) fueron en su mayoría criados por mujeres que trabajaban y ven como algo natural el cambio de roles entre los sexos.
Y las mujeres, ¿qué opinan?
Para algunas, el metrosexual es la reencarnación de la historia de Frankenstein: la horrible criatura que fue creada por sus excesos y que no tiene nada de atractivo. Otras están encantadas. Los metrosexuales no sólo son increíblemente sexy y seguros de sí mismos, sino que hasta se los puede mandar a elegir las sábanas y sabrán cuáles tienen la textura correcta y hacen juego con el ambiente.
Si no, pregúntele a Arnold: atrás quedaron los fierros. Además de la política, su nuevo pasatiempo es el shopping. Con su piel perfecta, pelo con brushing y uñas retocadas, aseguró que hasta es él el que le elige la ropa a su mujer, María Shriver.
"Yo le elijo los vestidos y cada accesorio. Me gusta." Si Terminator lo dice…
Para saber más: www.espanol.lavox.yahoo.net
observer.guardian.co.uk
Machos
Viven: en las grandes metrópolis. Se nutren del ambiente sofisticado de sitios como Londres o Nueva York.
Usan: ropa cara, aros, pulseras, pareos, cremas, uñas esmaltadas.
Acostumbran: preocuparse mucho por su aspecto exterior, ser muy prolijos y estar a la moda.
Se definen: como bien masculinos, amantes de la vida sana y sin prejuicios a la hora de mostrar su costado femenino.
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