
Antonio Birabent: en busca del perfecto equilibrio
El actor y cantautor reconoce que la tecnología en su vida está asociada al trabajo y que la evolución digital democratizó la música; para él, la clave está en saber convivir con ella sin perder el contacto humano
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Cuando me levanto por la mañana lo primero que hago es encender la computadora. No me siento orgulloso de eso, porque cuando no tengo una computadora cerca o estoy en un lugar más campestre lo primero que hago es tomarme un mate y tocar la guitarra." Eso dice Antonio Birabent, hijo del emblemático Moris, de quien heredó su amor por la música. De verborragia medida, casi precisa, difícilmente las palabras de Antonio resulten superfluas; por el contrario, suelen ser barriletes en busca de respuestas que lo llevan, tal como decía una vieja canción suya, a inundarse de preguntas la cabeza.
"Me gusta deliberar cómo usa uno a la tecnología y preguntarme: ¿la usás o te usa? Mi viejo tiene una frase buenísima: Desde que apareció la electricidad, que nadie diga que no usa la tecnología. Para no usarla tenés que ser un monje tibetano. La tecnología es parte de nuestra vida, la clave es cómo convivís con ella y cuánto poder le das. Y cuánto poder te reservás para decir no. Cuando estoy con mi hijo (Oliverio, de 2 años y 8 meses), apago el teléfono. Intento que no nos interrumpa nadie."
El uso de la tecnología en la vida de Antonio está muy asociado al trabajo. "No dejo de ser presidente y cadete de una empresa chica autogestionada, y la tecnología me ayuda mucho. Desde el 95 comencé a grabar discos en lugares no tradicionales. Hace 18 años que grabo como quiero y donde quiero, con estudios portátiles. No hay duda de que la tecnología democratizó a la música."
P: Además de la realización, Internet se transformó en un medio fundamental para la difusión de las artes y de la música en particular. A Cambalache (2012), por ejemplo, lo difundiste enteramente de esta manera y ahora con Lápiz, papel y guitarra (disco que editará el mes próximo) apostaste por el crowdfunding (los seguidores del artista bancan la producción, grabación y edición invirtiendo una pequeña suma de dinero) también a través de la Red.
R: Es muy interesante lo que puede generarse y aún más lo que ocurre con Lápiz, papel y guitarra. Si bien sigue siendo una actividad gestionada desde la independencia, hay una convocatoria a que las personas se asocien económicamente y reciban a cambio algunas cosas. Es conmovedor y hermoso, es una demostración de confianza. Hace mucho que digo que comprar un disco es un acto de amor. Hoy no hay necesidad de hacerlo. El que decide comprarlo es un corazón noble y el financiamiento colectivo de alguna manera lo profundiza. El que colabora con nosotros recibe mucho más que el disco. En este sentido, la tecnología te ofrece un camino de libertad y autogestión muy valioso y el contacto a través de las redes no tiene límites.
Asegura que fue uno de los primeros entre su grupo de amigos en tener e-mail. "Fue por el 96. Mis amigos, que hoy son los reyes de la tecnología, me preguntaban si valía la pena. Cuando se los recuerdo, me miran sorprendido: ¿Yo te dije eso? Era extraordinario. Cada vez que me conectaba aparecía ese extraño ruido (prrr..., simula el sonido). De esto no hace más de 15 años y parece que te hablo de la era de los Picapiedras. Todo está yendo demasiado rápido; a veces prefiero bajarme y caminar un poco más lento."
Del bolsillo del pantalón, Antonio deja ver su celular. Parece de la prehistoria. Es consciente de ello. Se ríe y me lo muestra. "Lo tengo hace más de ocho años. Hasta tiene la pantalla rota." Lo exhibe como si se tratase de un trofeo de guerra. "Llevo adelante una lucha –reconoce–. Me gustaría tener un celu con cámara para sacarle fotos a Oliverio, pero reconozco que tengo una personalidad muy adictiva. Si recibiera los e-mails por acá me la pasaría trabajando. De hecho muchos piensan que contesto desde mi celular por la velocidad en que lo hago. Es una batalla que libro internamente porque reconozco esta adicción, esa necesidad de responder. Cuando recibo un correo es raro que no te responda enseguida, muy raro. Esta lucha me pone en extremos. Porque cuando no estoy conectado me siento una persona más libre y feliz. Lo importante es encontrar ese equilibro y no perder la esencia humana. Cuando noto que la tecnología pasa por encima de ella me enoja."
¿Qué te enoja?
Ver pibes por la calle con un dedo en una pantalla y dos ojos en esa misma pantalla, sin mirar nada de lo que tienen alrededor. Muchas veces me permito la ironía, sobre todo con las mujeres. Cuando me cruzo con ellas me animo a decirles te vas a tropezar (y la sonrisa se le dibuja en la cara). Entiendo que es un camino sin retorno, pero a ese camino hay muchas formas de andarlo.
¿De qué forma?
Prefiero hacer uso de la tecnología desde un lado artístico, personal o fragmentario, porque si no pareciera que todo tiene que ver con pertenecer a este mundo conectado y no todo es así. Creo que las computadoras deberían venir con una restricción horaria.
¿Cómo sería?
Pensándolo bien, los aparatitos también tendrían que incluir una restricción horaria. Hay momentos para estar conectados y otros que no. Esto hablaría bien de las empresas, que ellas mismas te pongan un límite.
¿Crees que es una cuestión generacional?
No, no lo creo. Me parece que si muchos pibes de 15, 20 años tuvieran otra posibilidad, la de disfrutar de caminar bajo el sol y charlar con un amigo en vez de estar encerrado con los jueguitos, la aprovecharían. Es lo que voy a intentar transmitirle a Oliverio. Sé que va a crecer en un mundo donde la tecnología cada vez va a ser más importante, y es un desafío. En casa cuando quiere ver un dibujito lo hace en la computadora, porque no somos los que tienen la televisión encendida como fondo sonoro. Eso no existe. Cuando comience a reclamar mayor uso veré qué hago.
En Internet Junkie, film que protagonizás, el director, Alexander Katzowicz, profundiza en la obsesión incontrolada y persistente que muchas personas tienen por las tecnologías.
Él habla –y fue una de las razones por la que acepté participar de la película– de esa supuesta comodidad que nos hace olvidar del calor humano, del contacto con el otro. Si bien reconozco las bondades del mundo atravesado por Internet, también soy un fundamentalista de la pelea contra la red, porque hay cuestiones humanas que se están perdiendo y esto tiene que ver con el mal uso y con el abuso. Soy de los que siguen prefiriendo el contacto sanguíneo corporal.
En tus tiempos de relax, ¿qué lugar ocupa la tecnología?
La tengo tan asociada al trabajo que mi lugar de placer es bien primario, como tomar mate en la cama y tocar la guitarra. Me gusta la idea de lo básico, de las pequeñas cotidianidades, como la de caminar, estar con mi hijo, mirar lo que ocurre a mi alrededor. Reconozco ser muy concreto con el uso de la tecnología. No soy alguien que se engancha con los jueguitos. Nunca me llamo la atención. Me cuesta ver a tipos grandes metidos en eso. Me sorprendo cuando me encuentro con un amigo que para pasar el tiempo se pone a jugar con el teléfono.
¿Qué hacés para matar el tiempo?
Prefiero mirar a las chicas que pasan. Pensar en algo. No es mejor ni peor. Tiene que ver con las miradas, sería cínico si dijera que me parece mal lo que otros hacen, cuando tengo mucha relación con la tecnología, pero lo hago desde otro lugar.
Imagino que usás Skype para conectarte con los tuyos cuando pasás tiempo afuera.
Sí, es una ventaja para mantenerte en contacto con los otros. Ahora que lo pienso, recuerdo que en el 93 (pareciera que te hablo del siglo XIX) mantenía contacto desde España con una novia vía fax. Todas las noches iba a la recepción del hotel a buscar su carta. El papel satinado venía con su letra. Hasta hace muy poco era complicado hablar por teléfono con un lugar lejano. No quisiera volver a la edad de piedra, pero me gusta conservar en la memoria imágenes muy recientes que hoy parecen muy lejanas y que tienen que ver con la humanidad, con la conexión entre las personas desde el costado más humano.
Artista completo
Hijo del mítico músico Moris y de Inés González Fraga (además de su mamá, es su manager). El actor, músico y cantautor Antonio Birabent nació el 3 de enero de 1969.
Está en pareja con la modelo, actriz y conductora Cecilia Peckaitis. El 11 de diciembre (el mismo día del nacimiento de Carlos Gardel y Julio De Caro) de 2011 fueron padres de Oliverio, nombre en honor a su admiración por el poeta Oliverio Girondo.
En televisión Actuó en Verdad consecuencia, Por ese palpitar, Epitafios, Locas de amor, Mujeres asesinas y Para vestir santos, entre otros. Acaba de participar en la nueva serie de Underground. Se trata de La celebración.
En cine Marcelo Piñeyro lo convocó para hacer su debut con Tango Feroz, donde además tocaba una canción de su padre. Otros films: El impostor, ¿Sabés nadar?, Pequeños milagros y 555. En octubre de este año estrenará Sola contigo, de Alberto Lecchi. En 2014 se conocerá la película coral Internet Junkie, de Alexander Katzowicz.
En teatro Protagonizó junto a Gloria Carrá Qué será de ti, un musical con dirección de Javier Daulte.
Grabó Todo este tiempo, su primer disco, en 1993. Tiene catorce álbumes como solistas, sin contar Familia canción (2011), junto a su padre, ni Cambalache (2012), que lanzó en formato digital. El mes próximo se conocerá Lápiz, papel y guitarra. El nombre del disco se lo debe a Oliverio, que definió así el trabajo de su papá. La tapa del disco es un collage realizado por José, su hermano. ( www.ultrapop.com.ar )
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